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Broadway, West End, Jovellanos

'Galanteos en Venecia' es lo que la zarzuela aspira a ser: un soberbio espectáculo contemporáneo que no renuncia a su esencia.

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Momento de 'Galanteos de Venecia' | Teatro de la Zarzuela

Escondido en la calle Jovellanos, número 8, detrás del Congreso de los Diputados, se encuentra un recoleto y discreto coliseo que esconde un también discreto género. Cuando contempla un trabajo como el de 'Galanteos en Venecia', el título que abre la nueva temporada lírica, se pregunta qué más hay que hacer para rescatar a la zarzuela del ostracismo. Cualidades sobran, no digamos ya razones.

Repuesta por primera vez desde hace más de 130 años, con música del siempre gozoso Francisco Asenjo Barbieri y texto de Luis Olona, se trata de una amable intriga ambientada en la ciudad italiana. Condes, gondoleros y cortesanos se enredan en lujurias y amores en el siglo XVI. Hasta aquí, el interés de la propuesta se mantiene en un nivel aceptable. Pero aumenta si añadimos una licencia, casi un juego narrativo: la función se va a retransmitir por televisión, en cualquier momento puede interrumpirse -cosas del directo- para repetir tomas o dar indicaciones al público. Naturalmente, todo es parte del espectáculo. Pero esta simple idea permite tomar distancia irónica de un libreto demasiado ingenuo, a la vez que posibilita que el personal técnico pueda mover la escenografía a su antojo y, lo mejor de todo, ofrecer tronchantes escenas a cargo del regidor, Pepín Tre ("Ahora vienen todos con sus teléfonos móviles. Antes, cuando no lo eran, casi nadie se los traía).

La escenografía es espectacular

Y ese interés referido se dispara con la dirección escénica de Paco Mir -se echa de menos a sus sobrinos del Capitán Grant-, torres y puentes que se transforman en un barco, un puzzle gigante que hace volar nuestra imaginación. En el reparto, muy coral, encontramos a Sonia de Munck, Carlos Cosías y Fernando Latorre, que ya brillaron en la feliz "Los diamantes de la corona". Destacan José Antonio López, un imponente y rotundo barítono en el papel del capitán Don Juan, y a Juan Manuel Padrón como el lazarillo Pablo, realmente divertido en la Canción de la borrachera, y que se gana al público desde su primera escena.

¿Suena a ditirambo comparar la zarzuela con un montaje de musical americano? Suena, hasta para los más devotos del género. La coreografía, por ejemplo, sigue siendo una asignatura pendiente. Pero producciones como este "Galanteos en Venecia" marcan un camino a seguir, el de la renovación sin disparate, el de la fidelidad sin bostezos, el de la diversión exportable y la espectacularidad para todos los públicos. Eso último es lo que está por ver.

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