
El Ejército de Tierra ha sacado conclusiones claras de la guerra de Ucrania. Un documento elaborado por el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) y publicado la pasada semana identifica las principales tendencias que marcarán el combate terrestre del futuro inmediato, caracterizado por la robotización, la transparencia del campo de batalla y la integración total de dominios físicos, digitales y cognitivos. El conflicto ha demostrado que la superioridad tecnológica y la rapidez en la adaptación doctrinal son ya factores decisivos.
Uno de los cambios más disruptivos es la irrupción masiva de sistemas no tripulados. Los drones aéreos y los vehículos terrestres robóticos se han convertido en protagonistas absolutos del combate, realizando misiones de reconocimiento, ataque, logística o evacuación. Ucrania y Rusia han demostrado que estos sistemas reducen el riesgo humano y multiplican la eficacia operativa, hasta el punto de crear estructuras específicas para su empleo y coordinación.
El uso intensivo de drones FPV y municiones merodeadoras ha transformado la forma de combatir. Sistemas baratos, producidos en masa y fácilmente reemplazables permiten ataques precisos contra carros, artillería o infraestructuras críticas. El informe destaca que los ciclos de innovación se han reducido a semanas, obligando a los ejércitos a abandonar programas de adquisición largos y rígidos en favor de soluciones rápidas, modulares y escalables.
La respuesta a esta amenaza es la defensa contra drones o C-UAS, que exige arquitecturas multicapa. Sensores pasivos, guerra electrónica, interceptación cinética y armas de energía dirigida deben integrarse para hacer frente a enjambres y ataques saturados. La experiencia ucraniana demuestra que no existe una solución única y que la adaptación constante es clave frente a un enemigo tecnológicamente cambiante.
Otro eje central es el dominio espacial, convertido en un campo de batalla en sí mismo. Las comunicaciones por satélite, el posicionamiento y la inteligencia espacial han sido decisivos en Ucrania. El uso de constelaciones comerciales como Starlink ha permitido mantener el mando y control, pero también ha generado una peligrosa dependencia de proveedores privados y vulnerabilidades frente a ciberataques y restricciones políticas.
El documento subraya la importancia del complejo de reconocimiento y ataque, un sistema que conecta sensores y fuegos en tiempo real para acortar el ciclo entre detección y destrucción del objetivo. Rusia y Ucrania han perfeccionado estas cadenas de ataque, integrando drones, guerra electrónica y artillería de largo alcance, lo que convierte la velocidad de decisión en un factor crítico para imponerse al adversario.
La proliferación de sensores ha dado lugar al llamado "campo de batalla transparente". La niebla de la guerra se disipa y cualquier concentración de fuerzas puede ser detectada y atacada. Esto ha generado amplias zonas de alta letalidad, donde la maniobra clásica resulta extremadamente costosa y el frente tiende al estancamiento, con un intercambio constante de fuegos a larga distancia.
En este contexto surge también la guerra cognitiva. La batalla por la percepción, la narrativa y la moral se libra en redes sociales, medios y plataformas digitales. Ucrania ha utilizado con éxito la comunicación estratégica para sostener el apoyo internacional, mientras Rusia ha desplegado campañas de desinformación masiva. El informe advierte de que la dimensión psicológica es ya inseparable del combate militar.
La integración humano-máquina es otra de las grandes tendencias. El Ejército de Tierra observa una evolución hacia unidades mixtas, donde plataformas tripuladas y no tripuladas cooperan bajo un mismo sistema de mando. El concepto MUM-T multiplica la potencia de combate y permite a los soldados centrarse en la supervisión y la toma de decisiones, reduciendo su exposición al riesgo.
Como conclusión del estudio Tendencias 2024-2025 Relacionadas con la Fuerza Terrestre Futura, el MADOC señala que el combate terrestre del futuro será híbrido, multidominio y altamente tecnológico. A su juicio, ganará quien se adapte más rápido, integre mejor la información y mantenga la resiliencia frente a la disrupción constante. Creen que la guerra de Ucrania no es una excepción, sino un anticipo de cómo se librarán las batallas en los próximos años.

