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La Puerta del Sol, la última batalla de la Guerra Civil

La segunda sublevación la encabezaron los militares José Miaja y Segismundo Casado y participaron el PSOE, la CNT, Izquierda Republicana y la UGT.

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Los líderes del Consejo Nacional de Defensa, con Segismundo Casado a la cabeza. | Wikipedia

La Guerra Civil comenzó en julio de 1936 con el alzamiento de parte del Ejército y el respaldo de varios partidos políticos contra un Gobierno revolucionario y concluyó en marzo de 1939 con el alzamiento de parte del Ejército y el respaldo de varios partidos políticos contra un Gobierno revolucionario.

La primera sublevación, encabezada por los generales Sanjurjo, Mola, Franco, Queipo de Llano, Goded y Fanjul, se realizó en toda España contra el Gobierno del Frente Popular. La segunda, la encabezaron los militares José Miaja y Segismundo Casado y en ella participaron el PSOE, la CNT, Izquierda Republicana y la UGT.

Esta última se produjo el 5 de marzo de 1939 y fue consecuencia de las tensiones y los miedos de los partidos de izquierdas que formaban el Frente Popular y de las derrotas que se sucedieron desde el final de la batalla del Ebro. En enero había caído Barcelona. Febrero había concluido con la rendición de Menorca después de una negociación entre militares de los dos bandos y bajo supervisión británica; con el reconocimiento por Inglaterra y Francia del Gobierno de Burgos; y con la vergonzosa huida de la mayoría de los jefes políticos y militares de la República. Manuel Azaña, Diego Martínez Barrio, Lluís Companys, José Antonio Aguirre, Francisco Largo Caballero y el general Rojo se quedaron en Francia. Indalecio Prieto llevaba meses rondando por Hispanoamérica.

El único que cruzó los Pirineos y luego regresó a la zona centro (Madrid, Castilla la Nueva, Valencia, Almería y Murcia) fue Juan Negrín, presidente del Gobierno, que se rodeó de comunistas. El socialista canario reunió a la cúpula militar en Los Llanos el 16 de febrero para comunicarles su consigna de resistir hasta el estallido de una guerra europea.

Contactos entre Casado y Ungría

Los militares sabían que, aunque disponían de más de 800.000 soldados y de una flota, la resistencia era ya inútil. La retaguardia pasaba hambre, no podían recibir suministros, carecían de aliados diplomáticos y la desmoralización era general. Además, temían que, al amparo de la declaración del estado de guerra, los comunistas, que ocupaban la mayor parte de los puestos de mando en el Ejército Popular, acapararan más poder y hasta les depuraran.

El coronel Segismundo Casado, militar anticomunista, masón y jefe del Ejército del Centro, que desde hacía varios meses estaba en contacto con el Cuartel General del Generalísimo a través de la quinta columna y el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) del coronel José Ungría, decidió encabezar una sublevación con los objetivos de concluir la guerra y negociar la rendición con Burgos. El mayor peligro residía en la fuerza militar bajo su mando: de los cuatro cuerpos de ejército que la componían esta gran unidad, tres los controlaban comunistas; sólo podía contar con el IV Cuerpo, dirigido por el anarquista Cipriano Mera.

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Wenceslao Carrillo

La noche del 5 al 6 de marzo se realizó la sublevación de los militares profesionales, el sector antinegrinista del PSOE, encabezado por Julián Besteiro y Wenceslao Carrillo, la UGT y la CNT. En Madrid se constituyó el Consejo Nacional de Defensa, que destituyó a Negrín, refugiado en Elda. Mientas Negrín, sus ministros, los jerarcas del PC español y los representantes de la Komintern (Palmiro Togliatti y Boris Stepánov) huían en avión, los mandos de los Cuerpos de Ejército I, II y III preparaban la conquista de Madrid, y así, en los días siguientes, se libró una guerra civil dentro de la guerra civil.

Los casadistas solo pudieron cantar victoria el día 12, después de más de 200 muertos y de episodios de crueldad entre quienes habían combatido juntos contra los nacionales, como fusilamientos y asesinatos de heridos.

La sublevación anticomunista y la reacción del PCE también causaron muertos en otros lugares, como Valencia, Albacete, Ciudad Real y Toledo, pero la mayor mortandad ocurrió en Cartagena. En la base naval, el almirante Buiza tuvo que adelantar la fecha del golpe al 4 de marzo, pero no pudo imponerse sobre los comunistas, sobre todo después de que entrara en la ciudad la Brigada Mixta 206, de modo que la flota huyó a Bizerta el día 5, cuando Casado se alzó en Madrid.

Los nacionales, al tanto de la trama, habían preparado un convoy para penetrar en la base. La derrota de Buiza se comunicó a todos los buques de ese convoy, salvo al Castillo de Olite, que tenía la radio averiada y mantuvo su marcha. El 7 de marzo, lo cañoneó una batería de costa, La Parajola, que lo hundió inmediatamente. De los 2.100 hombres que iban a bordo, todos gallegos, murieron casi 1.500.

Sólo se admite la rendición

A partir del 12, el Consejo trató de negociar con el Gobierno de Burgos el fin de la guerra, pero el general Franco, cada vez más asentado en su condición de jefe del Estado y generalísimo, no lo aceptó, porque no quería un nuevo Abrazo de Vergara y porque poco tenía que ofrecerle un enemigo ya derrotado.

El 23 de marzo los coroneles José Ungría y Gonzalo Vitoria comunicaron a los negociadores enviados por el Consejo a Burgos, los coroneles Garijo y Ortega, que sólo se admitía la rendición incondicional. Se ofrecían salvoconductos para marcharse a quienes no hubieran cometido asesinatos, benevolencia para los inocentes y juicios para los responsables de delitos. El 26 comenzó la última ofensiva: las tropas franquistas entre Madrid y Peñarroya avanzaron sin topar con resistencia.

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Julián Besteiro.

El 27 de marzo los miembros del Consejo escaparon de Madrid hacia Valencia, salvo Besteiro, que sería detenido y encarcelado. El 28, los nacionales tomaron Madrid, ya controlada por la quinta columna, y el 29, Cuenca, Albacete, Ciudad Real, Jaén, Almería y Murcia.

El 30, los vencedores entraron en Valencia y Alicante. En esta última ciudad se vivieron episodios dramáticos cuando los republicanos comprobaron que no había barcos en los que huir. Casado fue uno de los pocos afortunados que pudo subir al buque británico Galatea. Desembarcó en Marsella el 3 de abril, el mismo puerto a donde llegó Alfonso XIII al salir de España casi ocho años antes. El 4 alcanzó Londres. Miaja huyó desde Valencia a Orán en avión.

El 31 se libera Cartagena, última ciudad republicana y la mayor base naval. Y el 1 de abril, día de la victoria, Franco dicta su famoso telegrama.

El 1 de septiembre estallará la guerra europea que esperaba Negrín, con Alemania contra Inglaterra, Francia y Polonia… y con la URSS como aliada del III Reich.

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