
A solo cinco meses de que el balón eche a rodar en la cita mundialista más ambiciosa de la historia —con 48 selecciones y tres sedes (EE. UU., México y Canadá)—, el torneo ha dejado de ser una fiesta deportiva para convertirse en un polvorín diplomático. La insistencia de Donald Trump en la anexión de Groenlandia y sus amenazas de aranceles contra Europa han levantado un muro que ni siquiera la FIFA parece capaz de derribar. Por primera vez en décadas, la palabra "boicot" resuena con fuerza en los despachos de las grandes federaciones europeas.
El primer gran golpe sobre la mesa ha llegado desde Berlín. La Mannschaft, una de las selecciones más laureadas de la historia, está en el centro de un debate nacional. Jürgen Hardt, figura clave de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y cercano al canciller Friedrich Merz, ha sido tajante: cancelar la participación en el torneo se contempla como "último recurso" para que el presidente estadounidense recapacite sobre su política expansionista en el Ártico.
Pero esto no es algo meramente político sino que, según una encuesta del instituto Insa para el diario Bild, el 47% de los alemanes apoyaría la retirada si Washington concreta la anexión de Groenlandia. Ante este escenario, la secretaria de Estado de Deportes, Christiane Schenderlein, ha dejado la pelota en el tejado de la Federación Alemana (DFB), aunque subrayó que el Gobierno de Merz acatará la decisión de un organismo que tradicionalmente ha evitado mezclar el balón con la política.
🚨🇺🇸👑"Boicot Total al Mundial en Estados Unidos".🚨👑🇺🇸
En Redes Sociales, gente de todo el mundo se está uniendo, para hacer un Boicot Masivo al Mundial de Fútbol que se va a celebrar en Estados Unidos y se habla de Cancelaciones masivas y la Selección de Fútbol de Brasil, que… pic.twitter.com/DIOCNjWEc1
— Albert_Rudo (@Albert_Rudo) January 13, 2026
El "efecto dominó" que amenaza a España e Inglaterra
Si Alemania abre la puerta, el Mundial podría desmoronarse por completo. En el Reino Unido, voces tanto laboristas como conservadoras sugieren que el gobierno debe "accionar todos los niveles" de presión, incluyendo la ausencia de los Three Lions. La propuesta más radical ha llegado de la mano del periodista Piers Morgan, quien ha planteado una retirada coordinada de las ocho potencias europeas, incluyendo a España, Francia, Portugal y los Países Bajos.
"La retirada de 8 de los 10 favoritos podría despertar el interés de Trump", lanzó Morgan. Mientras tanto, en Francia, la ministra Marina Ferrari intenta calmar las aguas asegurando que, por ahora, no hay intención de boicot, a pesar de que figuras como Éric Coquerel exigen despojar a EE. UU. de la coorganización por "pisotear el derecho internacional".
Infantino y la FIFA: Entre la paz y el compromiso
En medio de este caos, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, intenta mantener el barco a flote. Desde el foro de Davos, Infantino ha reafirmado su apoyo a Trump, a quien llegó a entregar el polémico "Premio de la Paz" durante el sorteo en Washington. Para la FIFA, el Mundial debe ser una "celebración de humanidad" que una a los países, citando el ejemplo de Qatar 2022. Sin embargo, la sombra de la exclusión de visados a la federación de Irán en diciembre y la devolución masiva de 20.000 entradas en una sola noche sugieren que la "paz" de Infantino es, cuanto menos, frágil.
Con Alemania programada para debutar el 14 de junio contra Curazao en Houston, el tiempo corre. El fútbol, que siempre se ha jactado de su autonomía, se enfrenta a su prueba de fuego: ¿pesará más la tradición deportiva o la presión de una Europa que se niega a validar la agenda de Trump?

