
Cantautor romántico de baladas que aún se recuerdan como "Sweet Caroline", "Song Sung Blue", "September Morn" o "Longfellow Serenade", aun transcurrido medio siglo, Neil Diamond lleva sin actuar en un escenario desde 2018, cuando declaró que se retiraba debido al Parkinson que comenzaba a padecer. Y así ha proseguido, aunque, dominado por una vocación poderosa, de vez en cuando interviene excepcionalmente en algún evento, aunque solo para recordar a su audiencia las notas de algunas de esas piezas mencionadas, las más conocidas de su repertorio. Es triste que se tuviera que retirar cuando su prestigio como autor e intérprete continuaba manteniéndolo y se le consideraba uno de los mayores vendedores de discos.
Lo conocí una noche de 1974 en el segoviano Mesón de Cándido, que nos preparó un suculento menú con truchas y, cómo no, su tradicional cochinillo asado, del que dimos buena cuenta. Supe de la vida de Neil Diamond a través de una amena conversación. Un ser muy cortés, de carácter sereno, que nos empezó diciendo que él estudiaba Biología y Química, carrera que interrumpió para dedicarse a componer y a cantar. En su repertorio se encuentran muy diversos estilos musicales: baladas, rock suave, blues, gospel, country-rock, soul, pero por encima de todos ellos, melodías románticas. Estrenó piezas de esos géneros y también cedió otras para Ray Charles, Aretha Franklin, The Monkees…
Pensando en Caroline
Neil Diamond es neoyorquino, nacido en Coney Island, Brooklyn, el 24 de enero hace justamente ochenta años. Ahora los celebra, feliz, pero echando de menos su vida activa en los escenarios y los estudios de grabación. Hijo de militar, iba a menudo a cines de barrio, le encantaban las películas del Oeste, aquellas donde sonaban canciones vaqueras. A los dieciséis años tuvo entre sus manos una guitarra, aprendió pronto a arrancarle sonidos y ya nada ni nadie le hizo arrepentirse de su profesión musical. Actuando en un local neoyorquino del barrio bohemio del Greenwich Village le propusieron grabar un disco. Tuvo suerte porque en poco tiempo se difundieron estas canciones suyas: "Solitary Man", "Cherry, Cherry", "It got a feeling"… Una de ellas sería siempre la que más popularidad, y dinero, le produjo: "Sweet Caroline". Cuyo argumento nos lleva a un amor secreto de Neil, y la melodía empezó a sonar en la radio y la televisión hasta utilizarse en bodas y eventos deportivos.
Sería en 2017 cuando el propio artista declaraba que la compuso pensando en Caroline, hija del presidente John F. Kennedy. Pero años después rectificó, sin explicar el cambio, diciendo que la destinataria de tan bella creación musical era su primera esposa, Marcia Murphey. ¿Lo hizo para reconciliarse con ella, celosa de que le hablara de Caroline? El caso es que "Sweet Caroline", que grabó en 1969, llegó al número 4 de la lista de "Billboard", de la que se vendieron miles de copias.
Tres matrimonios, cuatro hijos
Al conversar con Neil Diamond no sospechamos que fuera un seductor. Pero sí lo era, con tres matrimonios a sus espaldas ahora que hacemos recuento de su vida, pues cuando lo entrevistamos seguía casado con su segunda esposa. La primera fue Jaye Posner, maestra de escuela secundaria, que fue su novia ya en los tiempos escolares; tuvieron dos hijas. Esa unión duró entre 1963 y 1967. En 1969 fue cuando, ya divorciado, tuvo otro enlace con la antes citada Marcia Murphey, asistente de producción, que le dio al cantante dos retoños. En 1994 rompieron definitivamente. La tramitación del divorcio fue larga y costosa. Ciento cincuenta millones estuvieron en juego, y tuvo que pagar una elevada cantidad.
Tuvo luego en 1996 una relación con la australiana Rae Farley, aunque se lo pensó dos veces y no se comprometió más que a mantener una íntima amistad, sin papeles de por medio.
