
Enrique Arnaldo Alcubilla (Madrid, 1957) sostiene que, ante todo, tanto el deporte como la literatura sirven para disfrutar: "Si una u otro no constituyen deleite es que no responden al fin para el que nacieron y para el que perviven". En su último ensayo, El deporte en la literatura (Espasa, 2025), el magistrado del Tribunal Constitucional defiende que el arte de la expresión verbal y la actividad física ejercida como juego o competición maridan desde la noche de los tiempos, e invita al lector a navegar, con una tripulación de escritores, por los distintos y muy diferentes meandros de tan vasto río: la idea religiosa, la pasión, los héroes, la instrumentalización política, etcétera. LD entrevista al también letrado de las Cortes, catedrático de Derecho Constitucional de la URJC y expresidente del Tribunal Administrativo del Deporte, un merengue de bien que afirma que "el Real Madrid es el equipo de Dios".
P: Señor Arnaldo, ¿es mejor un hombre que lee que uno que no lo hace?
R: No tengo ninguna duda. La lectura abre los poros de la mente, te traslada, te hace vivir cosas que no has vivido personalmente: las vives a través de otro. La literatura ensancha fronteras. Yo aprendí a leer a través de mi madre, que me incitó a empezar las lecturas. He intentado hacer lo mismo con mis hijos.
P: ¿Recuerda cuál es el primer libro que le marcó?
R: Los primeros libros que leí eran del realismo español. A mi madre le gustaban libros muy tradicionales y previsibles: los de Armando Palacio Valdés, Concha Espina, los hermanos Álvarez Quintero, Galdós… Recuerdo uno de Galdós que se llamaba Miau. También leía algún libro de ensayo de la biblioteca del colegio, de la II Guerra Mundial.
P: ¿Y el último?
R: El último que me ha impresionado ha sido El loco de Dios, de Javier Cercas, sobre el viaje del papa Francisco a Mongolia. Es un libro escrito por un presunto ateo, descreído, que me ha llevado a pensar que, probablemente, es más creyente que cualquiera de los que somos creyentes.
P: Como lector, ¿qué le pide a un buen libro?
R: Voy a empezar por lo más vulgar: le pido que tenga un tamaño razonable. No estamos para leer libros de 600-700 páginas. Le pido a los libros que no repitan, que no se extiendan, que vayan un poco más al grano. Deleitarse en la escritura, pero no repetir argumentos o conceptos. Le pido cuidado a la escritura: que haya un lenguaje atractivo. Y le pido originalidad, entretenimiento. Que estés deseando dejar lo que estés haciendo para coger el libro. Y siempre en papel, por cierto.
P: Unamuno: "Lo que mejor lleva al deporte sano, desinteresado y puro es, sin duda alguna, la literatura". ¿Suscribe?
R: Es una frase bonita, digamos, de Unamuno. Probablemente, es la frase que me sirve para intentar demostrar que el deporte no es solamente un hecho físico, sino un hecho literario: también abre la mente de escritores para escribir acerca de las vivencias a las que el deporte les lleva.
P: La contraposición de gimnasios vs. bibliotecas, ¿es populista?
R: Creo que en los centros culturales, al menos, en los de Madrid, hay un montón de gente estudiando. Las bibliotecas están llenas, pero los alumnos llevan sus apuntes. No tengo la sensación de que el español sea un pueblo especialmente lector. Eso contrasta con la Feria del Libro o Sant Jordi, donde hay montones de personas comprando libros. A la vez, los gimnasios están hoy más valorados que las bibliotecas y que las librerías. De hecho, hasta en los grandes almacenes, los libros han pasado a un lugar menos importante en la colocación. Se valora más tener una buena forma física que estar al día en la literatura.
P: El deporte se pierde en la noche de los tiempos. ¿También su maridaje con la literatura?
R: Intento demostrar que sí. El hombre juega desde que es hombre. El Homo ludens, que dice Huizinga. ¿Cómo jugaba? Con juegos muy elementales, con juegos de cuerpo: correr, saltar, pelear… Mi teoría es que lo que cambia el sentido del deporte es la aparición de la pelota. Hay deportes de cuerpo con un elemento externo, como la natación, y otros que necesitan un elemento extraño, que es una pelota. Y sí, desde la noche de los tiempos, hay quienes cantan al deporte y a los deportistas: Dionisio de Sicilia o Séneca escriben sobre hombres que hacían deporte en su tiempo de ocio.
