
No se necesitan true crimes con series como Esa Noche. La exitosa ficción española en Netflix tiene tras las cámaras un curioso totum revolutum de nacionalidades: está basada en la novela de la británica Gillian McAlister, ideada por Jason George, creador de la entretenida (y, como suele ocurrir, olvidada) serie de Netflix Into the Night, y dirigida en gran parte por el español Jorge Dorado, madrileño acostumbrado a dirigir producciones internacionales como Mindscape. Rodada en parte en República Dominicana, narra la crisis de tres hermanas vascas tras una terrible crisis que deriva en la muerte ¿accidental? de un policía.
Esa Noche lo tiene todo para cumplir el expediente de miniserie de Netflix genérica, y ciertamente lo hace. Pero la interpretada (y muy bien) por Clara Galle, Paula Usero y Claudia Salas va más allá gracias a la excelente puesta en escena de Dorado, que no solo aprovecha el escenario de Punta Cana sino que sabe crear ritmo visual, y el manejo de esos dos niveles que toda ficción debe denotar con más o menos equilibrio: el título Esa Noche parece hacer referencia al momento en que se tuercen las vacaciones en Punta Cana, pero tal y como sugiere la estructura desordenada de la serie, quizá haga referencia a otra noche del año 2003 en la vida de las hermanas.
La mezcla de thriller psicológico, drama y hasta comedia (la interpretación de Clara Galle es una maravilla, forzando los límites del humor sin romper el personaje) funciona dentro de un abanico de oscuridad moral del que el espectador no se puede deshacer. Uno cae rendido ante los diferentes caracteres de las tres hermanas al tiempo que presencia sus desequilibrios, negaciones, defectos y, en definitiva, sus respectivas máscaras, ya sea el hippismo, la violencia o la falsa ingenuidad. Dorado ha elaborado una serie en la que sus heroínas tienen poco de santas, por mucho que también sean víctimas de una serie de circunstancias.
Esa Noche se aleja, por tanto, de tópicos de serie empoderadora de mujeres para apoyarse en su propia historia con un dominio técnico sobresaliente y un sentido del humor negro delicioso que chapotea en las decisones morales de las protagonistas. La historia empieza de manera fulgurante, sin presentaciones típicas, sabedora de que la peculiar estructura en base a recuerdos fragmentados, flashback canónicos y puntos de vista (cada capítulo se organiza en torno a un personaje) rellenará los huecos… y creará otros. Todo se desenvuelve de manera natural, dinámica y fresca: la cámara de Dorado y la segunda directora, Liliana Torres, está siempre donde debe y aprovecha al máximo el panorámico.
Pero son sus tres (o más bien cuatro) actrices, capaces de alejarse de la declamación y de encontrar a unos personajes bien delimitados en el guion, las que elevan la serie y le proporcionan un equilibrio entre humor negro y drama personal muy trabajado, engrasado por una dosis de locura, capaz de coquetear con el ridículo sin miedo a perder la credibilidad.. y sí, donde caben reflexiones sobre la maternidad y sus efectos reales en clave de puro thriller psicológico.
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

