
En el atribulado universo del Real Zaragoza, donde cada temporada parece una ruleta rusa institucional y deportiva, hay un nombre que sobrevive a presidentes, directores generales, entrenadores y propietarios. Se trata de Juan Forcén. Desde la época de los comisionistas, allá por 2014, cuando el club trataba de salir del lodazal heredado de la era de Agapito Iglesias, la figura de Forcén permanece como una constante. Cambian los discursos, mutan los modelos y se suceden las promesas, pero el constructor continúa como uno de los hombres más poderosos dentro de la institución.
Ligado a la Fundación 2032 desde su origen, único superviviente de aquel núcleo accionarial en la actual estructura de poder, el empresario aragonés encarna lo que algunos definen en privado como el "pegamento indisoluble" del zaragocismo institucional. No es el rostro visible del proyecto, pero sí la mano que mece la cuna en determinados despachos.
Su trayectoria en el club arranca cuando Agapito decidió trocear su paquete accionarial en ocho partes y transferirlo a la Fundación 2032. En representación de Antonio Martínez Martínez —vinculado entonces a Ibercaja—, Forcén adquirió uno de esos bloques. Era el principio de una nueva etapa en el Zaragoza… o eso fue al menos lo que se vendió.
De Agapito a Oughourlian
El llamado ‘pecado original’ del club, como ha sido descrito en Libertad Digital, hunde sus raíces en la gestión de Iglesias, cuya salida abrió la puerta a una transición que nunca terminó de consolidarse. La Fundación 2032 nació en junio de 2014 como tabla de salvación, pero también como espacio de confluencia de intereses empresariales y financieros de la capital aragonesa.
En ese ecosistema, Forcén se movía con soltura. Empresario dedicado a la explotación de la tienda oficial del club, al comercio electrónico de merchandising y a la gestión inmobiliaria —además de amigo íntimo del actual presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón—, su perfil combinaba el negocio vinculado al escudo con el ladrillo, tradicional palanca de poder en la comunidad autonónoma.
Con la llegada de la actual propiedad, liderada en la cúspide por Joseph Oughourlian —presidente del Grupo Prisa y máximo accionista del club—, muchos rostros cambiaron. Pero Forcén permaneció. Hoy es consejero (tanto del Real Zaragoza como de la sociedad mixta La Nueva Romareda, en este caso junto a Pilar Gil, la mano derecha de Oughourlian en Prisa) y figura clave en la interlocución con el tejido empresarial local, mientras la entidad navega entre dos modelos de gestión, como ha relatado este periódico en las últimas semanas.
Fundación 2032 y redes de poder
Según el investigador deportivo Luis Serrano, cuyo análisis ha puesto el foco en las conexiones empresariales y políticas del club, "Forcén es el nexo que une e impide la ruptura del bloque de intereses que gravita alrededor del Zaragoza". No es una afirmación menor.
El Círculo Aragonés de Economía, con nombres vinculados al Grupo Henneo y Pikolín, fue uno de los espacios donde coincidieron empresarios influyentes y el propio Forcén. En 2014 figuraba como vocal en un consejo presidido por Fernando de Yarza. También compartió escenario societario con figuras relacionadas con Térvalis y el entorno de Ibercaja.
Ese entramado empresarial se entrelaza con la política autonómica y municipal. Su padre, Isabelo Forcén Bueno —cofundador del PAR—, fue protagonista de operaciones urbanísticas relevantes en Zaragoza. El apellido, por tanto, no es ajeno a los pasillos del poder aragonés.
Del caso CAI a Plaza 14
La biografía empresarial de Forcén no ha estado exenta de polémica. En 2005 compareció como testigo en el conocido caso CAI, tras la querella por apropiación indebida y administración desleal contra altos cargos de la caja. El viaje a El Puerto de Santa María y los beneficios asociados a determinadas operaciones inmobiliarias formaron parte de aquella causa que agitó la vida económica aragonesa.
Más adelante, su vinculación con Construcciones Plaza 14 —posteriormente PMC-INM Corporación 2009— acabó en liquidación tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, acumulando una deuda millonaria con Hacienda. También el proyecto Torre Zaragoza generó una gran controversia al anunciar la venta de viviendas sin licencia de edificación, con el consiguiente malestar vecinal.
El expediente del quiosco concedido a Martipan, empresa ligada a Forcén, terminó en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 5 de Zaragoza tras las fuertes discrepancias entre el Ayuntamiento y la Diputación General de Aragón (DGA). Episodios, por tanto, que dibujan un perfil empresarial acostumbrado a navegar en aguas turbulentas.
La Nueva Romareda como punto de inflexión
El presente del Zaragoza pasa inevitablemente por la Nueva Romareda, un proyecto que puede marcar el futuro económico del club… o hipotecarlo definitivamente. La actual propiedad ha nombrado consejeros a Forcén y a Pilar Gil, mano derecha de Oughourlian en Prisa, para pilotar la transición. Esta última sustituye en esa responsabilidad a Mariano Aguilar, defenestrado en la sociedad mixta pero, paradójicamente, uno de los hombres con más peso en el club, especialmente en el plano deportivo.
Las dudas sobre el modelo financiero —las comparaciones son odiosas, pero necesarias, viendo cómo se gestionó el club con César Alierta y Cristian Lapetra, en contraposición con el modelo actual, con el director general, Fernando López Lobete, como principal responsable económico— y el riesgo de que el estadio se convierta en un negocio que trascienda lo estrictamente deportivo han sido expuestas en este periódico. ¿Es la Nueva Romareda una oportunidad histórica o un nuevo abismo? La pregunta sobrevuela cada junta y cada consejo.
En ese contexto, Forcén actúa como bisagra entre la vieja guardia de la Fundación 2032 y la nueva élite accionarial. Es el único superviviente de aquella etapa que mantiene asiento en el consejo bajo el mandato de Joseph Oughourlian. Un dato que en absoluto en casual.
El pegamento del sistema
El Zaragoza actual es rehén, según ha expuesto Luis Serrano a este diario, de una gestión fallida que ha arruinado cuentas y debilitado al equipo. Entre cifras rojas, proyectos urbanísticos y equilibrios de poder, Forcén simboliza la continuidad del sistema.
Para sus defensores, es un hombre de club, comprometido con la supervivencia de la entidad y pieza clave en la interlocución con empresarios y administraciones. Para sus críticos, representa la perpetuación de un modelo donde abogados, banqueros, constructores y políticos orbitan alrededor del escudo. Lo cierto es que, desde 2014 hasta hoy, Juan Forcén ha visto desfilar presidentes y directores deportivos mientras él seguía en su asiento. En un club donde casi nada es estable, su permanencia es un hecho irrefutable.
Cansado de promesas incumplidas y de temporadas agónicas —con el descenso a Primera RFEF acercándose a pasos agigantados y de manera inexorable—, el zaragocismo observa con escepticismo a quienes manejan los hilos. Y en ese teatro de sombras, Forcén no alza la voz… pero tampoco abandona la escena. Tal vez ahí resida su verdadera fuerza: ser el pegamento que une piezas dispares en un mosaico de intereses que, para bien o para mal, siguen teniendo al Real Zaragoza como epicentro.