P: ¿Cuánta política cabe en un espectáculo deportivo?
R: Los que han instrumentalizado más el deporte han sido los regímenes totalitarios. Desde luego, el pionero es Hitler, aunque los JJOO de Berlín en 1936 le salieron mal. Pero los que han instrumentalizado el deporte hasta límites insospechados han sido los países comunistas. Hasta el punto de que utilizaban sustancias dopantes para elevar el nivel de sus deportistas y demostrar al mundo que el régimen comunista era el mejor. También hay utilizaciones buenas, por así decirlo. El mejor ejemplo lo vemos en El factor humano, de John Carlin. Es algo muy parecido a lo que ocurre en España con el gol de Iniesta, precisamente, en Sudáfrica: el momento estelar del patriotismo español en los últimos cuarenta años.
P: Luego está el, citando a Vázquez Montalbán, "ejército desarmado de Cataluña".
R: La identificación de un club con una ideología es una deformidad. Incluso con una región o una nación. Nosotros nos identificamos con la selección nacional, pero no con un club. Dentro de España hay muchos clubes, y dentro de Cataluña, también. De hecho, el otro día, el Gerona ganó al Barcelona.
P: ¿Y cuánta religión cabe en un espectáculo deportivo?
R: El deporte es la religión laica del mundo contemporáneo. Lo único realmente movilizador y unificador en el mundo moderno es el deporte. De alguna manera, el estadio es la iglesia contemporánea; el árbitro se vestía de negro, como los curas; hay un himno, un respeto al equipo propio…, sustituyes la figura religiosa por la copa.
P: Y, como en toda religión, también hay fanatismo.
R: Mucho. La palabra "hooligan" aparece en un periódico británico a mediados del siglo XIX. El hooligan es el que tiene orejeras, el que no ve más allá. Tiene una obsesión desmedida. Tanto, que no sólo quiere el bien propio, sino el mal para el otro: el disfrute real está ahí. El fanatismo tiene manifestaciones horribles. Ahí está la tragedia de Heysel, la avalancha de los radicales del Liverpool que arrollaron a no sé cuántos seguidores de la Juventus. También hubo un muerto en el Manzanares.
P: El tal Jimmy, de los Riazor Blues.
R: Y recuerdo alguna escena desafortunada con Jesús Gil y el presidente del Compostela. Es verdad que ese fanatismo está más controlado. Esa violencia entre hinchas ha sido sustituida por cierto odio hacia determinados jugadores. Escuchas gritos no sólo racista o xenófobos: le desean la muerte al jugador.
P: Vamos acabando, señor Arnaldo. ¿Cómo andan en el TC de deportividad?
R: "Deportividad" significa "respeto", básicamente. Entonces, respeto sí existe (risas). Cada uno puede defender su posición. Pero quizá deportividad sea algo más que el respeto. Es intentar la igualdad de condiciones. Es decir, que la minoría pueda convencer a la mayoría. Que podamos empatar o ganar algún partido. Y esto no pasa: la minoría siempre pierde.
P: ¿Hay algún Negreira?
R: No está acreditado (risas). Negreira, en el sentido de una persona que puede manipular el resultado, no. El resultado del tribunal, normalmente, es previsible. La mayoría consolidada a lo largo de estos últimos tres años siempre gana.
P: Como magistrado y novelista, ¿qué opinión le merece que el escándalo arbitral haya cumplido su tercer aniversario… aún en fase de instrucción?
R: Oigo de vez en cuando como una resurrección. Hay falta de colaboración por parte de la persona investigada, de familiares y tal, y falta de colaboración por parte del club presuntamente beneficiado. Y no hay fuerza para continuar la investigación por parte de quien debe impulsarla, que, imagino, debe ser el Ministerio Fiscal y alguna acusación particular. La gente tiene que ir al campo sabiendo que el resultado puede ser cualquiera.
P: Va la última: ¿ve al Madrid ganando algo esta temporada?
R: Después de haber visto en el estadio el partido de ayer (contra el Benfica; la entrevista se hizo el jueves), no está fino. El Madrid tenía un equipo de diez u once grandísimos jugadores; hoy, son tres o cuatro. Pero recuerdo años en los que no dábamos un duro por el Madrid y hemos rascado algún título.

