"Abuela, con Franco, ¿Podías salir a la calle sin pañuelo?"
"Si, querida nieta. Y también leía Le Monde sentada en un banco del parque con minifalda y fumando. Pero no se lo digas a tu profesora de 'Memoria Democrática', que te suspende."
"No importa. En el instituto te dan el título de bachillerato aunque sólo apruebes educación física."
Espero que estos sean los diálogos que abunden en los próximos meses en las familias españolas.
El año 'Francobeo'
A los jóvenes y a muchos adultos les gustan las películas de terror, con vísceras y cabezas rodando por la pantalla. En un remedo castizo de la cinta noruega Zombis nazis, el PSOE quiere entretener a sus masas con un ciclo de Historias para no dormir que tiene como protagonista al español más importante del siglo XX y, al paso que vamos, del siglo XXI: don Francisco Franco Bahamonde.
La conmemoración de los 50 años de la muerte de Franco carece de finalidad científica. En la universidad servirá para llenar los bolsillos de algunos afortunados o darles créditos para obtener puestos de catedrático. Su pretensión es meramente electoral. Se trata de mantener en el corral a los siete millones de votantes de Sánchez de 2023 con el grito de "¡que viene el fascismo!". No es que necesiten muchos ánimos esos socialistas, como nos demuestran los más cultos de ellos, para mantener la lealtad a quien concede privilegios a los más afortunados y superioridad moral a todos.
La única industria propiamente socialista es la propaganda, que recurre a la mentira sistemática y la amenaza legal para imponerse. He aquí dos ejemplos anteriores a la apertura del 'Año Francobeo'. Sonsoles Ónega, cuyo padre, Fernando, fue jefe de prensa de la Guardia de Franco, le explicó a una anciana que ella no podía haber bailado bajo Franco: "Se lo digo yo". Y Carmen Calvo, colocada en la presidencia del Consejo de Estado, afirmó que en los años 60 a las mujeres se les extirpaba la vesícula… "porque Franco".

Por fortuna, incluso a la no-izquierda española están llegando las estrategias y los modales de Javier Milei, Donald Trump y hasta Jean-Marie Le Pen: los zurdos siempre mienten y, por tanto, el debate con ellos se reduce a avergonzarles. Y es lo que hemos de hacer cuando el PSOE, ese invento de los servicios de información del franquismo y de la CIA, pretende modificarnos hasta nuestra infancia.
Una 'dictablanda'
Sí, el régimen franquista era dictadura, de derechas y de carácter autoritario, lo que supone un pluralismo limitado, una ideología débil (el confesionalismo católico en que se apoyaba lo estaba desmantelado la propia Iglesia) y una movilización de sus partidarios escasa. Existía un partido único (con un presupuesto inferior al del Ministerio de la Vivienda) y estaba prohibido organizar otros partidos o sindicatos.
La Policía podía detener a los sospechosos de 'subversión' política. A éstos, según el tipo de actividad, les podía encausar la jurisdicción militar. La censura se ocupaba más de los escotes que de las ideas, por lo que en el diario Pueblo se encontraban loas a Gadafi y a los guerrilleros iberoamericanos.
El resto de la Administración y la sociedad vivían al margen de la política. La despolitización era una de las características de la España de entonces, a la que llegaban casi todas las novedades del resto de Europa unos años más tarde.

El escritor británico Frederick Forsyth describió con este párrafo la España que recibía desde 1970 a más de 20 millones de turistas anualmente:
La actitud de las autoridades españolas ha sido siempre la de evitar molestias a los turistas; pero, si éstos se empeñan en abusar, pueden colocarles en situaciones sumamente desagradables. Los cuatro artículos que no toleran en el equipaje de los pasajeros son: armas y/o explosivos, drogas, pornografía y propaganda comunista. Otros países no dejan pasar dos botellas de coñac, pero permiten la revista "Penthouse". No así en España. Otros países tienen prioridades distintas; pero, como admiten alegremente los españoles, "Spain is different"
'Le Monde' en los kioskos
Los españoles podían viajar al extranjero, a diferencia de las personas sometidas a las tiranías comunistas, que los rojos carpetovetónicos de entonces alababan y hasta querían imponer. Con pasaportes de la España franquista, muchos acudieron a Portugal tras la 'revolución de los claveles' de 1974 para empaparse de socialismo.
Por cierto, Franco se opuso a la petición del presidente Estados Unidos, Gerald Ford, para participar en el sabotaje al régimen de izquierdas luso en el mismo 1975. Es impensable en Sánchez un acto de soberanía parecido ante el sultán marroquí.
En sus últimos años, el régimen había perdido la universidad. Los catedráticos nombraban profesores no numerarios (que les liberaban de la molestia de dar clase) entre sus alumnos más izquierdistas, y las editoriales publicaban cientos de libros de contenido marxista, como los de la maldita Escuela de Fráncfort.
En cambio, el Movimiento Nacional reeditaba las obras completas de José Antonio Primo de Rivera y los discursos del caudillo. Los colaboradores de la Revista de Estudios Políticos se dedicaban más a la filosofía, la historia y las divagaciones que al análisis de los acontecimientos (la crisis petrolífera, la toma de Saigón, el auge del terrorismo…), quizás para no marcarse en exceso ante lo porvenir.
La literatura marxista se compraba en muchas librerías, al igual que Le Monde, The Times y Le Figaro en los kioscos. El escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn declaró en 1976 que le asombraba que los españoles tuvieran a su alcance, a cambio de unas pesetas, prensa extranjera y fotocopiadoras.
El estatus de la mujer
En el régimen franquista había elecciones, aunque no eran pluralistas. Se celebraron dos referendos y numerosas elecciones municipales y sindicales. En ellas participaban las mujeres.

