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Al leer la 'Odisea'

Si el viaje de Odiseo se reduce a unos pocos cantos, lo que ocupa el mayor espacio en la obra es la preparación y la consumación de la matanza de los pretendientes. De esto es de lo que realmente trata la 'Odisea'.

Si el viaje de Odiseo se reduce a unos pocos cantos, lo que ocupa el mayor espacio en la obra es la preparación y la consumación de la matanza de los pretendientes. De esto es de lo que realmente trata la 'Odisea'.
Matt Damon en 'La Odisea' | Cordon Press

De las catorce definiciones que Italo Calvino propuso de los clásicos, la más oportuna para lo que os vengo a contar es esta: "Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados e inéditos resultan al leerlos de verdad". Algo así me sucedió este verano al leer la Odisea, de cuya trama tenía un conocimiento cabal porque me la había relatado mi padre en una de las tardes muertas de mi infancia. La historia me resultó fascinante, pero nunca me había adentrado en el texto original hasta hace unas semanas, cuando decidí hacerlo para poder establecer una justa comparativa con la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan.

Antes de que me preguntéis por la película, os diré que me encantó y que las tres horas se me pasaron volando, aunque deja mucho que desear la actuación de Matt Damon, que va de aquí para allá como un pasmarote. Continuamente se ve envuelto en lances prodigiosos y terribles, y él los afronta con la flema del hombre que se pregunta quién es el último en la fila de la carnicería. Pero volvamos al libro.

Al leer la Odisea, han sido varios los elementos que me han sorprendido. El primero de ellos es que el verbo que más se repite es llorar. Odiseo llora por todo. Llora de rabia, de miedo, de nostalgia, de alegría…. A mitad de lectura, no sabía si me sudaban las manos por el calorazo de Alicante o por los lagrimones sin tregua de Odiseo, que desbordan el dique de las páginas y empapan al lector.

En segundo lugar, me ha caído el mito de la astucia de Odiseo. Homero siempre se refiere a él como "el de muchas tretas", pero, salvo en la cueva del cíclope, no veo yo a Odiseo muy avispado porque siempre tiene a la diosa de ojos glaucos para resolverle la papeleta. Es ella la que le avisa de todo lo que le va a suceder —y de paso nos hace spoiler a los lectores— y la que le da las claves para salir victorioso de sus aprietos. Odiseo es el niño mimado de Atenea.

Por último, al leer la Odisea he descubierto que no es una historia de aventuras, como siempre había creído, sino un relato de suspense. Los episodios que más me habían cautivado en mi niñez ocupan apenas unos cantos en la obra, aquellos en los que Odiseo refiere su viaje a los feacios. Ocupan tan poco que Homero se saca de la manga a Calipso y la deja a cargo de Odiseo durante siete años solo para que el viaje alcance la bonita cifra de diez.

De esos siete añazos que Odiseo se pasa con Calipso, lo único que les dice a los feacios son estas frases, con las que concluye la crónica de sus peripecias: "Fui arrastrado durante nueve días y a la décima noche los dioses me dejaron en Ogigia, donde vive Calipso, la de hermosas trenzas, terrible diosa de humana voz. Ella me albergó cariñosa y me cuidó. ¿Qué más te voy a contar?".

¿Cómo que qué más te voy a contar? Odiseo, cabrón, que te pasaste siete años dándole mambo a Calipso, come on ninfa light my fire. Échale pimienta al guiso, Odiseo, que queremos saber detalles. Cuéntanos qué posturas del kamasutra mejor cabalgan al ritmo de tus hexámetros. Danos carnaza a tu público, Odiseo. No nos dejes así.

Si el viaje de Odiseo se reduce a unos pocos cantos, lo que ocupa el mayor espacio en la obra es la preparación y la consumación de la matanza de los pretendientes. De esto es de lo que realmente trata la Odisea.

En Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, se nos anuncia nada más empezar que hay un tipo al que van a matar y, al final de ese mismo capítulo, se nos confirma que lo han matado. "En ese momento —decía Gabo— el lector ya no va a mirar la última página para ver si lo mataron, sino que tiene que leerse línea por línea el libro para saber cómo lo matan". Algo parecido ocurre con la Odisea. Sabemos desde el principio que Odiseo debe regresar a su patria y acabar con los pretendientes, pues tal es la voluntad de los dioses, pero tenemos que leernos toda la obra para descubrir cómo lo hace. La Odisea es la crónica de un porrón de muertes anunciadas.

Es en este punto donde el clásico que creía conocer me ha provocado la mayor sorpresa, aunque no ha sido en el buen sentido. Se me han hecho tediosos tantos cantos para alcanzar un desenlace que, en el relato de mi infancia, se había resuelto de forma más expeditiva. Por el contrario, aquellos episodios que mi padre, con sus excelentes dotes de narrador, adobó con mayor dramatismo —como el de las sirenas—, se despachan aquí sin profusión de detalles.

Reconozco los extraordinarios méritos de esta obra, pero no ha acabado de enamorarme. Me gusta más la Odisea que me contó mi padre que la Odisea de Homero.

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