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La Cristiada: la guerra más desconocida, más heroica, más sepultada en el olvido

Federico Jiménez Losantos entrevista al padre Olivera Ravasi, autor del libro ‘La Contrarrevolución Cristera’ (Homo Legens, 2025).

El padre Javier Pablo Olivera Ravasi hizo su tesis doctoral sobre la Guerra de los Cristeros y es autor del libro La Contrarrevolución cristera. La historia de los católicos que se alzaron contra la persecución. México 1926-1929. La Cristiada (1926-1929) fue una gesta heroica de resistencia católica. Rancheros, campesinos, familias enteras se enfrentaron a vida o muerte al gobierno masónico y revolucionario de Plutarco Elías Calles.

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Al igual que en Francia, la llamada Ley Calles, amparada por la Constitución de Querétaro (1917), de orientación socialista y anticatólica, estableció un orden para extirpar la religión del país:

  • Nacionalización de los bienes de la Iglesia
  • Expulsión de los sacerdotes de origen extranjero
  • Límite del Gobierno al número de sacerdotes según población (1x1.000)
  • Creación de la cismática Iglesia Nacional Mexicana y del Patriarca Pérez.
  • Prohibición del culto público y del hábito en la calle a curas y religiosos.
  • Obligación de jurar la Constitución de Querétaro y aceptar la Ley Calles.
  • Prohibición definitiva del culto católico en todas las iglesias de México.
  • Asalto a las iglesias, destrucción de imágenes y asesinato de custodios.
  • Persecución y encarcelamiento de todos los curas y los que los escondían.
  • Pena de muerte para sacerdotes huidos o que hicieran misas clandestinas.
  • Pena de muerte sin juicio para alzados en armas, familias y colaboradores.
  • Exhibición en la prensa de fusilamientos de católicos y de sus cadáveres.
  • Traición de los acuerdos de paz y asesinatos de jefes cristeros desarmados.
  • Pacto de silencio de cincuenta años, sobre la guerra cristera de 1926-1929.

Estos hombres y mujeres sufrieron una intensa represión, torturas, violaciones y ejecuciones sumarias. Todo publicado en la prensa de la época para atemorizar a los que quedaban dando la batalla.

Los contrarrevolucionarios mexicanos, que portaban los estandartes de la Virgen de Guadalupe y de Cristo Rey, a diferencia de los Vandeanos, iban ganando la guerra. La historia cambió de rumbo cuando la jerarquía eclesiástica decidió firmar unos "arreglos" de paz con el Estado. A pesar de lo firmado, el gobierno asesinó a todos los líderes cristeros. Una de las condiciones de este pacto fraudulento fue silenciar lo ocurrido durante cincuenta años, una "la conspiración del silencio".

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