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Okinawa, el final del imperio

La batalla por la isla fue encarnizada y los atacantes norteamericanos sufrieron 12.000 bajas mortales y 36.000 heridos.

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Okinawa, el final del imperio
Desembarco estadounidense 13 de abril de 1945. | Archivo

El 21 de junio de 1945 (ahora se cumplen 70 años) el Décimo Ejército norteamericano (Buckner, Geiger, y Stilwell), integrado por unidades del Ejército de Tierra y de la Infantería de Marina, terminó la conquista de la isla de Okinawa, en el archipiélago de las Ryu-Kyu. No era exactamente el final de la II Guerra Mundial en el Pacífico, pero se aproximaba ese final. La batalla por la isla fue encarnizada, una de las más sangrientas de la campaña. Los atacantes norteamericanos sufrieron 12.000 bajas mortales y 36.000 heridos (además de perder 34 buques de guerra, la mayor parte de ellos a causa de los ataques de los aviones kamikaze); los defensores japoneses tuvieron más de 60.000 muertos.

El Almirante Nimitz había emprendido la mayor operación de desembarco en el Océano Pacífico durante la guerra; para ello se llevaron a cabo incursiones de bombarderos desde octubre de 1944 hasta marzo de 1945 (lo que permitió la destrucción casi total de la fuerza aérea nipona destacada en la isla), y se desembarcaron 60.000 soldados, bajo el mando del Almirante Spruance. Okinawa estaba defendida por 75.000 soldados japoneses del Trigesimosegundo Ejército Imperial (Ushijima), ejército que tenía repartidas sus unidades por todo el archipiélago de las Ryu-Kyu, hasta la isla de Formosa.

La batalla se desarrolló desde el 26 de marzo, y enfrentó el fanatismo japonés (se exacerbó el uso de los ataques suicidas, de las defensas en cuevas fortificadas y de los francotiradores, con lo que trataban de parar a los norteamericanos cuando avanzaban desde las playas) con la tenacidad de la infantería y la potencia norteamericana, dotada en abundancia de carros de combate y lanzallamas. Al cabo de varias semanas los defensores agotaron la munición y los pertrechos, y la ayuda artillera que les iba a prestar el acorazado Yamato no llegó al ser hundido el buque por la aeronaval del USS Hornet y otros portaaviones a poco de alejarse de la costa japonesa.

Los desembarcos norteamericanos en otras islas y atolones del Pacífico (Tarawa, Kwajalein, Iwo-Jima, Saipan, etc.) habían dado lugar también a batallas sangrientas ¿por qué Okinawa adquirió entonces esa especial significación? Porque por primera vez en la guerra los norteamericanos entraban en territorio propiamente japonés, no en territorio invadido y ocupado por el Ejército Imperial. Los japoneses, que desde el 7 de diciembre de 1941 se expandieron por todo el Sureste asiático y una parte sustancial del Océano Pacífico (antes se habían expandido por China), se veían ahora combatiendo a las puertas de casa, y ambos contendientes sabían que el siguiente paso sería, inevitablemente, la invasión de la metrópoli (islas de Hokkaido, Honshu, Shikoku y Kyushu). Por otra parte, existía otra razón estratégica de peso: los aeródromos de Okinawa estaban más cerca del corazón del Japón (840 millas náuticas) que los del archipiélago de las Marianas (1.270 millas náuticas); por lo que los terribles bombardeos incendiarios a los que la USAAF venía sometiendo a los núcleos industriales y a las ciudades niponas desde octubre de 1944 (no menos de 500.000 muertos) podrían continuarse con mayor efectividad, menor duración de los vuelos, menor empleo de combustible y menor número de bajas.

La tardía terminación de la guerra en el Pacífico, que en todo caso se produciría formalmente el 2 de septiembre de 1945 (conmemorado en los EEUU como VJ Day) con la rendición incondicional del Japón en una ceremonia presidida por el General Mac Arthur a bordo del acorazado USS Missouri, no se debía a haber empezado más tarde que la guerra en Europa, con el ataque a Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. Paradójicamente, el conflicto mundial había empezado mucho antes, precisamente en Oriente, en el continente asiático, el 7 de julio de 1937 con el incidente del Puente de Marco Polo, cerca de Pekín, cuando el Ejército Chino se negó a que soldados japoneses de maniobras (que tras el incidente de Mukden el 8 de septiembre de 1931 se habían instalado en la cercana Manchuria) entraran en un recinto en búsqueda de un soldado nipón extraviado. Se produjo un tiroteo y las disputas dieron pretexto a los japoneses a invadir China, con lo que surgió la guerra sinojaponesa, que se solapó con la guerra del Pacífico a partir del 7 de diciembre de 1941. En todo caso, ya en la conferencia Arcadia, en Washington, D.C., el 22 de diciembre de 1941, Roosevelt y Churchill establecieron la estrategia de Europa primero.