En Suiza, la primera vez que las mujeres votaron a nivel federal fue en 1971. Esa primera vez para las españolas ocurrió en la dictadura de Primo de Rivera, que además nombró las primeras alcaldesas de la España moderna. Entre 1969 y 1975, Bilbao, entonces una ciudad industrial y pujante, tuvo una alcaldesa, Pilar Careaga, la primera mujer ingeniera, a la que ETA intentó asesinar.
En los años 60, las procuradoras en las Cortes propusieron una serie de leyes que eliminaron las trabas al acceso de las mujeres al empleo, tanto en la Administración como en el sector privado. La primera fue la Ley 56/1961, de 22 de julio, sobre derechos políticos profesionales y de trabajo de la mujer.
Las españolas podían sacarse el carné de conducir desde 1900 (mi madre lo tuvo antes que mi padre, si se me permite una anécdota personal). Por supuesto, podían casarse sin tener que aguardar el permiso de sus padres; también heredar, montar negocios, asistir a la universidad y tener su patrimonio.
La última limitación a la capacidad de obrar femenina, la llamada licencia marital, existente en otros países europeos y americanos hasta mediados del siglo XX, se suprimió mediante la Ley 14/1975, de 2 de mayo.
El uso del bikini se implantó en Benidorm en los años 50, por insistencia de un alcalde franquista, Pedro Zaragoza, que se reunió con el generalísimo para que le ayudara a superar las trabas locales. Las feministas de izquierdas, que siguen celebrando este bañador como una bandera de progreso, a la vez aprueban que las musulmanas aparezcan en las calles españolas veladas, enmascaradas y hasta embolsadas.
Más suicidios bajo Sánchez que bajo Franco
Al final, el franquismo fue una dictadura poco represiva. El número de presos en 1974, último año completo de vida de Franco, fue de 14.764, mientras que en la Francia democrática alcanzó 27.100, como recojo en mi libro Eternamente Franco. Casi el doble, cuando la población francesa superaba a la española en un 50%. Las cárceles españolas custodian actualmente más de 56.000 internos.
El crecimiento también ha afectado a los cuerpos policiales. Aparte de la Guardia Civil y la Policía Nacional, varias comunidades autónomas disponen de los suyos propios. Sólo los dos primeros suman más de 150.000 efectivos. Nunca hubo en el franquismo tanto policía. Tampoco hubo verificadores de contenidos, ni observadores de discriminaciones reales o inventadas.

En esa 'España en blanco y negro', según el eslogan progre, no se debía de vivir tan mal, porque el suicidio, expresión de desesperación, escaseaba. En 1975, se registraron 1.366 suicidios; y en 2023, el triple, 4.116 (de ellos, 1.072 mujeres). ¿Por qué se matan más españoles y españolas bajo Sánchez que bajo Franco?, ¿no gozan de derechos como el de 'autodeterminación de género', de una renta per cápita superior, del autogobierno de sus regiones y nacionalidades?
Una de las cosas que no se podían hacer entonces era adquirir pornografía. En la Transición, la edición de revistas y la filmación de películas que mostraban mujeres desnudas enriqueció a los más desvergonzados. Se ha calculado que El País, adalid del feminismo, ingresaba entre 12.000 y 14.000 euros diarios por los anuncios de contactos poco antes de que se prohibieran.
Quienes querían ver 'cinema cochon' debían ir a Francia. A tres jóvenes gallegos ese viaje les costó la vida. El 24 de marzo de 1973, Humberto Fouz Escobero, Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro pasaron de Irún a San Juan de Luz para asistir a un pase de El último tango en París. Allí, unos etarras les tomaron por policías, les secuestraron, les torturaron y les asesinaron. Sus cuerpos siguen ocultos. En la Transición, los socialistas y el resto de la izquierda pidieron la amnistía para sus asesinos y ahora gobiernan gracias al partido de los etarras. Estoy convencido de que a estos desaparecidos el 'Comisionado para la celebración de los 50 años de España en Libertad' no les dedicará ni una línea de recuerdo en algún folleto.