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Volver a Daphne du Maurier (y a Manderley)

Aunque no se la haya leído, la literatura de Daphne du Maurier es tan conocida como Drácula, esa ficción que pocos han leído pero todos conocen.

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Daphne Du Maurier | Cordon Press

Durante la larga postguerra, en España se publicaba La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, o Nada, de Carmen Laforet. Pero, sobre todo, se publicaban novelas extranjeras de evasión. Lo decía Carmen Martín Gaite: "novelas exóticas situadas en escenarios y lugares remotos, como envueltos en bruma, donde nada de lo que ocurría guardaba la menor relación con lo que veíamos… Los novelistas extranjeros más leídos eran Daphne du Maurier, Maurice Baring, Somerset Maugham, Pearl S. Buck, Louis Bromfield y Charlotte Brontë". Pero apuntaba la escritora que esos no eran los autores que interesaban a los escritores que intentaban salir del bajón literario que se sufría en la postguerra. Ahora se vuelve a publicar bastante a Daphne du Maurier. La editorial Alba hace publicidad de Mi prima Rachel y La posada Jamaica, ambas en su colección Rara Avis. Los pájaros y otros relatos está publicada por El paseo central. La inquietante El muñeco, en Fábulas Albion. Y hay más. Aunque no se la haya leído, la literatura de Daphne du Maurier es tan conocida como Drácula, esa ficción que pocos han leído pero todos conocen.

La posada Jamaica es la primera de sus novelas llevadas al cine. La última por Hitchcock sería ‘Los pájaros’, superficialmente basada en un relato de Daphne du Maurier. Con respecto a la primera, Charles Laughton compró los derechos y fichó a Alfred Hitchcock como director. No se puede decir que sea una película de Hitchcock sino un vehículo para Laughton. Du Maurier odiaba la película y Hitchcock no era muy partidario. ‘Rebeca’ tampoco era una película de Hitchcock, según dijo él mismo. Era de Selznick. Se trataba de un proyecto ante el que el director británico se había sentido inicialmente atraído, pero luego había ido perdiendo interés, aunque el fetichismo por una mujer muerta fuera muy de su agrado. Volviendo a Carmen Martín Gaite, no era muy amante de Daphne du Maurier precisamente porque lo era de Charlotte Brontë y de Jane Eyre (además de traductora). La escritora salmantina sostenía que la única creación original de Rebeca en relación con Jane Eyre era la señora Danvers. "El resto es reelaboración, plagio mejor o peor maquillado". Hombre, que la protagonista no tenga nombre también es suyo. No se le ocurría ninguno y lo dejó así. De la británica decía Carmen que "sin ser ninguna lumbrera es una escritora hábil y culta. Pero sobre todo astuta para entrar a saco en materiales ajenos y camuflarlos para que parezcan propios". De la novela: "es amena, está decorosamente escrita y se deja devorar".

Lo cierto es que Du Maurier adoraba a los Brontë. Hasta escribió una biografía de Branwell, el hermano de Charlotte, Emily y Anne. También decía Martín Gaite que ‘Rebeca’ nunca habría alcanzado la popularidad que la inmortalizó si no llega a ser por Hitchcock. Bueno, desde su publicación en 1938 Rebeca había vendido millares de ejemplares en Inglaterra y Estados Unidos y había sido traducida a una docena de idiomas. Selznick estaba convencido de que una película basada en el gran éxito de ventas de Daphne du Maurier arrasaría en taquilla. Pero es verdad, dando la razón a Carmen Martín Gaite, que Rebeca se estrenó en 1940 y en 1942 se habían vendido en todo el mundo dos millones de ejemplares de la novela. Y ahora hay más de 30 millones de ejemplares vendidos. Para Du Maurier era una novela sobre los celos. Sobre los que ella tenía por un antiguo amor de su marido que se había suicidado.

Daphne du Maurier (1907-1989) era una señorita de cuna meneada y muy leída. Nieta de George du Maurier, escritor y caricaturista de Punch e hija del actor Gerald du Maurier, también era prima de los niños en los que se basó James Barrie para Peter Pan. Una finolis de vida normal con una mente para lo perturbado y una obsesión, Menabilly, la casa que le inspiró Manderley. La alquiló y se fue a vivir allí con su marido y sus tres hijos. "Prefiero Menabilly a la gente". En 1965, su marido murió allí y ella se puso su ropa, tomó su pluma y se sentó en su escritorio para contestar la cartas de pésame. Desde luego, "anoche soñé que volvía a Menabilly" no habría sonado bien.

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