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Gonzálo Suárez, Goya de Honor entre la literatura, el periodismo y el cine

La Academia reconoce seis décadas de creación. Recogerá la distinción el 28 de febrero en Barcelona tras renovar las artes con su mirada ecléctica.

La Academia reconoce seis décadas de creación. Recogerá la distinción el 28 de febrero en Barcelona tras renovar las artes con su mirada ecléctica.
Gonzalo Suárez | Cordon Press

La Academia del Cine Español premia a Gonzalo Suárez con el Goya de Honor, que le entregarán el próximo día 28 de este desapacible febrero en Barcelona. La institución indica que lo reconoce "por ser un hombre clave en la cultura española de los últimos sesenta años. Un galardón por una trayectoria desde la que ha desarrollado una filmografía sorprendente en la que ha experimentado con todos los géneros y desde todas las actitudes".

Últimamente se ha dedicado a otras actividades. Deja atrás una filmografía interesante y variada. Su último estreno data de 2021, Alas de tiniebla, que contó en el reparto con Ana Álvarez y dos de sus actores fetiche: José Sacristán y Charo López.

Dado que hace cerca de cinco años que no está detrás de una cámara, ha dicho, cuando se enteró de que lo habían premiado con el Goya de Honor: "Me gustaría volver a decir "acción" y "corten", porque el cine es acción, inteligencia, sentido del humor".

La relación con su padrastro

Salvo alguna excepción, no ha vuelto a ver ninguna de sus películas. Y dice esto: "Si volviera a empezar, haría lo mismo: "inventar" el cine, o tratar de "inventarlo".

Fue hace noventa y un años cuando nació en Oviedo. "De pequeño desarrollé mi interés por la Literatura gracias a la biblioteca de mi padre. Me dio por escribir cuentos". Recordaba cuando fue a la facultad de Filosofía y Letras hacia 1951 y se hizo muy amigo de su condiscípulo, el poeta Claudio Rodríguez. Y en sus aulas experimentó su interés por el teatro del absurdo, influido por lecturas de Chéjov, Anouilh, Casona (exiliado asturiano desde la guerra civil), y sobre todo por Shakespeare. Hamlet era su obra favorita, junto a El idiota, de Dostoieski. "Trabajé como actor, con mi voz resonante, en La tempestad de Shakespeare, en Medea, de Eurípides.Y hasta hice de borracho un día en el teatro María Guerrero, de Madrid, en un drama de William Saroyan, El momento de tu vida. En aquella compañía estaba Fernando Guillén".

Después de cumplir con el obligado servicio militar se fue a París, sin ningún objetivo concreto. Simplemente, decía que estaba harto de la situación española. Y allí, aunque hablaba francés correctamente, tuvo que trabajar instalando puestos de gasolina, enroscando tuberías, lo que le sucedía levantándose cuando aún no había salido el sol. Fue también vigilante de niños en una escuela de verano, en esa rueda de oficios, obligado para poder acceder mínimamente a una comida y a una cena. Todo sea por la bohemia y la libertad. Hasta se dice que probó a ser pintor; de lienzos, no de brocha gorda, que a lo peor no le hubiera importado.

Durante su estancia en París se enamoró de Hélène Girard. Relación que no aprobaba la familia de ella. El modo de vida del español no les ofrecía garantía alguna. La solución de Gonzalo Suárez fue la de fugarse con ella. Gonzalo sería padre de cuatro hijos. La pareja se fue a Barcelona. La búsqueda de trabajo le resultó difícil. En "Muebles La Fábrica" estuvo a punto de entrar, no sabemos en qué puesto, pero tenía que llevar un clavel en la solapa, extraña, estúpida obligación diría yo, quizás para ser identificado entre el personal. Y eso, a Gonzalo debió parecerle una mariconada.

Dio en acudir a la editorial Luis de Caralt, entonces muy modesta, en la que Gonzalo ofició de jefe de publicidad y de chico de los recados. Pero le pagaban tres mil pesetas al mes, lo que le permitió junto a su mujer, que estaba embarazada de su primera hija, Anne, poder pagarse una pensión completa, con derecho a dormir y a comer y cenar.

