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Champions League

Un Madrid soporífero pasa a octavos con lo justo

Tchouaméni neutralizó el tanto inicial de Rafa Silva y Vinícius firmó el tanto de la victoria en la recta final de un partido más bien flojo.

Tchouaméni neutralizó el tanto inicial de Rafa Silva y Vinícius firmó el tanto de la victoria en la recta final de un partido más bien flojo.
Vinícius celebra su gol al Benfica en el Bernabéu. | EFE

El pase a octavos no podía llevar otra firma. En una noche desangelada, el Real Madrid ha vuelto a encomendarse a Vinícius Júnior para desatascar una eliminatoria traicionera ante el Benfica (2-1). Sin brillo, con demasiadas sombras y sostenido por Thibaut Courtois, el conjunto de Álvaro Arbeloa estará en los octavos de final de la Champions tras superar una eliminatoria llena de minas.

La previa llegaba marcada por el eco de Da Luz. La sanción a Prestianni tras la denuncia por insultos racistas, al propio Vini, y el ambiente enrarecido añadían un punto emocional a la cita. Sin embargo, el Madrid salió con la caraja que no admite Europa. Desordenado, sin tensión competitiva y sin la referencia de Kylian Mbappé —ausente por lesión—, el equipo blanco estaba perdido ante un Benfica sin complejos, que no pudo contar con el técnico José Mourinho en el banquillo.

El aviso fue serio y la amenaza se consumó pronto. A los 14 minutos, un agujero en el costado izquierdo permitió a Pavlidis filtrar un balón venenoso al corazón del área. Asencio despejó hacia su propia portería y Courtois respondió con reflejos felinos, pero nada pudo hacer ante el rechace que cazó Rafa Silva para formar el 0-1. Silencio en Chamartín y runrún en la grada.

El Madrid, frágil atrás y sin continuidad con balón, caminaba por el alambre. Cada pérdida era un suplicio. Cada transición lusa, un latigazo. El Benfica, que jamás ha ganado en el Bernabéu, olió la sangre. Y cuando el campeón de Europa huele el miedo, la historia se tambalea. Pero este Madrid tiene orgullo, aunque a veces lo esconda. Y tiene futbolistas capaces de alterar la inercia con un chispazo. Un error grosero de Otamendi en salida de balón activó la presión blanca arriba. Fede Valverde, pulmón inagotable, ganó línea de fondo y sirvió atrás para que Tchouaméni empalmara desde la frontal con precisión quirúrgica.

Empate y respiro. Un premio al francés, sostén invisible en una eliminatoria muy incómoda. Pero el empate no trajo la calma. El Madrid seguía siendo un equipo partido, vulnerable entre líneas. Rafa Silva, eléctrico, volvió a retratar a la zaga con un túnel a Asencio. Richard Ríos probó desde media distancia y Courtois, gigantesco, sacó una mano abajo junto al palo que evitó el 1-2. El belga, una vez más, sosteniendo el edificio mientras los cimientos crujían.

Vinícius lo intentaba, pero sin la precisión de la ida. Un disparo blando, un centro que acabó en gol anulado por fuera de juego milimétrico de Gonzalo García… y poco más. El partido transitaba por la cuerda floja. El Benfica se sentía cómodo y ponía en muchísimos apuros al quince veces campeón de Europa.

Tras el descanso, el guion apenas varió. Trent Alexander-Arnold rozó el palo con un disparo tras una jugada personal de fantasía. Respondió Rafa Silva con un golpeo de exterior que, tras rozar en Asencio, se estrelló en el larguero. La fortuna, esta vez, vistió de blanco. Pavlidis tuvo otra clara tras un error defensivo y Rüdiger se lanzó al suelo como si le fuera la vida en ello. El Bernabéu empezaba a impacientarse.

Y entonces apareció el líder. El futbolista que ha entendido que la madurez no es bajar la cabeza, sino levantarla cuando más aprieta el viento. Vinícius decidió que ya era suficiente sufrimiento. La jugada nació en la fuerza indomable de Valverde, que ganó un balón dividido y castigó la línea adelantada del Benfica con un pase al espacio. En carrera, el brasileño es dinamita pura. Controló, levantó la vista y definió raso, cruzado, inalcanzable para Trubin. Gol, 2-1 y explosión en Chamartín.

Vinícius bailó y besó el escudo, reconciliándose con una grada que hace no tanto le señalaba. Ahora ya son cinco partidos consecutivos marcando. El 7 asumiendo galones sin Mbappé, sin Bellingham, sin red. El 7 liderando cuando el equipo más lo necesitaba. Quedaba aún un último susto: el Benfica pidió penalti de Trent sobre Otamendi y un balón se paseó por la línea de gol en el tramo final, pero Carreras salvó bajo palos el empate en el último aliento. El Madrid, con más oficio que fútbol, cerró así la persiana. Estará en octavos, donde le aguardará el Sporting de Portugal o el Manchester City. Mucho tendrá que ajustar Arbeloa si quiere aspirar a levantar la Decimosexta.


Ficha técnica

Real Madrid, 2: Courtois; Trent, Rüdiger, Asencio (Alaba, m.78), Carreras (Fran García, m.91); Tchouaméni, Camavinga (Mastantuono, m.78), Fede Valverde, Güler (Palacios, m.84); Vinícius y Gonzalo (Thiago, m.84)
Benfica, 1: Trubin; Dedic, Araújo, Otamendi, Dahl; Aursnes (Barrenechea, m.85), Richard Ríos, Leandro Barreiro (Lopes Cabral, m.91); Schjelderup (Ivanovic, m.85), Rafa Silva y Pavlidis

Goles: 0-1, m.14: Rafa Silva; 1-1, m.16: Tchouaméni; 2-1, m.80: Vinícius
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Amonestó a Asencio (57) y Palacios (96), por el Real Madrid; y a Richard Ríos (35) y Otamendi (51), por el Benfica
Incidencias: Partido de vuelta de la ronda de acceso a octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 83.300 espectadores, 4.500 aficionados del Benfica.

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