L D (EFE)
Sólo 21 segundos le separan ahora del récord mundial de la distancia en sala (12:50.38), en poder del etíope Haile Gebreselassie, pero psicológicamente el pequeño Alberto se encuentra más cerca que nunca de los grandes corredores africanos. García acaba de batir el segundo récord más viejo del continente en competición bajo techo. El anterior de 5.000 metros databa de hace 27 años y pertenecía al belga Emiel Puttemans, que el 10 de enero de 1976 corrió en París en 13:20.8, con cronometraje manual.
Sólo el de 50 metros del alemán Manfred Kokot, que data de 1973, era más antiguo que el de Puttemans de 5.000. García, capaz de correr los 5 kilómetros al aire libre en 13:02.54, se embarcó a raíz de su fracaso en los Juegos Olímpicos de Sydney en una batalla por recuperar el honor del atletismo "blanco", magullado en mil derrotas frente a los fondistas del continente negro. Los fondistas de raza blanca, gracias a gente como Alberto García, han empezado a perder el miedo a los africanos. Las victorias europeas en presencia de africanos empiezan a no ser raras. El ucraniano Sergyi Lebid y los españoles Fabián Roncero y Juan Carlos de la Ossa ya saben lo que es vencer a los africanos este mismo año.
García, mejor atleta español del año 2002 junto a la palentina Marta Domínguez, cuajó la mejor temporada de su vida el año pasado. Fue campeón de Europa de 3.000 en sala, de 5.000 al aire libre y acabó con una impresionante victoria en la Copa del Mundo de Madrid. En los Europeos de Múnich no estaba representado el continente negro, pero el color de la tez y sus nombres árabes delataban el origen africano de tres de ellos, los franceses Ismail Sghyr, Rachid Chekhemani y El Hassan Lahssini. García se había ido de los Juegos Olímpicos de Sydney con lágrimas en los ojos. Fue eliminado en las series de 5.000 metros (acabó decimosexto en la suya) pese a que ese año había hecho una gran marca: 13:09.50.
Fue la última vez que se le ha visto sufrir en competición. Decidió bajar la carga de entrenamiento, olvidarse de la competición y ganó frescura. En los Mundiales en sala de Lisboa comprobó que pese a haber reducido el trabajo pudo estar con los mejores. El bronce en la final de 3.000 fue su primera medalla importante. El 17 de julio, ya al aire libre, demostró a sus compañeros de raza blanca que los fondistas africanos son batibles. Ganó a todos en la reunión de Estocolmo con un registro de rango universal (13:04.88). Acudió luego sin complejos a los Mundiales de Edmonton, se plantó en la final y acabó quinto sin perder contacto con los purasangre africanos. Los Mundiales de París, en agosto, ofrecen al pequeño corredor español la oportunidad de poner a prueba frente a los mejores del mundo su recién estrenada condición de "africano".
Sólo el de 50 metros del alemán Manfred Kokot, que data de 1973, era más antiguo que el de Puttemans de 5.000. García, capaz de correr los 5 kilómetros al aire libre en 13:02.54, se embarcó a raíz de su fracaso en los Juegos Olímpicos de Sydney en una batalla por recuperar el honor del atletismo "blanco", magullado en mil derrotas frente a los fondistas del continente negro. Los fondistas de raza blanca, gracias a gente como Alberto García, han empezado a perder el miedo a los africanos. Las victorias europeas en presencia de africanos empiezan a no ser raras. El ucraniano Sergyi Lebid y los españoles Fabián Roncero y Juan Carlos de la Ossa ya saben lo que es vencer a los africanos este mismo año.
García, mejor atleta español del año 2002 junto a la palentina Marta Domínguez, cuajó la mejor temporada de su vida el año pasado. Fue campeón de Europa de 3.000 en sala, de 5.000 al aire libre y acabó con una impresionante victoria en la Copa del Mundo de Madrid. En los Europeos de Múnich no estaba representado el continente negro, pero el color de la tez y sus nombres árabes delataban el origen africano de tres de ellos, los franceses Ismail Sghyr, Rachid Chekhemani y El Hassan Lahssini. García se había ido de los Juegos Olímpicos de Sydney con lágrimas en los ojos. Fue eliminado en las series de 5.000 metros (acabó decimosexto en la suya) pese a que ese año había hecho una gran marca: 13:09.50.
Fue la última vez que se le ha visto sufrir en competición. Decidió bajar la carga de entrenamiento, olvidarse de la competición y ganó frescura. En los Mundiales en sala de Lisboa comprobó que pese a haber reducido el trabajo pudo estar con los mejores. El bronce en la final de 3.000 fue su primera medalla importante. El 17 de julio, ya al aire libre, demostró a sus compañeros de raza blanca que los fondistas africanos son batibles. Ganó a todos en la reunión de Estocolmo con un registro de rango universal (13:04.88). Acudió luego sin complejos a los Mundiales de Edmonton, se plantó en la final y acabó quinto sin perder contacto con los purasangre africanos. Los Mundiales de París, en agosto, ofrecen al pequeño corredor español la oportunidad de poner a prueba frente a los mejores del mundo su recién estrenada condición de "africano".