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Gonzalo Suárez | C. Jordá

Nada ocioso, siempre en busca de alguna aventura que pudiera proporcionarle una vida mejor, encontró otro medio de ir pasando la vida, escribiendo crónicas de fútbol y entrevistas en el diario deportivo "Dicen" y luego en "El Noticiero Universal" de Barcelona. Una de sus primeras interviús se la hizo a Helenio Herrera, un entrenador de moda que había impuesto métodos tácticos nuevos en los terrenos de juego. Resulta que era padrastro de Gonzalo. Los padres de éste se habían separado en la postguerra, pues medió en la pareja un caballero rico que tenía coche. Gonzalo no aprobaría nunca esa relación y para él resultó como una venganza con aquel sujeto llamado Sixto, cuando su madre se casó después con Helenio.

Aquellos trabajos periodísticos los firmaba Gonzalo bajo el seudónimo de Martín Girard, sirviéndose del apellido de su mujer. El estilo que utilizaba tenía un toque literario, fruto de sus muchas lecturas. Y porque escribir siempre le había gustado desde su paso por la Universidad. El resultado fue que muchos aficionados al fútbol gozaban con las originales colaboraciones de Gonzalo Suárez. Quien, relacionado ya, por el parentesco, con Helenio Herrera pasó a convertirse en su mano derecha, facilitándole datos técnicos y datos, que el entrenador del Inter de Milan y del Atlético de Madrid utilizó en sus planteamientos en los vestuarios. Dos años contemporizó laboralmente con su padrastro. Ocupaba el palco del equipo rojiblanco, contento porque fue campeón los dos años que Helenio era su "míster". Gonzalo lo retrataba así: "Sus obsesiones eran dos, el fútbol y el dinero. Un avaro".

Cómo llegó al cine

Sus contactos gracias a la vinculación con el famoso entrenador y seleccionador de fútbol fueron variados y uno de ellos le sirvió a Gonzalo Suárez para acabar rodando sus primeras películas. Se trataba de Angelo Moratti, muy amigo de Helenio Herrera, padre del que luego sería dueño del Inter. Por razones que desconocemos, este señor pagó las primeras películas de Gonzalo Suárez. Lo chusco en esta historia es que éste no sabía nada del invento de los hermanos Lumiére, como él mismo acabó reconociendo. Podrá creerse que estamos contando una fantasía, sin atisbos de la mínima realidad. Pero así lo contó Gonzalo y lo inventara o no, de aquel encuentro con el mentado Angelo Moratti surgió la oportunidad para que nuestro ilustre asturiano acabara siendo guionista, director y productor de una treintena de películas.

Entremedias, sus libros

Convengamos que la vida de Gonzalo Suárez parece la de uno de sus guiones y relatos. Nada hay convencional en él. Mejor transcribir lo que opinó un día en la revista "Fotogramas": "Escribir es mi condena. No sé hacer otra cosa, pero por mi afición a la literatura de aventuras, mi obsesión ha sido acercarme a ser ese explorador que experimenta la vida y el cine de ese paso sobre la literatura".

Veintitantos títulos se reúnen en su bibliografía. Publicó "De cuerpo presente", reuniendo allí una selección de sus entrevistas. Y después, novelas y cuentos. De aquellos libros, probablemente el que más ruido produjo, por decirlo de alguna manera, fue el que mucho más tarde de aquellos años barceloneses, apareció en las librerías: "Operación doble dos", referida a una supuesta trama para asesinar a Franco.

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Gonzalo Suárez | C. Jordá

Frecuentaba personajes de la llamada "gauche divine" de los primeros años 60, cuando Barcelona, por albergar las principales editoriales, se erigió en foco cultural de la vida española. Gracias a su bonhomía, a su facilidad para intimar con toda clase de gente, Gonzalo Suárez, que ya no vivía en pensiones sino en una casa, aunque fuera de alquiler, se ufanaba para sí mismo como anfitrión de García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar y otras personalidades que aglutinaron lo que se llamó "el boom hispanoamericano". Además, también podía jactarse de mantener periódica correspondencia con Vicente Aleixandre.

