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Remedios contra el vacío

Giuseppe Scarafitta habla en su último libro de las cosas concretas que causan placer a los más "grandes" de la literatura o el arte.

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Los Libros: "Los grandes placeres" o cómo disfrutan los literatos Es la Mañana de Federico

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Giuseppe Scarafitta habla en su último libro de las cosas concretas que causan placer a los más "grandes" de la literatura o el arte.
Marilyn Monroe y Karen Blixen | Cordon Press

El título de este libro, Los grandes placeres es ambiguo. No trata de las pasiones que nos producen mayor deleite a cualquiera de nosotros (el amor y el sexo, la comida y bebida, el éxito, la venganza...) sino de las cosas concretas que causan placer a los más "grandes" de la literatura o el arte.

El punto de partida es claro, el vacío que a todos nos angustia y que intentamos colmar con remedios, grandes o pequeños: el chocolate o los cruceros, las bicicletas o los gatos, la elegancia o las drogas, la cortesía o los libros viejos... Insiste el autor en que los dioses satisfacen los deseos (no ciegan, como suele decirse) a quienes quieren castigar.

El autor, Giuseppe Scarafitta (nacido en Turín, 1950) es profesor de literatura francesa en Roma. De él se ha traducido también al español su Diccionario del dandi. Además de su amplitud de lecturas, se advierte su astucia para captar la atención del lector: sólo el marco general pertenece a la psicología, la filosofía o la historia del arte; la mayor parte del libro es una brillante selección de anécdotas, muy curiosas y atractivas para un lector de cierto nivel cultural.

Señalo unos pocos ejemplos, que nos hacen reflexionar sobre las contradicciones de cualquier ser humano, por muy "grande" que sea. Cuentan que Balzac necesitó beber cerca de cincuenta mil tazas de café para escribir La comedia humana. Stendhal sólo conoció "dos únicas pasiones duraderas", las espinacas y la prosa de Saint-Simon. A Oscar Wilde le decepcionó el Océano Atlántico: "Me parece insulso". (Poco después, los periódicos publicaron una carta firmada por el Océano: "Oscar Wilde me ha decepcionado") . Casanova confirmó que conviene ceder el paso cuando él lo hizo, una vez, y su invitado resultó aplastado por la caída de una chimenea. Houdini se desengañó del espiritismo porque no creyó que su madre, que sólo hablaba húngaro, hubiese aprendido inglés en el Paraíso. El agradable paseo de La Bruyère incluía que todos se miraban a la cara para desaprobarse. En sus aventuras eróticas, D’Annunzio "se presentaba en la habitación de la elegida en calzoncillos de seda color crema largos hasta la rodilla". Para viajar a América, Sara Bernhardt lleva "nada más que lo necesario": 24 maletas de ropa, 550 trajes y 250 pares de zapatos... O una escena tan singular como el encuentro de la exuberante Marilyn Monroe y la esquelética Karen Blixen: "mutuamente fascinadas, empezaron a bailar juntas sobre la mesa de mármol negro".

Bastan estos ejemplos para hacernos una idea de la cantidad de anécdotas curiosas que ofrece este libro. Quizá disfrutamos con ellas porque otro de nuestros placeres – grande o pequeño – es el gusto por los chismes...

De esta lectura se deduce una conclusión: la felicidad consiste en su búsqueda. Todo se resume en una brillante frase de Somerset Maugham: "Las cosas que se nos escapan son más importantes que las que poseemos". Si conociera mejor la literatura española, Scaraffia podría haber citado a Antonio Machado: "Se canta lo que se pierde".

Giuseppe Scaraffia: Los grandes placeres, Cáceres, ed. Periférica, mayo 2015, 251 págs., 17’95 euros. ISBN: 978-84-16291-15-1.

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