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Pedro Fernández Barbadillo

La historia que volverá a ser noticia este año

Al principio de 1918 los políticos y generales no esperaban un final cercano de la Gran Guerra, pero los Imperios Centrales colapsaron en otoño.

Pedro Fernández Barbadillo
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Al principio de 1918 los políticos y generales no esperaban un final cercano de la Gran Guerra, pero los Imperios Centrales colapsaron en otoño.
Epidemia de gripe de 1918 | Wikipedia

En 1914, cuando comenzó la Gran Guerra, todos los combatientes creían en una campaña de unos pocos meses. Al principio de 1918 los políticos y generales no esperaban un final cercano, pero, de manera inesperada, los Imperios Centrales colapsaron en otoño.

Después de firmar la paz con los bolcheviques en marzo, los alemanes retiraron tropas del frente oriental, de modo que el general Ludendorff pudo lanzar varias ofensivas en primavera y verano en Francia, pero todas fracasaron. A partir de agosto, los contraataques en Francia e Italia, hundieron los frentes. El 30 de septiembre, Bulgaria pidió el armisticio a los Aliados; siguieron Turquía (30 de octubre) y Austria-Hungría (3 de noviembre); Alemania lo solicitó el 11 de noviembre.

En ese noviembre, abdicaron los emperadores de Austria y Alemania, y se proclamaron sendas repúblicas. Los Habsburgos, que habían reinado en cuatro continentes y sido defensores de la Iglesia católica frente a los protestantes y los musulmanes turcos, se convertían en exiliados que vivirían de la caridad ajena.

En el otoño, los dos grandes imperios multinacionales europeos, el ruso y el austriaco, se disgregaron. Lenin había proclamado en 1917 el derecho de los pueblos de Rusia a independizarse y el presidente de EEUU, Woodrow Wilson (uno de los grandes memos de la historia), en sus Catorce Puntos, difundidos en enero, los propuso para las llamadas nacionalidades de Austria-Hungría y Turquía.

En 1917, ya habían proclamado su independencia Ucrania y Finlandia. Al año siguiente nació un rosario de países, algunos ya viejos en la historia, como Polonia, Georgia, Lituania, Letonia y Estonia, y otros sin pasado, como Yugoslavia y Checoslovaquia.

Los bolcheviques ahogan en sangre a Rusia

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El general Kornílov

Los bolcheviques disolvieron (enero) la Asamblea Constituyente, donde eran una de las minorías. En Rusia no volvió a haber elecciones pluripartidistas hasta 1993. Lenin y sus camaradas constituyeron el Ejército Rojo para enfrentarse a los blancos en la guerra civil que ya rugía (el primer ejército blanco lo levantó el general Kornílov a finales de 1917 en el Don), reconquistar los territorios independizados y apoyar la revolución mundial que creían inminente.

En el Tratado de Brest-Litovsk (marzo), los comunistas aceptaron ceder extensos territorios para ganar tiempo ante esa revolución proletaria en Alemania. Les salvó el armisticio que solicitó Berlín.

A principios de 1918, entró en vigor en Rusia el calendario gregoriano. En 1929, se hizo una reforma al estilo de la revolución francesa para introducir la semana de cinco días y eliminar el domingo y otras fiestas religiosas. En marzo, se trasladó la capital a Moscú.

La sed de sangre de los rojos alcanzó a los Románov. El 17 de julio fueron asesinados Nicolás II, su esposa, sus cinco hijos y sus servidores; después sus cuerpos fueron quemados y arrojados a una mina. En la muerte de los Románov, que perdieron el trono por su lealtad a los Aliados, tuvo responsabilidad la familia real británica, ya que Jorge V se negó a aceptarlos en Inglaterra.

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Familia Romanov | Cordon Press

La gripe mató más que los cañones

La guerra que iba a acabar con todas las guerras causó en torno a 16 millones de muertos. La epidemia de gripe que surgió en 1918 mató, según los cálculos más altos, a 100 millones, lo que supondría en torno al 3% de la población mundial. El país con mayor número de fallecidos fue la India, entonces colonia británica, con en torno a 13 millones. En España murieron unas 260.000 personas.

