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Cuando Franco impidió que España ganara la primera Eurocopa

España llegaba a la primera edición de la Eurocopa como gran favorita, pero Franco se opuso a que disputara los cuartos de final ante la URSS.

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Lev Yashin, estrella de la URSS en la Eurocopa de Francia 1960.

Di Stéfano, Kubala y Luis Suárez comandaban a una selección española temible, que partía como gran favorita para ganar la primera Eurocopa de Naciones. Al fin se iba a poder disputar el torneo en 1960 después de muchos años, décadas, soñando con él. Ni Checoslovaquia, ni Hungría, ni Francia parecían rivales para España. Ni siquiera la gran Unión Soviética de Lev Yashin.

Pero la decisión de Franco, dentro de un clima político muy tenso, de no enfrentarse a los soviéticos y, sobre todo, de prohibirles la entrada en territorio español, impidió que los nuestros pudieran mostrar su inmenso nivel y, por tanto, acceder a un éxito que parecía asegurado.

Con la de Francia'60, la más conflictiva de todas –al menos en España–, comenzamos en Libertad Digital un serial de todas las Eurocopas.

El nacimiento de la competición

Inspirado en la Copa América, que se había comenzado a disputar años antes, el francés Henri Delaunay tuvo en 1927 la idea de crear un torneo de selecciones europeas. No iba a ser nada sencillo. Primero con la aparición de la Copa del Mundo y después con la Guerra Mundial, el sueño se tuvo que ir posponiendo hasta que, en 1957, su hijo Pierre Delaunay retomó el proyecto.

Apoyándose en los éxitos de la UEFA, creada sólo tres años antes, y de la nueva competición ideada por este organismo, la Copa de Europa de Clubes, la Copa de Europa de Naciones se aprobó con solidez. Su primera edición fue fijada para 1960. Alemania Oriental, Checoslovaquia, Francia, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Polonia, Portugal, República de Irlanda, Suiza, Turquía, Unión Soviética y Yugoslavia fueron las primeras federaciones que se sumaron al proyecto.

España tardó más de la cuenta, aunque terminó haciéndolo. El Gobierno franquista se opuso en principio a que la selección nacional participara en un campeonato en el que tendría que enfrentarse a diferentes países; sin embargo, Lafuente Chaos, presidente de la Federación Española de Fútbol, desobedeció las primeras indicaciones, forzó la situación y decidió inscribir a la selección de fútbol. Aquello, como veremos más adelante, tuvo agrias consecuencias.

Rozando el fracaso

A pesar de que el proyecto apuntaba a brillante, la primera Eurocopa fue toda una decepción, llegando incluso a verse amenazada la continuidad del torneo. En contra de lo que se ha dicho en muchas ocasiones, el problema no estuvo en la negativa a participar de potentes selecciones como Alemania Occidental, Inglaterra o Italia. O al menos no sólo ahí.

Porque había 17 selecciones, y algunas de ellas con un gran potencial, para asegurar cuanto menos un buen espectáculo. Hablamos de equipos de la talla de Francia, España, Unión Soviética, Portugal y Yugoslavia, o la Hungría y la Checoslovaquia de aquel entonces. El principal problema radicó en el formato, demasiado sobrio, demasiado hermético, muy poco dado al disfrute del aficionado.

Dieciséis selecciones –Irlanda quedó eliminada en el preclasificatorio– iban a comenzar disputando unos octavos de final a ida y vuelta, posteriormente unos cuartos de final, y las cuatro clasificadas iban a disputar la fase final. Aunque hoy nos parezca extraño, en aquella época no se usaban los grupos, sino que siempre eran eliminatorias directas, como en la Copa de Europa. Y eso era algo espectacular. Emocionante. Lo que le restaba brillantez era que los partidos de octavos se disputaban un año antes de la Eurocopa y los de cuartos diez meses después, a apenas 60 días de la gran cita. Demasiado espaciado en el tiempo para que la competición tomara notoriedad; demasiados pocos equipos –cuatro– en una fase final que se disputaba en cuatro días. Ahí estuvo la clave que provocó que la Eurocopa tardara tanto tiempo en alcanzar relevancia.

La gran oportunidad perdida

España disputó su primer partido de la competición el 29 de junio de 1959, correspondiente a la ida de los octavos de final. Fue en Chorzow, ante Polonia, a la que se impuso por 2-4. Di Stéfano y Luis Suárez, con sendos dobletes, fueron los goleadores. En la vuelta, jugada cuatro meses después, España ganó por 3-0 con tantos de Gento, Gensana y Di Stéfano.

El buen momento que vivía el fútbol español –eran los años de las cinco Copas de Europa consecutivas del Real Madrid–, incrementado con aquellas dos exhibiciones ante los polacos, hizo que la ilusión estallara. La afición, que veía como una quimera llevarse algún día un Mundial, puso en la Eurocopa todas sus esperanzas de hacerse con un gran título.

Equipo había para ello. En 1960, España podía formar uno de los mejores onces de toda su historia con Ramallets; Marquitos, Pachín, Segarra; Peiró, Vergés; Gento, Luis Suárez, Di Stéfano, Kubala y Collar. Rivilla, Del Sol, Gracia, Garay, Santamaría, Gensana, Pachín, Eulogio Martínez o Tejada eran otros de los fantásticos futbolistas de los que disponía la selección por aquel entonces.

