
Dinamarca ha retirado oficialmente sus cazas F-16 Fighting Falcon tras 46 años de servicio ininterrumpido en su Fuerza Aérea. La ceremonia de despedida tuvo lugar en la base aérea de Skrydstrup, donde estos aviones han sido durante décadas el principal vector de defensa del espacio aéreo nacional. Con este paso, Copenhague cierra una etapa clave de su historia militar y completa su transición hacia una flota moderna centrada en el F-35.
Los F-16 entraron en servicio en Dinamarca a comienzos de los años ochenta y han participado en numerosas operaciones internacionales. Desde misiones en los Balcanes hasta despliegues en Afganistán, Irak, Siria o Libia, los cazas daneses han sido un activo habitual en operaciones de la OTAN. También han desempeñado tareas de policía aérea en el flanco norte europeo durante años de creciente tensión estratégica.
La retirada definitiva coincide con la plena asunción del F-35A Lightning II como único avión de combate de la Fuerza Aérea danesa. Dinamarca ha adquirido 43 unidades de este caza de quinta generación fabricado por Lockheed Martin, diseñado para operar en entornos altamente disputados. El F-35 aporta capacidades avanzadas de sigilo, fusión de sensores y guerra en red, claves en el escenario actual.
Parte de los F-16 retirados no acabará en el desguace. Algunos aparatos han sido transferidos a países aliados, como Argentina, mientras que otros han sido donados a Ucrania para reforzar su capacidad aérea frente a la invasión rusa. Esta decisión ha permitido prolongar la vida operativa de los aviones y apoyar a socios estratégicos en un contexto de guerra abierta en Europa.
Con la retirada del F-16, Dinamarca se suma al grupo de países que apuestan por una fuerza aérea más reducida pero tecnológicamente superior. La transición al F-35 refleja un cambio doctrinal hacia la interoperabilidad total con aliados y la preparación frente a amenazas avanzadas. Copenhague refuerza así su compromiso con la defensa colectiva de la OTAN y la seguridad del flanco norte europeo.
