
Publica Sabina rola nueva, "Un último vals", magnífica, crepuscular, personalísima, y aflora una legión de sepultureros –en general, bienintencionados– decretando el punto final de su cancionero. Guárdense, señores, el azadón y la pala. Sólo sabemos, por Fernando León de Aranoa, que no habrá más videoclips. Recordemos que, en noviembre de 2022, el ubetense contó en El Hormiguero que trabajaba en un nuevo disco con Leiva y, al menos, mientras escribo, nadie ha proclamado el requiescat in pace de ese proyecto –tampoco se ha comunicado si continúa adelante–. También conviene señalar que, en julio, cuando anunció su gira de despedida de los grandes cosos, Hola y Adiós, el comunicado que publicaba su web oficial señalaba que "jamás dejará de escribir las historias y canciones que siempre le rondarán la mente", amén de que el bardo se guardaba "en la manga el as de reaparecer a placer, sea porque las musas le susurren poemas o canciones que merezca la pena compartir, o porque le piquen las ganas de subirse a cualquier entarimado para darse, darnos, un homenaje".
"Un último vals" puede ser el último vals, mas nadie debe pasar por alto la diferencia que hay entre un artículo indeterminado –el que se usa en el título de la pieza– y uno determinado. Igual no hay más canciones nuevas, igual sí. Sabina, "cinturón negro en pesimismo", es guadianesco e imprevisible. Se hace extraño dar por amortizada su creatividad. Llegado el caso, cosa que dudo, no queda más que echar un vistazo por el retrovisor, y reencontrarse con "Calle Melancolía", "Que se llama soledad", "Siete crisantemos" o "La del pirata cojo", por citar sólo un póker de diamantes de su vasta joyería, darle las gracias y celebrarle.
El discurso de "Un último vals" no difiere mucho de sus últimas canciones: "Sintiéndolo mucho" y "Contra todo pronóstico". Escriben Sabina y Benjamín Prado, compone Leiva. Quien canta ha dicho en alguna ocasión que envejecer "es una gran putada". Partiendo de esa base, discursa sobre el momento vital en el que se halla con nostalgia, ironía y consuelo. El arranque es fabuloso: "Cuando no salga mi jeta en los diarios / ni los novios bailen ya noches de boda, / cuando sólo esté de moda / si me caigo otra vez del escenario. / Cuando el otoño esté más loco que una cabra, / cuando cenes en el bar del hospital, / cuando ensayen los colegas las palabras / que dirán el día de mi funeral".
En el videoclip, dirigido por León de Aranoa, desembocan, progresivamente, sus amigos: Leiva, Serrat, José Tomás, Ricardo Darín, Calamaro –quien algo contó en su cuenta no oficial de X–, Ariel Rot, Jorge Drexler, etcétera. También el maestro Krahe, sin la barba blanca, resucitado por IA. También su mujer, Jimena Coronado, y sus hijas. Y los miembros de su actual banda. Según el cineasta, el corto "remite a los Nighthawks del cuadro de Hopper, al final de Fat City, la película de John Houston, en la que Stacey Keach busca con desesperación un interlocutor al otro lado de la barra, al que quizá después no tenga nada que decir. Lo que Joaquín le confiesa esta noche al barman, es su canción. La escena comienza como un soliloquio machadiano –"converso con el hombre que siempre va conmigo"- y termina como una celebración. Y es que la canción es también un reconocimiento, una declaración de amor; un homenaje a esa persona que siempre está cuando la necesitas".
Este jueves, además, los canales oficiales del artista anunciaron las fechas y las ciudades del tramo español de Hora y Adiós. En suelo patrio, la gira arranca el 1 de mayo de 2025 en Las Palmas de Gran Canaria y concluye el 7 de noviembre en Bilbao –raro será que no anuncie un epílogo en Madrid–. Entre medias, Málaga, Palma de Mallorca, Zaragoza, Pamplona, Murcia, Granada, Barcelona o, por supuesto, la capital del Reino –en dos tandas: 19 de mayo y 2 de junio, y 2 y 4 de julio–, donde los pájaros que padecen mal de amores se desgañitan, embrujados, cantando "Yo me bajo en Atocha".
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