Un tanto mosqueado por sus dos fracasos, sobre todo por la pasta gansa que hubo de pagar por decisión judicial a la segunda de sus esposas, Neil Diamond tardó en volver a casarse. Pero a fuerza de verla a diario, acabó pidiéndole matrimonio a su "manager", Katie McNeil, a la que le llevaba treinta años de diferencia. Podía ser perfectamente su hija. Desde 2012, es su compañera y está permanentemente pendiente de la salud de Neil.
Le dolió mucho fracasar como actor
Neil Diamond me anunció en el comedor de Cándido que deseaba ser actor de cine y si fuera necesario, producir él mismo la película. La verdad es que sus propósitos no llegaron a buen puerto. Porque cuando se sometió a unas pruebas para el "casting" de "Lenny", que iba a dirigir el acreditado coreógrafo Bob Fosse en 1974, fue desestimado y, en su lugar, quien se llevó el gato al agua fue Dustin Hoffman, como recordarán los buenos aficionados al cine musical.
De resultas de aquella experiencia compuso "I Am… I Said". Quiso probar de nuevo ante las cámaras. Y por fin consiguió protagonizar la que iba a ser su primera, y última, aparición en la pantalla: "El cantor de jazz". Recuérdese que con ese mismo título se había estrenado en 1927 la considerada primera película hablada, aunque dos años antes nuestra Conchita Piquer hubiera interpretado, con sonido, varias canciones para un cortometraje.
"El cantor de jazz", primera versión, fue todo un acontecimiento del que se aprovechó, como se suponía, su protagonista, Al Jolson, que era ya muy conocido en Nueva York con sus espectáculos de revista, de lo que se llamaba "music-hall".
Superar aquel éxito con una nueva versión, un "remake", era a priori un riesgo. Lo asumió Neil Diamond. Como actor pegó un petardo. Aunque no del todo si recordamos que su banda sonora era notable. Y él no salió perdiendo: cobró cuatro millones de dólares.
En ocasiones, Neil recurría a cantar éxitos del pasado, como le ocurrió con "As Time Goes By", la conocidísima melodía de la película "Casablanca".
Diamond siempre se lució con su preciosa y dulce voz. Decía: "La mejor inspiración que tengo como compositor e intérprete me llega al estar enamorado".
Le llovían los contratos. En los años 70 cantó en Las Vegas durante una temporada, a razón de seiscientos mil dólares por noche. No nos extraña que con su alta cotización se haya calculado su fortuna actual en doscientos millones de dólares. Vive con su mujer en un lujoso chalé en Malibú, término de Los Ángeles.
Creyó morirse pronto
Se había recuperado de un cáncer cuando después hubo de afrontar el Parkinson en 2018. Sabido es que quienes lo padecen sufren terribles trastornos cerebrales, movimientos involuntarios incontrolables, temblores, rigidez del cuerpo, dificultades para andar, para hablar, pérdidas de equilibrio, fatiga… No les voy a seguir contando más problemas que ha tenido que ir sufriendo el cantautor de "Sweet Caroline".
Cuando supo de su irremediable mal, Neil Diamond creyó morir pronto. Y con esos negros pensamientos se acostaba todos los días sin poder dormir, dándole vueltas a su mente. Decidió despedirse de sus amigos por carta. Y cuando iban pasando meses, si no optimista, al menos pensó que todavía estaba vivo y no debía dejarse vencer por malos augurios; ya contábamos que a fuerza de mucha voluntad, a pesar de su amarga retirada, algunas veces reapareció fugazmente en algún escenario. Por ejemplo, en junio de 2022 en el estadio de Boston. Solo para entonar su célebre melodía. Ese mismo año, el 4 de diciembre, se estrenó en un teatro de Broadway "A beautiful Noise", un musical que recorría la vida y los éxitos musicales de nuestro personaje, que asistió emocionado al evento. Espectáculo que se mantuvo en cartel más de un año.
Y así ha continuado, gozando cada vez que podía entonar ante su público "Sweet Caroline". En el último otoño lo repitió en un festival en Denver. Y de nuevo en casa, dispuesto a menudo a seguir componiendo melodías, aunque ya no pueda divulgarlas con aquella voz que le hizo triunfar en todo el mundo.

