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El lado perverso de Louisa May Alcott, la autora de 'Mujercitas'

Se publica Tras la máscara, uno de los "relatos de sangre y trueno" de la escritora estadounidense, escrito bajo el seudónimo de A.M. Barnard.

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Portada de 'Tras la máscara' | dÉpoca

Para muchos, el nombre de Louisa May Alcott (1832-1888) va irremediablemente asociado a Mujercitas (1868)y, por lo tanto, a la literatura juvenil. Sin embargo, la escritora estadounidense tenía una faceta menos conocida, más perversa, y que exploró con mayor regocijo. Son sus "relatos de sangre y truenos", como ella misma definió, varios thriller de tradición gótica que escribió bajo el seudónimo de A.M. Barnard. Hace unos meses, se publicó en español El espectro del abad (Pulpture) y recientemente la editorial dÉpoca ha lanzado Tras la máscara, el domestic noir victoriano más importante y sugestivo.

En la Inglaterra de 1866, la institutriz Jean Muir, en apariencia una joven recatada de elegantes modales, llega a la aristocrática mansión de los Coventry. Tras esa máscara se esconde una gran astucia que explotará para malévolos fines. Este lado perverso la convierte en la antiheroína, un implacable personaje sumamente atractivo. Logra ganarse el cariño de señora Coventry, su hija Bella, el hijo menor, Edward, y sir John, el anciano y acaudalado tío. Solo Gerald, el hermano mayor, y Lucía, su prima, desconfían de la perfecta institutriz.

La publicación de Tras la máscara recupera una parte de la obra de Alcott que ha pasado inadvertida en nuestro idioma. Originalmente, fue publicada por entregas en un semanario. Es una novela victoriana con tintes melodramáticos, abundancia de diálogos y descripciones ligeras, influencia de otra de las vertientes de Alcott menos populares. La estadounidense escribió numerosas piezas para ser representadas. "Se le ocurría una idea, escribía una pequeña obra dramática sobre esa idea, nos asignaba a cada uno un papel con mucho acierto y dirigía, con su hermana Anna, una función infantil bastante respetable", dijo su hermano adoptivo. Tras la máscara está salpicada de símiles teatrales desde el inicio, en el que la protagonista habla de "alzar el telón".

Al igual que Jean Muir, Louisa May Alcott usó una máscara para publicar esta novela por miedo a dañar su reputación: el ambiguo nombre de A.M. Barnard. Comprometida con el movimiento abolicionista y los derechos de la mujer, prefirió el seudónimo para este tipo de relatos perversos donde se permitía incursiones en temas tan atrevidos como la seducción, el incesto, la venganza o el adulterio. Asimismo, su protagonista era una mujer que tomaba las riendas de su vida y se desprendía del corsé del siglo XIX.

Alcott sintió la responsabilidad de mantener a su familia desde muy joven y estos relatos respondieron a una forma de conseguir ingresos. Había crecido en un ambiente literario muy inspirador y a los 20 años comenzó a publicar sus primeros poemas y cuentos en revistas. Mujercitas supuso el fin de sus problemas financieros de por vida. En 1869 escribió en su diario: "Pagadas todas las deudas...¡Gracias a Dios!".

La identidad de A.M. Barnard estuvo oculta hasta 1942. Leona Rostenberg, historiadora y especialista en libros raros, resolvió el misterio tras toparse con una correspondencia entre Alcott y un editor de Boston. Este hallazgo amplió el abanico la producción literaria de la norteamericana y supuso una nueva evaluación de Alcott como escritora.

Louisa May Alcott. Tras la máscara (o el poder de una mujer). Traducción de Rosa Sahuquillo Moreno y Susanna González. Editorial D'Epoca, 2018. ISBN: 978-84-946875-5-6. 184 páginas + ilustraciones. P.V.P. 18,90 euros

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