
En Reinas Infieles, publicado por Editorial Planeta, Carmen Gallardo recopila las historias de doce reinas que rompieron moldes y desafiaron los juicios sociales de su época. "Detrás de los brocados y las sedas había dolor, sufrimiento y humillaciones. Ya tocaba revisar un poco el papel de las reinas", explica la autora en Es la mañana de fin de semana de Es Radio, donde insiste en que durante siglos solo se ha mostrado "la parte más amable", centrada en "sus vestidos, sus joyas o la descendencia".
Gallardo subraya que, aunque los contextos y motivaciones de estas mujeres eran distintos, todas compartían un patrón: la rebeldía frente a las expectativas y matrimonios pactados. "La desgracia estaba detrás de muchas de ellas, reconocida o no", afirma, y añade que muchas actuaron condicionadas por alianzas políticas en las que "no decidían con quién debían casarse". Entre los casos destaca el de Catalina la Grande de Rusia, una figura que "tuvo muy claro desde niña que ansiaba el poder" y que, según la autora, "eligió a sus amantes como los hombres han elegido tradicionalmente, sin pedir perdón".
El libro analiza cómo la moral de la reina se utilizaba como herramienta de descrédito: "Han pasado nueve siglos entre Urraca I de León y la reina Paola, pero en todas coincide el ataque a la moral", señala Gallardo, que subraya que en muchos casos ese cuestionamiento "ni siquiera importaba por la reina, sino que se utilizaba para atacar al rey o a la institución". Urraca I ejerció el poder real plenamente y defendió su herencia frente a Alfonso el Batallador, en un contexto que la autora considera distinto a otros casos posteriores.
Gallardo resalta también el papel de figuras secundarias, como el doctor Estruense, o la cuñada de Isabel de Borbón-Parma, cuya correspondencia refleja el conflicto de una princesa que "se rebelaba interiormente contra el papel que debía cumplir" y rechazaba un destino centrado en el matrimonio y la descendencia.
Algunas de estas mujeres, como Catalina de Médicis o Catalina de Rusia, ejercieron un poder comparable al de los hombres, ampliando territorios y consolidando su autoridad. Otras, como Paola de Bélgica, vivieron una realidad distinta: "No quería ser reina" y acabó enfrentándose a un entorno que, según Gallardo, ocultó las infidelidades de su marido mientras exponía su comportamiento. "A lo largo de los siglos, amor y sexo no siempre han ido de la mano en las casas reales", concluye la autora, que reúne doce historias marcadas por la rebeldía frente a "un destino implacable".

