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Celso Varela

Lisboa para dummies

Si eres Carlos Vila y has perpetrado el guion de 'Si es martes, es asesinato', lo último que deberías hacer es aspirar a que la gente se acuerde de ti.

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Lo más escalofriante que me ha sucedido en todos los años que llevo viviendo en mi barrio lisboeta fue una vez que fui a la tintorería a recoger unas camisas y estaba cerrada. Me volví a casa con las manos vacías, esa noche me tocó ponerme una camisa distinta de la que tenía pensada y eso fue todo. Por eso me desconcertó recibir hace una semana un whatsapp de mi hermana que decía: "Estoy viendo una serie española chorra de detectives en la que sale toda Lisboa. Hay incluso una persecución en tu barrio". ¿Persecuciones en mi barrio? Eso había que verlo.

La serie en cuestión se llama Si es martes, es asesinato, y está disponible en Disney+ (que, como siga haciendo series tan cutres como esta, va a acabar convirtiéndose en Disney—). Su planteamiento es de una ingenuidad sonrojante: unos españoles se van a un viaje organizado a Lisboa y se tiran allí una semana con una guía que los pastorea las 24 horas del día, como si en vez de en Lisboa estuvieran en las llanuras del Serengueti. A partir de ahí, la serie va cuesta abajo y sin frenos.

Los viajeros se alojan en un hotel destartalado, pero donde los empleados van vestidos como si trabajasen en el Ritz de Abu Dhabi. La primera noche se produce un asesinato. El muerto es el único portugués del grupo y resulta además ser profesor de mi facultad. Un poco más y el muerto soy yo.

Cuatro españoles del grupo deciden ponerse a investigar en contra del criterio de la policía portuguesa, que no ve en la muerte más que un accidente. Asistimos entonces a una sucesión de escenas absurdas trufadas de diálogos inverosímiles por toda la capital portuguesa. Parece de hecho una serie patrocinada por la Concejalía de Turismo de Lisboa en la que la trama sirviese de fondo a los paisajes y no al revés.

Uno de los muchos sinsentidos de la serie (que no es el mayor de todos, pero si el que más me toca de cerca) es cuando van a investigar a mi facultad y tienen que idear una estratagema para sortear al segurata, como si una facultad fuese un Ministerio y no un lugar al que puede entrar cualquiera (incluso yo).

La serie es tan mala que hasta los personajes parecen darse cuenta de ello. En la persecución que tiene lugar en mi barrio (en unos Segway de turistones), hay un personaje que le dice a otro:

—Esta es la persecución más ridícula de la historia.

Y el otro le responde:

—No te voy a decir que no.

El que mayor cabreo lleva encima es el policía, que es un portugués con los ojos rojos, que está siempre a punto de echarse a llorar y que parece decirse: "Está Lisboa llena de españoles que venís a dar gritos y a hacer el gamba, a tocarnos las narices con vuestras despedidas de soltero, a aumentarnos el precio de los alquileres con los pisos turísticos, y ahora solo faltaba que vinierais a hacer series infames como esta".

El autor de esta infamia no solo no se avergüenza, sino que se regodea en ella. Hay una escena en Alfama en la que un portugués, que quiere acabar con nuestros Hércules Poirot de pacotilla, se precipita desde lo alto y la palma. Cuando los españoles lo registran para desvelar su identidad, encuentran una tarjeta con su nombre, Carlos Vila, que es el mismo del creador de la serie.

Esta coquetería debería estar reservada a las obras maestras, pues solo el talento la justifica. Si eres Hitchcock y has rodado Vértigo, puedes salir haciendo un cameo en una escena. Si eres Miguel Ángel y has pintado los frescos de la Capilla Sixtina, puedes dejar tu autorretrato en la piel de San Bartolomé. Pero si eres Carlos Vila y has perpetrado el guion de Si es martes, es asesinato, lo último que deberías hacer es aspirar a que la gente se acuerde de ti, porque no se va a acordar para bien. Este guion de Carlos Vila es el — de Disney—.

¿Es esta la serie más ridícula de la historia? No os voy a decir que no.

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