La derrota de Turquía no detuvo el genocidio de los armenios, comenzado en abril 1915 por orden de los Jóvenes Turcos. Más de un millón de miembros de este pueblo cristiano murieron de todas las maneras imaginables.

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Antonio Maura

En España, en el verano de 1917 había estallado una triple crisis en la que atacaron a la Restauración el catalanismo de la Lliga, un sector del Ejército organizado en las Juntas de Defensa y los sindicatos UGT y CNT, que convocaron una huelga general. En febrero de 1918 se celebraron elecciones, que no dieron una mayoría clara a ningún partido o facción. En marzo, la Monarquía y la partitocracia tuvieron que tragarse su orgullo y llamar a Antonio Maura, destituido en 1909 de la presidencia del Gobierno por la acción combinada de Alfonso XIII, el Partido Liberal, el PSOE, la masonería y la prensa corrupta. Maura formó un Gobierno de concentración, que cayó noviembre. Quizás fue la última oportunidad de los poderes de la Restauración de realizar una evolución pacífica.

Orgía en París y muerte en México y Praga

Pasemos a los cincuentenarios.

En mayo, se recordarán las revueltas de París, donde todos los progres españoles han asegurado haber tirado adoquines a los gendarmes. Las protestas estudiantiles se extendieron por Europa y América. Fue una ruptura generacional: los jóvenes se enfrentaban a sus padres y abuelos. Se atacó todo principio de autoridad y toda experiencia. Aunque las protestas tenían contenido político marxista, también las impulsó una sexualidad desbordada.

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De Gaulle, que huyó de París, convocó elecciones para finales de junio y su partido arrasó, pero, la derrota política de mayo del 68 ocultó una victoria más profunda. El hedonismo, la efebocracia y la fealdad se expandieron triunfantes. Mientras, el Concilio Vaticano II, clausurado en 1965, seguía causando estragos en la Iglesia.

El 26 de julio, el Gobierno mexicano reprimió a tiros una protesta estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas. Oficialmente, el número de asesinados fue de 20, aunque otras investigaciones lo aumentan por encima de los 300. El PRI no quería que se agrietase su régimen ni se estropeasen los Juegos Olímpicos que organizaba ese año.

En agosto, tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, donde ese estaba desarrollando la Primavera de Praga, ante la impasibilidad de la OTAN. Curiosamente, el Gobierno de Washington se enteró de la Operación Danubio gracias a la embajada española en las Naciones Unidas.

Como año bisiesto, en noviembre se celebraron elecciones en Estados Unidos y fue elegido por muy poco margen el republicano Richard Nixon, conocido anticomunista desde los años 40. Nixon llegó con la promesa de retirar los soldados de su país de Vietnam, pero en los años siguientes extendió la guerra a Laos y Camboya. También reconoció a la China comunista. Obtuvo la reelección en la victoria más apabullante en unas presidenciales en EEUU, pero dimitió en 1974.

La Gloriosa inicia el Sexenio

En España, el Gobierno franquista concedió la independencia a Guinea Ecuatorial el 12 de octubre. Aunque se comenzó a estudiar vascuence en las escuelas públicas de Guipúzcoa y Vizcaya alcanzó la mayor renta per cápita de las provincias españolas, el brazo armado del separatismo, ETA, después de unos años de hibernación, asesinó en junio al guardia civil José María Pardines.

Yendo más atrás, en septiembre de 1868, se produjo la Revolución Gloriosa, que dirigida por generales y políticos progresistas derrocó a Isabel II.

La Gloriosa abrió el Sexenio Revolucionario (denominado ahora Sexenio Democrático): una monarquía de nuevo cuño, una patética república que pasó de unitaria a federal, tres guerras civiles simultáneas y el mayor apogeo masónico desde el Trienio Liberal.

En los próximos meses, Dios mediante, escribiremos sobre algunos de estos acontecimientos.

En Cultura

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