Tratado de Portsmouth

No puede ahora relatarse, ni siquiera resumirse, la ampliación de la expansión japonesa en China (los nipones ocupaban ya puestos en la costa manchú, como consecuencia del Tratado de Portsmouth que puso fin a la guerra rusojaponesa en 1905) y en todo el Sudeste asiático, además de en el Pacífico. Baste solo resaltar los hitos principales, teniendo siempre en cuenta la brutalidad de los generales y soldados japoneses, que los devastadores bombardeos norteamericanos de las islas del Pacífico y del propio Japón, que alcanzaron también con sus artefactos incendiarios a las indistinguibles poblaciones civiles (los ahora llamados daños colaterales), nunca pudieron alcanzar.

En agosto de 1937 el Ejército Imperial Japonés invadió el área de Pekín y Tientsin. En noviembre de 1937 desembarcó cerca de Shanghai y conquistó Nankín, donde el Príncipe Asaka y el General Matsui ordenaron el asesinato de 300.000 prisioneros y la destrucción de la ciudad, antigua capital de China. En 1938 los japoneses conquistaron Cantón y otras ciudades del sur de China.

En julio de 1939 en su única -aunque severísima- derrota el Sexto Ejército japonés (Yasui) fue rechazado en su expansión hacia el oeste por el Ejército Rojo (Zhukov y Shtern) en la frontera de Manchuria con la Mongolia Interior, siendo obligado a retirarse tras la batalla de Khalkhin Gol (40.000 muertos). Beevor relata que un joven coreano, Yang Kyoungjong, obligado a enrolarse en el Ejército Imperial nipón, fue capturado en esa batalla por los soviéticos, quienes le obligaron a servir en el Ejército Rojo; en marzo de 1943, en la batalla de Jarkov, en Ucrania, el coreano fue hecho prisionero por los alemanes, que le alistaron y encuadraron en uno de los Ostbatallionen que guarnecían la Muralla del Atlántico; cuando los norteamericanos desembarcaron en Normandía en junio de 1944 capturaron al coreano que vestía uniforme alemán ¿no es una demostración de una temprana globalización de los conflictos internacionales?

La expansión del Imperio del Sol Naciente

Al pararse la expansión hacia el oeste, la mitad del Ejército Imperial (unos 700.000 soldados) quedaba en China, en labores de ocupación. La expansión japonesa estaba motivada por la necesidad de materiales básicos (carbón, petróleo, caucho, estaño, tungsteno. etc.), inexistentes en su territorio pero abundantes en Mongolia y en Siberia, en las Indias Orientales Holandesas, en la península de Malaca y en Indochina. El Estado mayor nipón consideró que la Unión Soviética impedía su expansión siberiana; por lo que decidió continuar su despliegue por el sudeste asiático, donde se encontraban los materiales codiciados, lo que permitiría hacer autosuficiente al Imperio y convertirlo en la potencia dominante en el área del Pacífico. Por ello, a partir del 7 de diciembre de 1941 la expansión del Imperio del Sol Naciente ya fue incontenible. Primero, el ataque a Pearl Harbour, e inmediatamente después, siguiendo los planes del Almirante Yamamoto, y entre finales de 1941 y principios de 1942, la conquista del sudeste, con Filipinas, Hong-Kong, Tailandia, Birmania, la Indochina francesa, la península de Malaca, las Indias Orientales Holandesas, Nueva Bretaña, las Islas de Andaman, las Salomón, etc.

Tres episodios bélicos de singular importancia jalonaron esta invasión: la resistencia norteamericana en la Isla de Corregidor, en la bahía de Manila, donde los sitiados resistieron desde el 24 de diciembre de 1941 hasta el 6 de mayo de 1942, en que el General Wainwright tuvo que rendir la fortaleza al Decimocuarto Ejército nipón (Homma), quedando prisionero con 11.000 soldados (el General Mac Arthur había sido evacuado el 11 de marzo y habría de volver, desembarcando en Leyte para reconquistar el archipiélago, el 20 de octubre de 1944).

Tropas niponas comenzaron a desembarcar en la península de Malaca el 8 de diciembre de 1941. El General Percival, destacando por su inexplicable y absoluta pasividad en la defensa, no hizo ningún esfuerzo por impedir los desembarcos (en la creencia de que las selvas de la península eran impenetrables), y permitió que los japoneses llegaran el 15 de febrero de 1942 hasta el Johore Baru, obteniendo éstos a un precio irrisorio la rendición de la que se creía inexpugnable fortaleza de Singapur, como se vio, fácilmente accesible por tierra. La más humillante capitulación que padeció el Reino Unido en toda su historia supuso la pérdida de 130.000 soldados (británicos, indios y australianos) que quedaron prisioneros de un ejército, el Vigesimoquinto (Yamashita), que contaba sólo con 35.000 hombres. Al propio tiempo, el que unos soldados bajitos y con ojos oblicuos, montados en bicicleta, conquistaran una fortaleza ocupada por fornidos y rubios anglosajones no dejó de tener consecuencias en la destrucción del mito de la superioridad del hombre blanco, que se remontaba a Kipling, con la influencia que dicha destrucción tuvo en el proceso de independencia de todas las colonias británicas, francesas y holandesas que habría de precipitarse en Asia después de la guerra.