En cuartos de final esperaba la URSS, que se había deshecho brillantemente de Hungría. Pero con esos jugadores no había miedo. "Nosotros estábamos seguros de que les podíamos ganar y ser campeones de Europa", declaraba Luis Suárez, Balón de Oro ese mismo año. Hasta el momento, el único español que lo ha ganado en toda la historia. "Nos veíamos como los mejores, capaces de ganar a cualquiera", añadía Gento. Todos creían que podían ganar a la poderosa Unión Soviética y llevarse la Eurocopa. Estaban convencidos de ello.

Todos, menos el Gobierno de Franco. La mínima posibilidad de caer derrotados ante la URSS en territorio comunista le producía escalofríos a los políticos españoles que, además, tampoco estaban dispuestos a que ningún soviético pisara suelo español.

El 24 de mayo de 1960, cinco días antes de la fecha fijada para el partido de ida en Moscú, el ministro de la Presidencia, Carrero Blanco, y el de la Gobernación, Alonso Vega, decretaron durante el Consejo de Ministros que la eliminatoria no se iba a disputar. Así se hizo público en un breve comunicado que apareció en la prensa española un día después:

"La Federación Española de Fútbol ha comunicado a la FIFA que quedan suspendidos los encuentros de fútbol entre las selecciones nacionales de España y de la URSS para la Copa de Europa de Naciones".


Los jugadores no se lo podían creer. Di Stéfano, Luis Suárez, Gento, Peiró, Kubala... se sentían tremendamente decepcionados y exigían explicaciones a Lafuente Chaos. Pero éste no podía decirles nada. Sólo que eran "órdenes de los que mandan". El presidente de la Federación viajó de urgencia a París para buscar una solución: jugar en campo neutral, jugar los dos partidos en Moscú, renunciar a los derechos económicos... Cualquier cosa con tal de seguir adelante. Pero de nada sirvió. Los rusos rechazaron cualquier opción. El diario Pravda había aprovechado la situación para vender que "el régimen fascista español tenía miedo al equipo del proletariado soviético" y ya no iban a dar marcha atrás.

Consciente de que España hubiera sido un rival muy difícil de batir, la URSS trasladó el asunto a la UEFA y ésta decretó la expulsión de España de la Eurocopa y el pase automático de los soviéticos a la fase final. Toda Europa conoció la noticia, lo que supuso un duro golpe al prestigio de la competición en su primera edición. Pero, sobre todo, fue un mazazo para el fútbol español, que se veía privado de un más que posible éxito por motivos ajenos a lo deportivo.

La URSS, primer campeón

Ese pensamiento español se acrecentó durante la fase final de la Eurocopa, que se disputó en Francia del 6 al 10 de julio en homenaje al creador de la competición. Junto al anfitrión, Checoslovaquia, Unión Soviética y Yugoslavia eran los otros tres participantes.

En la primera semifinal, la URSS, que tenía en Lev Yashin a su gran estrella, bien secundada por Netto, Metreveli o Ivanov, se paseó (3-0) ante la Checolosvaquia de Masopust. En el otro encuentro, Yugoslavia, con Galic o Jerkovic como sus mejores hombres, consiguió batir por 5-4 a Francia, que se presentaba con Heutte, Jonquet o Lucien Muller pero sin Raymond Kopa ni Just Fontaine, en lo que está considerado uno de los mejores encuentros de la historia de selecciones.

En la final, disputada en el Parque de los Príncipes de París ante 18.000 espectadores, los balcánicos plantaron cara a los soviéticos, que necesitaron de la mejor actuación de Yashin y de un gol en la prórroga de Ponedelnik (2-1) para terminar imponiéndose y proclamarse campeones de la primera Eurocopa.

Una primera Eurocopa que, a pesar de no gozar del favor del público en la medida en la que se esperaba y de los problemas iniciales –tanto con la expulsión de España como con la no inclusión de Italia, Inglaterra o Alemania–, fue capaz de sentar unas bases sólidas que permitieron reafirmar la competición de cara al futuro. Como así quedó demostrado cuatro años más tarde en España, donde, por cierto, los nuestros confirmaron que lo sucedido en aquella primera Eurocopa había sido una oportunidad de oro desperdiciada.


Ficha técnica de la final

Rusia, 2: Yashin; Tchekheli, Kroutikov; Voïnov, Maslenkine, Netto; Metreveli, Ivanov, Ponedelnik, Bouboukine y Meskhi. Seleccionador: Katachaline
Yugoslavia, 1: Vidinic; Durkovic, Jusufi; Zanetic, Miladinovic, Perusic; Sekularac, Jerkovic, Galic, Matus y Kostic. Seleccionador: Cirio

Goles: 0-1, m.41: Galic; 1-1, m.49: Metrevili; 2-1, m.113: Ponedelnik
Árbitro: Arthur Edward Ellis (Inglaterra)
Estadio: Parque de los Príncipes, París. 17.966 especadores. 10 de julio de 1960

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