Eduardo Mendoza, otro conocedor de esos años, brillante escritor en el presente, escribió lo que sigue acerca de Gonzalo Suárez: "Tenía una formación sólida en varios campos, una inquietud intelectual permanente, una ávida curiosidad por lo cotidiano, y una despreocupación que le permitía encajar efemérides triviales en moldes clásicos y viceversa".

El poeta, ensayista prestigioso Pere Ginferrer, dejó este comentario: "Muerto Luis Martín-Santos e inactivo Sánchez Ferlosio, si la joven narrativa ha de darnos un maestro, quizá sea este Gonzalo Suárez".

No se quedó corto en elogios Julio Cortázar, quien refiriéndose a su amigo Gonzalo expresó lo que sigue: "Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la literatura… Intelectual con actitud tránsfuga y casi de fantasma que inquieta y enoja a críticos amantes del orden, los géneros y las etiquetas".

Al margen de sus libros, cuanto publicó en la prensa escrita respondía, como si fuera un adelantado, a lo que luego se llamó en los Estados Unidos" New journalism"; el nuevo periodismo que introdujo Tom Wolfe y otros seguidores.

Filmografía inclasificable

Y llegó el momento de escribir el guion de su primera película, "Ditirambo", de 1967, donde hizo de "Juan Palomo": es decir, también fue director y actor. Contaba allí, introducido en la llamada Escuela de Barcelona, movimiento cinematográfico, los vericuetos por los que transita un periodista-detective, apellidado como el título del filme que en general no fue bien comprendido por el público. La crítica, se dividió y tampoco puede decirse que le fuera favorable.

Como no vamos a comentar toda su filmografía, que abarca una treintena de títulos, nos ceñiremos a algunas de las más representativas, caso de "Morbo", de 1972 , que llevó al cantante, paisano de Gonzalo, a hacer sus primeras armas como actor, que no era lo suyo como él mismo reconoció, amparado a su lado por quien después sería su mujer, Ana Belén. Era una inquietante historia de amor y obsesiones de una pareja de recién casados, instalados en una "roulotte", cuya luna de miel transcurría en un bosque. Éxito comercial pese a la reacción negativa de los críticos. En algunas de sus cintas, Suárez contó con actores extranjeros, en esta ocasión con Michael J. Pollard. Y con la misma pareja anterior, Ana y Víctor, que interpretaron un ramillete de canciones, Gonzalo urdió con Antonio Drive un guion poco convincente en taquilla, rodado eso sí en espléndidos exteriores de Asturias.

Para un asturiano como él, La Regenta era una novela de "Clarín" que le significaba un reto para llevarla a la pantalla en 1974. Los resultados no fueron óptimos, en buena parte porque la protagonista, Emma Penella, ya no estaba en edad de ser la heroína de la historia. Sí que brilló en su papel de criada Charo López, que ya dijimos era actriz fetiche de Suárez. Keith Baxter y Nigel Davenport completaron un reparto internacional. Ese mismo año, el director que nos ocupa hizo doblete con "La loba y la paloma". Por cierto, estuve en el rodaje, en los alrededores asturianos de Villaviciosa, entrevistando a sus protagonistas: Carmen Sevilla, Donald Pleasence, el enano de inteligencia superior Michael Dunn, quienes participaron en este filme de aventuras que, pese a ese reparto, apenas tuvo distribución. Dos años después, nuevo rodaje para Suárez: "Beatriz", donde adaptó junto a Santiago Moncada una novela de Valle-Inclán, donde destacaban las bellezas de Carmen Sevilla, Nadiuska y la malograda Sandra Mozarowsky. Algún crítico, como Carlos Aguilar, dio en clasificarla como película maldita, en aquel 1976. Al año siguiente, "Reina Zanahoria" tuvo mejores resultados, sobre todo por parte de los comentaristas cinematográficos. Contó con José Sacristán, ya en papeles ajenos a su época de "paletos", el debut de la argentina Marilina Ross, Fernán-Gómez, siempre eficaz, con una banda sonora a cargo del acreditado Luis de Pablo. En ese mismo 1977, Gonzalo volvió otra vez a su querida tierra asturiana presentando una sórdida historia de mineros corriéndose una gran juerga. El reparto no pudo ser mejor: de nuevo Sacristán, Fernán-Gómez, José Luis Gómez y Antonio Ferrandis. En el guion colaboró el gran escritor Eduardo Blanco Amor.

