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Crítica de 'La cronología del agua', el debut de Kristen Stewart como directora

Imogen Poots encabeza este relato sobre Lidia Yuknavitch, una cinta independiente que huye de convencionalismos para retratar traumas y superación.

Imogen Poots encabeza este relato sobre Lidia Yuknavitch, una cinta independiente que huye de convencionalismos para retratar traumas y superación.
La cronología del agua | Sideral

Si La cronología del agua, largometraje de debut de la actriz Kristen Stewart como directora, hubiera sido una convencional y plana película biográfica (sobre la escritora y nadadora Lidia Yuknavitch, interpretada por Imogen Poots) de esas que tanto abundan, podríamos haberla criticado por no correr riesgo alguno. Pero el film, en su apuesta por el drama adulto y retratar las interioridades del personaje, se tira a la piscina —y perdón por el chiste— en más de uno y de dos aspectos. El primero y más evidente, la voluntad de Stewart de rodar en película física, con planos elusivos y borrosos, para, ya saben, remarcar que estamos ante una producción independiente, atrevida y diferente.

Y, pese a la evidente desfachatez de algunos momentos, del exceso de síndrome de Juana de Arco de los últimos tiempos (del que Stewart tiene poca o ninguna culpa) hay uun arrojo y genuino atrevimiento en La cronología del agua que, aunque venga de la ingenuidad, al final genera una conexión con el largometraje.

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Stewart y Poots rodando La cronología del agua | Archivo

Yuknavitch, víctima de abusos sexuales por su padre, pasó por un infierno de drogas y alcohol antes de canalizar a través del arte su terrible biografía, y es en esa apuesta y búsqueda comprometida por su propia voz, incluso al precio de equivocarse, donde Stewart puede reconocerse claramente. La fascinación mórbida y extrañamente sensual, pero evidentemente despojada de un punto de vista masculino, de los acontecimientos de la vida de Yuknavitch se canaliza a través de imágenes impresionistas y una interpretación de Imogen Poots de incuestionable crudeza e interés en una película que no participa de frases hechas y eslóganes.

La cronología del agua, insoportable en sus pretensiones como puede llegar a ser, se esfuerza sobremanera en crear una intimidad con el personaje a través de la estética, de la imagen, dispuesta aquí no a repasar cronológicamente una serie de acontecimientos importantes sino un estado mental, un recuerdo, una imprecisa alegoría, recorriendo y quemando etapas vitales a su manera. Si esa voluntad fuera la única que importara, Kristen Stewart habría logrado una excelente película. El resultado es, al final, más encomiable que redondo, más estimulante que logrado. Pero hay algo en la sensualidad mórbida del film, su respeto al personaje titular y la citada presencia de Poots (y ojo, a un fugaz pero excelente James Belushi) que rema a favor de La cronología del agua.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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