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El siglo de las luces

En su última novela, Pérez Reverte nos traslada a la época de la Ilustración, en España y Francia. La base histórica es una anécdota real.

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En su última novela, Pérez Reverte nos traslada a la época de la Ilustración, en España y Francia. La base histórica es una anécdota real.
Arturo Pérez-Reverte. | Archivo

En su última novela, que acaba de aparecer, Pérez Reverte nos traslada a la época de la Ilustración, en España y Francia. La base histórica es una anécdota real: dos Académicos de la Española, los dos "hombres buenos" del título, reciben el encargo de la institución de comprar, en París, un ejemplar de la primera edición de la "Enciclopedia". Se oponen a ello otros dos Académicos, dos "hombres malos".

¿A qué género narrativo pertenece el libro? Ante todo, obviamente, a la novela histórica. Aparecen, en ella, varios muchos personajes reales, franceses y españoles, del siglo XVIII (el conde de Aranda, Marat, Laclos, Franklin) y de la actualidad, con "bromas privadas" sobre compañeros del autor en la docta casa (Víctor de la Concha, Darío Villanueva, Francisco Rico, Gregorio Salvador, Javier Marías, Carmen Iglesias...). Con otro nombre aparecen dos, importantes en la novela: madame Dancenis es trasunto de Teresa Cabarrús; el abate Bringas, del abate Marchena, un loco fanático, personaje también de "El siglo de las luces", la gran novela de Alejo Carpentier.

En segundo lugar, en el viaje suceden episodios propios de la novela de aventuras, tan grata al autor: viajes arriesgados, un duelo a espada, emboscadas, intrigas... En los momentos de peligro, florece la gran virtud de la amistad, el compañerismo.

Como tercer elemento, muchas conversaciones - sobre todo, de la pareja protagonista- recogen polémicas típicas de la época ilustrada, con frases tomadas de Cadalso, Jovellanos, Moratín, Voltaire, Holbach, etcétera, sobre la monarquía y la república, los duelos, las "mujeres sabias", la necesidad o no de una revolución... En ese sentido, sirve bien como novela-ensayo, de divulgación de historia de las ideas.

Algo más. La copiosa documentación histórica en que el relato se ha basado no se esconde sino que se cuenta también, como la aventura metaliteraria del narrador: un procedimiento, hoy, frecuente.

Y lo último, quizá lo esencial. Reflexiona Pérez Reverte sobre "la España posible en tiempos de Carlos III" (por resumirlo con el título de Julián Marías). Eso le lleva al esquematismo propio de la novela de tesis. Los dos protagonistas son opuestos, complementarios: Hermógenes Molina, un bibliotecario creyente; Pedro Zárate, un marino antirreligioso, que, por supuesto, se lleva todas las simpatías del autor. Los "malos" son, muy claramente, "tipos": el periodista reaccionario Manuel Higueruela simboliza directamente "la vileza"; el ilustrado radical Justo Sánchez Terrón, "la soberbia". La oposición de sus ideas no les impide asociarse en el fanatismo y la lucha contra la libertad. Y ese esquematismo, propio de la novela de tesis, se confirma cuando el narrador opina directamente: por ejemplo, elogiando a los marinos ilustrados españoles.

La tesis, por supuesto, no parece discutible: la necesidad de la libertad, de la tolerancia, de la educación, de la cultura. Pero limita la complejidad del mundo narrativo. Me ha recordado las frases que dedica don José Fernández Montesinos, uno de mis maestros, a Doña Perfecta: ¿quién estaría en desacuerdo con lo que el novelista defiende? Pero el gran Galdós surge cuando supera el esquematismo propio de esa novela de tesis para dar una visión más amplia y compleja de la realidad.

Arturo Pérez Reverte: Hombres buenos, Madrid, ed. Alfaguara, 2015, 583 págs, 22’90 euros. ISBN: 978-84-204-0324-0.

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