Por esos años, finales de los 70 y comienzos de los 80, hizo amistad con el controvertido Sam Peckimpah, aquel renovador de los "westerns" a base de secuencias en las que la sangre corría en cada fotograma. Trabajaron en un guion basado en la novela Operación doble 2, aquella donde el autor imaginaba un atentado mortal contra el Jefe del Estado. Pero no pudo rodarse, aunque ese guion apareció en las páginas de la revista "Viridiana", el número 12. Y en esa faceta de guionista, Suárez participó en "La colmena", aunque su nombre no apareció en los títulos de crédito. No sabemos si porque su colaboración fue o no breve.

Gonzalo Suárez era un luchador tenaz con su cine, a veces de difícil comprensión para un espectador medio. Un cine muy personal. Alguna vez, con cierto delirio, dijo que trató alguna vez de hacer una película sin guion previo. La crítica siempre fue severa con él. Cinco años transcurrieron desde su anterior película, reapareciendo con Epílogo en 1983, en la ficción con dos escritores, interpretados por Francisco Rabal y José Sacristán, enamorados de una misma mujer, enfrentados por ello, que respondían a los nombres de Rocabruno y Ditirambo. Ella era Charo López, como siempre, espléndida. Para financiar esta película, Gonzalo invirtió cuanto le pagaron como realizador de varios "spots" televisivos (la pasta Barilla, con Plácido Domingo, la marca de refrescos Trinaranjus, la publicidad de las Cajas de Ahorro…). Cuatro años después, Gonzalo Suárez dirigió una de las películas que más destacaron en su filmografía, al punto que obtuvo la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián y seis Goyas. Era la recreación del encuentro entre el poeta Shelley, su pareja Mary, la hermana de ésta con Lord Byron. El protagonista masculino fue el británico Hugh Grant, entonces todavía desconocido en nuestro país.

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Gonzalo Suárez | C. Jordá

A esas alturas de 1988 Gonzalo Suárez ya estaba reconocido como un relevante guionista y director, con su talento innovador y adelantado en su tiempo. Los siguientes rodajes interesantes fueron: Don Juan en los infiernos (1991), La reina anónima (1992), El detective y la muerte (1994) inspirada en un cuento de Hans Christian Andersen, trama policíaca sobre el poder, la corrupción y un inexorable final, a cargo de Javier Bardem y Carmelo Gómez. Éste último fue el protagonista el año 2000, sobre un guardameta que recorre pueblos donde disputa con quiénes se enfrentan a él en una apuesta sobre si le meten o no un gol. Y ya con el nuevo siglo, nuestro escritor y cineasta continuó su carrera. En televisión también había probado suerte en una serie que tuvo buena aceptación, Los pazos de Ulloa. De igual modo que con su inabarcable presencia en varios medios y géneros, dio en escribir el libreto de una ópera, La noche y la palabra, con partituras de José Manuel López, que se estrenó en 2004 en el teatro de La Abadía, en Madrid y al año siguiente compitió en la Bienal de Venecia. El texto abordaba el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés.

A pesar de su avanzada edad, Gonzalo Suárez nunca ha estado ocioso. Para su satisfacción, y la de sus lectores que echaban en falta sus libros, se ha publicado últimamente, "El caso de las cabezas cortadas" y reeditado "La suela de mis zapatos", recopilación de sus crónicas y entrevistas de un lejano ayer.

Digamos como punto final que Gonzalo Suárez ha sido galardonado con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, en 2016, siendo también nombrado Caballero de las Artes y las Letras, entre otros premios, que reconocen su gran aportación cultural.

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