Menú

Pirri, un 'todocampista' de leyenda

Trigésimo primer artículo de Historias de Fútbol, de la mano de CIHEFE, haciendo semblanza de una de las mayores leyendas del Real Madrid.

Trigésimo primer artículo de Historias de Fútbol, de la mano de CIHEFE, haciendo semblanza de una de las mayores leyendas del Real Madrid.
Pirri, marcando un gol con la camiseta del Real Madrid. | CIHEFE

Ocurrió hace algunas semanas. La reciente Asamblea General del Real Madrid nombró por aclamación a José Martínez Sánchez, Pirri, como nuevo presidente de honor del club blanco, cargo vacante desde el fallecimiento de Amancio Amaro, que lo ostentó tan sólo durante unos pocos meses, tras el óbito de otra gran leyenda merengue, Paco Gento. Lo cierto es que se trataba de una designación cantada, pues por su larguísima trayectoria al servicio de la Casa Blanca, como jugador, médico y secretario técnico, nadie como él resume y atesora las esencias más puras del madridismo, ese ADN hipercompetitivo moldeado a base de esfuerzo, lucha, sacrificio y entrega indesmayable, que pone de los nervios desde hace décadas a sus enemigos, que no adversarios (porque ellos así lo han querido).

Dieciséis temporadas de blanco (y a veces de rojo)

Ceutí de nacimiento, cosecha del 45, y físicamente portentoso, con sus señas particulares -cuadrado de hombros y despegado de orejas-, saltó a la Península a los 18 años para estudiar Aparejadores en Granada. Tomó la alternativa en el cuadro nazarí, marcando goles en Segunda mientras pululaba por el centro del ataque de Los Cármenes. Solamente duró una temporada a la vera de la Alhambra. El Real Madrid se adelantó al Español y se hizo con sus servicios, justo cuando acababa de abandonar a los merengues Alfredo Di Stéfano, para impartir sus últimas lecciones magistrales entre periquitos.

2511-pirri1.jpg

Debutó frente al Barça, en noviembre del 64, reemplazando nada menos que a Pancho Puskas, y ya fue titular para siempre. De aquella le nombraban como ‘Martínez’ en las alineaciones, porque el familiar y cariñoso ‘Pirri’ no le parecía cosa seria a alguien de la Superioridad, pero muy pronto se acabó la discusión. Cubría mucho terreno, trabajaba como un estajanovista del balón y sorprendía en llegadas demoledoras con un fuerte disparo y un gran remate de cabeza. No era Di Stéfano, pero sí un dignísimo heredero suyo. En el 66 ya era internacional y mundialista -entonces se aguardaba un poco más a que madurasen los chicos-, y conquistaba la Sexta con los ye-yés, todos españolitos de nacimiento. Y en el 69 protagonizó una boda muy mediática y pop con Sonia Bruno, actriz barcelonesa que ya nunca jamás volvería a ponerse ante las cámaras. Tres hijos y unos cuantos nietos, y ahí siguen…

Un día el propio Santiago Bernabéu bajo al vestuario merengue, pero no para arengar a los chicos con otra santiaguina de las suyas, como en las grandes solemnidades europeas, sino para imponerle en aquel pecho que tantas veces se partiría en defensa de su escudo la primera Laureada Madridista. La razón, aparte de su entrega habitual, fue que había ido más allá del deber, plus ultra, jugando la final de Copa de 1968 contra el Barça -la célebre Final de las botellas- con más de 40 de fiebre y la clavícula rota, en un alarde de vergüenza y compromiso, para no dejar a los suyos con un hombre menos, en aquel tiempo que aún no permitía sustituciones. Ese y no otro era Pirri, un claro exponente de aquella Furia Española que glosaban los antiguos cronistas, un león de la misma estirpe que los Belauste, Quincoces, Zarra o Campanal, tío y sobrino.

2511-pirri-realmadrid.jpg

Con los años fue retrasando su posición en el campo hasta estacionarse como líbero. Se despidió en el 80. Dieciséis temporadas vestido de blanco le contemplaban, y sus poderes eran 561 partidos, 172 goles (una verdadera pasada para un futbolista que nunca fue punta, superando a su propio compañero Amancio, que sí lo era), 15 títulos y 41 internacionalidades con la selección española, a la que aportó 16 dianas, estrenándose precisamente en la tarde de su debut y en su primer Mundial (el segundo sería Argentina’78). Luego, dos temporadas en el Puebla mexicano, junto al exazulgrana Juan Manuel Asensi, otro futbolista legendario y muchas veces rival suyo en los clásicos. Con 37 años, 19 de ellos como profesional, va a echar el cierre.

Médico, técnico... y presidente de honor

Tras la carrera deportiva -brillantísima-, vino la universitaria. Se va a doctorar en Medicina y se convierte en galeno de su Real Madrid, él, que tanto trabajo les había dado, reparándole el chasis y la carrocería a los colegas que le antecedieron en el cargo, pues el fútbol premió su bravura innegociable con una pléyade de lesiones de todos los colores. Y más tarde, a finales de siglo, en la época de Lorenzo Sanz, ocuparía la secretaría técnica hasta la llegada al poder blanco de Florentino Pérez.

Una etapa que se recordará siempre por aquel chusco episodio del famoso informe filtrado por la prensa acerca de los miembros de la plantilla madridista del año 2000, que levantó tanta polvareda: quizás porque Pirri, en él, exhibía verdades como puños, empleando un lenguaje poco común en un país tan hipócrita y bienqueda como éste, que todo lo maquilla y blanquea a base de eufemismos a la violeta.

2511-pirri-seleccion.jpg

Después poco hemos sabido de él, ya una vez alejado de los focos que proyecta el fútbol de alta competición. Lenta e inexorablemente, en unos casos por ley de vida y en otros porque a veces la Parca se empeña en llevarse aun jóvenes a los héroes del domingo, han ido causando baja en la plantilla del madridismo eterno sus compañeros del equipo ye-yé: Calpe, Sanchís padre, el Chino De Felipe, Ramón Moreno Grosso, Fernandito Serena, Manolo Velázquez, el navarrico Zoco -con quien formase una medular mítica y longeva-, el Brujo Amancio y el Capi Gento. De aquel equipo que contra todo pronóstico se coronó campeón de Europa en el estadio Heysel de Bruselas frente al Partizán de Belgrado, en la primavera del 66, ya sólo quedan él y Josechu Araquistáin, aquella noche guardameta titular por lesión del canario Betancort, también fallecido. Y que sigan los dos ahí por muchos años, como referentes de un fútbol menos mediatizado y más humano y sincero que este monstruo actual con el que tenemos que lidiar jornada tras jornada. Enhorabuena, presidente.

Temas

En Deportes

    0
    comentarios