L D (EFE)
Si Alemania derrota a Corea, Vöeller habrá triunfado y entrará en el olimpo de técnicos germanos, junto a Helmut Schoen, campeón en 1974 y el segundo seleccionador que más partidos mundialistas ha dirigido, y Franz Beckenbauer, campeón como jugador (1974) y como técnico (1990). Si por el contrario Corea del Sur suma la selección alemana a su lista de víctimas, Vöeller será criticado por el mal juego de su equipo y por no haber llevado a cabo una transición exitosa. Porque la principal misión de este entrenador de 42 años, que se proclamó campeón del mundo con la misma edad que Beckenbauer (29 años) y aspira a seguir los pasos del “kaiser” como técnico, fue renovar una selección que había exprimido hasta el límite los éxitos de la década de los noventa y comenzó el siglo exhausta.
Vöeller llegó al cargo de rebote, después de que Christoph Daum, de quien era ayudante en el Bayer Leverkusen, admitiese su adicción a la cocaína y tuvo que rescatar lo poco que quedó de las cenizas de la Eurocopa 2000, donde el conjunto dirigido por Erich Ribbeck fue eliminado en la primera ronda. Frente al clamor popular, que pedía que se hiciese tabla rasa, Vöeller quiso hacer una “revolución tranquila”, fue dando entrada a las jóvenes “estrellas” de la Bundesliga de forma paulatina, pero respetó el estatus de los veteranos.
No ha tenido un trabajo fácil, porque Alemania ha vivido en el filo durante dos años, pero ha recogido frutos antes de lo previsto, cuando ya eran muchos, incluidos Franz Beckenbauer o Paul Breitner los que consideraban que no sería tan malo no acudir a la fase final y preparar un buen equipo para 2006, cuando Alemania será el organizador del decimoctavo Campeonato del Mundo. Vöeller, que en su etapa de jugador ya se distinguió por su capacidad para liderar el vestuario, ha rehabilitado a jugadores que parecían descender por una pronunciada pendiente. Empezó por el guardameta Oliver Kahn, el indiscutible número uno de la selección y sobre el que recayeron las culpas de la eliminación en la Eurocopa.
Vöeller entregó la capitanía a Kahn, pese a que las voces más críticas le pedían que fuese un jugador de campo el que llevase el brazalete, a quien entregase el liderazgo. Kahn ha sido el mejor jugador alemán en el Mundial, el guardameta que más elogios ha acaparado y el artífice de la clasificación a la semifinal con su portentosa actuación en el partido frente a Estados Unidos. Además, recuperó a Dietmar Hamman, un proyecto de talento que se fue perdiendo por los campos de media Europa y, junto a Christian Ziege, el único que repite de Francia 98. Con Vöeller, Hamman, de 28 años, se ha convertido en el líder del centro del campo alemán y, su posible ausencia ante Corea del Sur es el gran temor de los aficionados germanos.
El técnico también rejuveneció el conjunto y, de tal forma, que llegó al Mundial con una docena de jugadores que no habían disputado más de diez encuentros con la selección. Hizo debutar al primer jugador negro de la historia de la selección alemana, Gerald Asamoah, y descubrió al mundo a Miroslav Klose, un delantero polaco, nacionalizado, que se ha convertido en el mejor rematador de cabeza del Mundial. Su mayor mérito, sin embargo, es haber logrado que la selección alemana sea un oasis, sin egos ni clanes. No se ha librado, sin embargo, de las críticas de Franz Beckenbauer, la conciencia crítica del fútbol alemán, que considera que sólo con la actuación de Kahn no es suficiente para ganar un Mundial. Sin embargo, hasta el “kaiser” se acabará rindiendo, si Alemania derrota a Corea y alcanza la final de Yokohama.
Vöeller llegó al cargo de rebote, después de que Christoph Daum, de quien era ayudante en el Bayer Leverkusen, admitiese su adicción a la cocaína y tuvo que rescatar lo poco que quedó de las cenizas de la Eurocopa 2000, donde el conjunto dirigido por Erich Ribbeck fue eliminado en la primera ronda. Frente al clamor popular, que pedía que se hiciese tabla rasa, Vöeller quiso hacer una “revolución tranquila”, fue dando entrada a las jóvenes “estrellas” de la Bundesliga de forma paulatina, pero respetó el estatus de los veteranos.
No ha tenido un trabajo fácil, porque Alemania ha vivido en el filo durante dos años, pero ha recogido frutos antes de lo previsto, cuando ya eran muchos, incluidos Franz Beckenbauer o Paul Breitner los que consideraban que no sería tan malo no acudir a la fase final y preparar un buen equipo para 2006, cuando Alemania será el organizador del decimoctavo Campeonato del Mundo. Vöeller, que en su etapa de jugador ya se distinguió por su capacidad para liderar el vestuario, ha rehabilitado a jugadores que parecían descender por una pronunciada pendiente. Empezó por el guardameta Oliver Kahn, el indiscutible número uno de la selección y sobre el que recayeron las culpas de la eliminación en la Eurocopa.
Vöeller entregó la capitanía a Kahn, pese a que las voces más críticas le pedían que fuese un jugador de campo el que llevase el brazalete, a quien entregase el liderazgo. Kahn ha sido el mejor jugador alemán en el Mundial, el guardameta que más elogios ha acaparado y el artífice de la clasificación a la semifinal con su portentosa actuación en el partido frente a Estados Unidos. Además, recuperó a Dietmar Hamman, un proyecto de talento que se fue perdiendo por los campos de media Europa y, junto a Christian Ziege, el único que repite de Francia 98. Con Vöeller, Hamman, de 28 años, se ha convertido en el líder del centro del campo alemán y, su posible ausencia ante Corea del Sur es el gran temor de los aficionados germanos.
El técnico también rejuveneció el conjunto y, de tal forma, que llegó al Mundial con una docena de jugadores que no habían disputado más de diez encuentros con la selección. Hizo debutar al primer jugador negro de la historia de la selección alemana, Gerald Asamoah, y descubrió al mundo a Miroslav Klose, un delantero polaco, nacionalizado, que se ha convertido en el mejor rematador de cabeza del Mundial. Su mayor mérito, sin embargo, es haber logrado que la selección alemana sea un oasis, sin egos ni clanes. No se ha librado, sin embargo, de las críticas de Franz Beckenbauer, la conciencia crítica del fútbol alemán, que considera que sólo con la actuación de Kahn no es suficiente para ganar un Mundial. Sin embargo, hasta el “kaiser” se acabará rindiendo, si Alemania derrota a Corea y alcanza la final de Yokohama.
