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10 de octubre de 1868

Durante sesenta años los Castro dedicaron sus malas pulgas y peores mañas a tergiversar la verdad, a mentir y divulgar una historia cubana reinventada por ellos.

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Los totalitarismos comienzan invariablemente por el borrón y cuenta nueva. Al borrón y cuenta nueva suelen llamarle revolución, pero ni revolución ni la cabeza de un guanajo; en realidad el objetivo primordial es eliminar de la Historia los acontecimientos que hacen sombra a los malhechores y oportunistas que son, que los reducen a lo que son: tiranos, tiranías, dictadores, dictaduras. Tiranías y dictaduras provocadas por gentuza llena de odio y de muy baja calaña.

Durante sesenta años los Castro dedicaron sus malas pulgas y peores mañas a tergiversar la verdad, a mentir y divulgar una historia cubana reinventada por ellos. De tal modo, la "revuelta" que no revolución, ni mucho menos guerra, mal llevada por Fidel Castro contra Fulgencio Batista y Zaldívar, aunque con el poderoso aliado norteamericano de su lado, de inmediato este malandro bajado de la montaña la transformó en una obra de magnitud insostenible que muchos quisieron creer, haciendo ver, entre otras engañifas, que el Grito de Yara, iniciado por Carlos Manuel de Céspedes, en su finca La Demajagua, en Manzanillo, un 10 de octubre de 1868, y que terminó diez años más tarde con el Pacto del Zanjón en 1878, preconizaba la revolución castrista de 1959 liderada por él, y de hecho lo convertía, de inmediato, en el líder más potente, por encima de todos los paladines que lo antecedieron en la historia de nuestro país, incluidos los más grandes, ampliamente identificados.

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Trabajé durante años en los dos Diarios de Carlos Manuel de Céspedes escritos en San Lorenzo, donde estuvo preso y donde murió, a manos de los españoles, como también había ocurrido con su hijo fusilado. La fuerza de Carlos Manuel de Céspedes, digan lo que digan, que si "romántico", que si no pasó de ser un representante de la Sacarocracia cubana venido a menos, que si fue el primero que liberó a los esclavos porque su central azucarero no rendía (sí, pero los liberó y fue el primero), y demás chismes de salonetes, no tiene comparación ni con el dedo chiquito del pie de Fidel Castro. Su fuerza moral, su fuerza épica, incluso su fuerza romántica, como de personaje romántico, y como poeta y músico (coautor musical junto con Francisco Castillo y Moreno de la primera canción "La Bayamesa"), que fue ambas cosas, nadie puede superarla. Los cubanos lo llamaron ‘El Padre de la Patria’ no por gusto, véase ahora como se vea, con los ojos críticos a la luz del tiempo pasado y actual, o con los ojos cínicos de la inquina anticubana, también actual, Carlos Manuel de Céspedes es, sin duda alguna, una figura que marcó e inspiró a muchos grandes cubanos, entre ellos a José Martí, tal como lo plasmó el héroe de Dos Ríos.

Los "polémicos" Diarios de Carlos Manuel de Céspedes estuvieron a punto de no ser publicados por culpa del mismísimo Fidel Castro. Así se lo hizo saber el tiranillo de Birán a Eusebio Leal, el historiador de La Habana: no quería que se supiera de las guerras intestinas y de las diferencias entre los mambises y sus líderes principales, tal como se podía y se puede leer en los Diarios de Campaña y escritos de prisión de Céspedes. Por aquella época el mismo Castro libraba una guerra sórdida en contra de uno de los suyos, el después defenestrado Carlos Aldana, que otrora había sido el tercer hombre de Cuba, el hombre fuerte e ideólogo principal del Partido Comunista, y Castro pretendía que se podían comparar aquellas componendas en contra de Céspedes con las suyas en contra de Aldana.

Sin embargo, lo que mayormente molestaba a Castro era una sencilla frase, escrita tantísimos años antes que la suya cuando debió autodefenderse –porque así lo decidió ya que abogado tuvo- en el juicio en el que fue condenado tras el asalto al Cuartel Moncada: "La historia me absolverá", tomada de Mi Lucha, el libro que con tanta fruición leía, de Adolf Hitler;frase que hasta ese momento él desconocía que Céspedes la había escrito de otra manera, y cien veces mejor que la suya plagiada: "La historia dictará su fallo". Castro no podía permitir de ninguna manera que aquella frase fuese adjudicada antes a Céspedes que a él, aun cuando él se declaraba como el gestor del legado de Céspedes y el triunfador principal de esa gesta.

La discusiones sobre la publicación de los Diarios del patriota se terminaban siempre de manera airada, y relacionadas con esa frase. Aquello duró lo que debió de durar. Finalmente ganó Eusebio Leal, el leal Leal, pero más ganó Cuba, su historia, nosotros, y Carlos Manuel de Céspedes, como debía ser.

Después de todo, hoy Carlos Manuel de Céspedes, sigue siendo tema de estudios históricos y hasta objeto de nuevas polémicas, mientras que el segundo, aquel que quiso rehacer la historia de un plumazo, enterrando bajo su sombra a sus principales protagonistas, para encaramarse él en el pedestal que no le correspondió nunca, yace empotrado y olvidado en una ridícula sepultura, ceniciento y oculto.

"La historia lo disolverá", fue la frase que dijo tras la muerte de Castro en una entrevista a Libertad Digital, medio en broma medio en serio, Eduardo Cardet, líder del MCL, y sin duda alguna una de las razones por las que cumple prisión en una ergástula castrista. Y así ha sido, la historia difuminó a Castro -pese al inmenso mal enmascarado en bien que sembró en Cuba y en el mundo-, y por el contrario la Historia sigue engrandeciendo a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, esa patria desdichadamente más esclava que nunca.

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