2.300 bajas mortales

El 27 de febrero una flota aliada integrada por buques holandeses, norteamericanos, británicos, y australianos al mando del Contralmirante holandés Karel Doorman intentó detener en el Mar de Java a la marea japonesa, pero fue derrotada. Los aliados sufrieron 2.300 bajas mortales y perdieron cinco buques (entre ellos el crucero HNLMS De Ruyter, que arbolaba la insignia del Contralmirante) y los japoneses solo un destructor y 38 muertos.

El Ejército y la Armada Imperial japoneses parecían invencibles; La flota del Vicealmirante Nagumo llegó a atacar Tricomalee, en Ceilán, y Darwin, en Australia, y se enseñoreó del Océano Índico, hundiendo 23 buques de los Aliados, entre ellos el portaaviones HMS Hermes y los cruceros HMS Devonshire y HMS Cornwall. En abril de 1942 se había creado la que el Gobierno japonés denominó eufemísticamente Gran Esfera de Co-Prosperidad del Asia Oriental. Aunque parecía referirse a una participación de todos los asiáticos en la riqueza común recientemente adquirida, sin embargo, encubría un régimen de esclavitud de los pueblos que decían liberar (chinos, coreanos, micronesia, formosanos, etc.); esclavitud sexual (300.000 mujeres) y esclavitud laboral (3.000.000 civiles y prisioneros de guerra). Los prisioneros de guerra desempeñaban trabajos forzados y eran sistemáticamente torturados u obligados a las marchas de la muerte (Bataán, 5.000 muertos; Sandakan, 2.500 muertos).

Sin embargo, a partir del raid del Coronel Doolittle sobre Tokio, Nagoya y Yokohama el 18 de abril de 1942, el signo de la guerra cambió y el poderío del Japón entró en fase decreciente. Dirigiendo la contraofensiva Nimitz al norte y Mac Arthur al sur, la derrota japonesa quedó jalonada, entre otras, por las batallas del Mar del Coral, Midway, Guadalcanal, Milne Bay (1942), Mar de Bismarck, Nueva Georgia, Islas Aleutianas, Islas Gilbert (1943), Islas Marshall, Islas Marianas, Rabaul, Islas Salomón, Imphal, Mar de Filipinas, Myitkiina, Islas Carolinas, Leyte (1944), Río Irawaddy, Mandalay, Luzón, Manila, Corregidor, Iwo-Jima, Palawan (1945) y…….Okinawa. Un hito importante, con el alcance de una derrota, fue la muerte de Yamamoto el 18.4.1943 cuando su avión fue emboscado entre Rabaul y Bougainville por aparatos norteamericanos que habían sido avisados desde una estación de escucha en las Aleutianas de la ruta que iba a emprender el Almirante.

¿Por qué ganaron la guerra los Estados Unidos? Entre las varias razones destacan su enorme capacidad industrial y logística (fabricación de buques en serie, suministro continuado de combustible, etc.) y su inextinguible disponibilidad de personal militar, de mayor especialización técnica (pilotos navales, zapadores, radaristas, etc.); los japoneses carecían de petróleo y de alimentos (esa carencia fue la que les empujó a la guerra) y sus mejores pilotos navales desaparecieron con los cuatro portaaviones hundidos en Midway, sin que pudieran reponer las plazas al ritmo necesario para contrarrestar la superioridad yanqui.

Según Keegan, la Marina Imperial Japonesa era descuidada en sus protocolos de seguridad; los portaaviones japoneses no tenían cubierta de vuelo blindada por lo que las bombas penetraban fácilmente en los hangares; la defectuosa estanqueidad de sus tanques de combustible, el negligente almacenamiento de los proyectiles y la pobre preparación de su personal contra-incendios les costó la pérdida de varios portaaviones. Las tripulaciones no llevaban ropa adecuada lo que elevaba enorme e innecesariamente las bajas por quemaduras. La buques mercantes japoneses, incluyendo los buques tanque que portaban el preciado petróleo. no navegaban en convoy por lo que los submarinos norteamericanos obtuvieron el jugoso rédito de 1.200 barcos echados a pique con 5.000.000 toneladas de carga. Finalmente, la Inteligencia Naval norteamericana consiguió romper los códigos de cifra navales japoneses, por lo que pudo tener una visión anticipada y amplia de las intenciones de su enemigo.

El 6 y el 9 de agosto de 1945 bombarderos B-29 Superfortress que despegaron, paradójicamente, de Tinian, en las Marianas, y no de Okinawa , arrojaron sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki causando 140.000 muertos y borrando del mapa dichas ciudades. El 8 de agosto la Unión Soviética atacó al Japón, apoderándose de Manchuria, Corea del Norte, la mitad meridional de la isla de Sajalín y del archipiélago de las Kuriles. Era el fin del Imperio; de un imperio criminal.

Tucídides había aconsejado considerar la vasta influencia de lo imprevisto en la guerra antes de lanzarte a ella. Conforme continúa se convierte por lo general en un asunto de azares, de los cuales ninguno de nosotros está exento y cuyo resultado tenemos que aventurar a ciegas. Dos mil quinientos años más tarde Calvocoressi señaló que Tucídides era un griego, no demasiado leído en Tokio.

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