
El Real Zaragoza respira… pero solo un poco. Los dos últimos triunfos cosechados en LaLiga Hypermotion (ante el Cádiz por 0-1 y la UD Almería por 0-2, en ambos casos con David Navarro al frente del banquillo maño) han servido para aliviar la presión deportiva y frenar momentáneamente el vértigo de la clasificación, aunque nadie en La Romareda se atreve todavía a cantar victoria todavía. La amenaza del descenso a Primera RFEF continúa latente y, lo que es quizá más preocupante, el club sigue envuelto en una profunda incertidumbre institucional.
Porque el problema del Zaragoza ya no es únicamente futbolístico. Es estructural. Un club que hace apenas cuatro años, con la llegada a la presidencia del magnate cubanoamericano Jorge Mas, prometía iniciar una nueva era con inversiones millonarias y un proyecto de ascenso inmediato vive hoy atrapado entre dudas sobre su presidencia (el propio Mas), críticas a la gestión económica (centradas en la figura del director general, Fernando López Lobete) y un modelo deportivo que ha saltado por los aires (con el consejero Mariano Aguilar en el ojo del huracán).
Lo de que ‘mientras la pelota entre…’ ya no cuela. Las victorias recientes en el Nuevo Mirandilla y en La Romareda han dado aire al equipo, pero no han disipado la sensación de que el Real Zaragoza sigue caminando sobre el alambre. "No hemos hecho nada todavía", decía el nuevo entrenador tras la victoria contra el Almería en casa.
Un descenso que todavía amenaza
El miedo a caer a Primera RFEF sigue muy presente en Zaragoza. Y no es para menos. El club aragonés lleva ya demasiados años jugando con fuego en Segunda División y la posibilidad de un desplome definitivo no es un escenario descabellado.
Hace apenas unas semanas, diferentes análisis financieros y deportivos —como ya se encargó de avisar el investigador deportivo Luis Serrano a Libertad Digital—alertaban del riesgo de un colapso si el equipo terminaba perdiendo la categoría, con un impacto económico devastador para una entidad que ya arrastra tensiones presupuestarias importantes, sin olvidar todas las aportaciones que debe hacer para la construcción de un estadio, La Nueva Romareda, que será sede del Mundial 2030. Y es que la diferencia de ingresos entre el fútbol profesional y la tercera categoría sería brutal.
Las dos últimas victorias han servido para frenar la sangría, sí, pero el Zaragoza sigue lejos de una posición cómoda. Y el calendario que queda por delante tampoco invita a la relajación. El problema, además, es que la crisis deportiva se ha visto amplificada por el desorden institucional que arrastra el club desde hace años.
La sombra de Jorge Mas
Cuando en 2022 se produjo el cambio accionarial, el discurso era completamente distinto. Jorge Mas, conocido por su proyecto en el Inter Miami y por haber llevado a Leo Messi a la liga estadounidense (MLS), prometía devolver al Zaragoza al lugar que, según sus palabras, le correspondía. "Lo mejor está por venir", aseguró entonces durante la presentación del nuevo proyecto.
Cuatro años después, la sensación general es que ese futuro prometido nunca ha llegado. Y se sospecha que nunca llegará, al menos con los rectores actuales.
Por si fuera poco, y como ya destacó este periódico la semana pasada, Mas apenas ha pisado Zaragoza desde su desembarco en la capital del Ebro —apenas nueve veces, siendo la última vez en octubre de 2025— e incluso su continuidad como presidente es hoy una incógnita. La pregunta que empieza a circular en los pasillos del fútbol español es clara: ¿seguirá al frente del club o está preparando su salida?
Juan Forcén salta a la palestra
En medio de esa incertidumbre ha empezado a sonar con fuerza el nombre de Juan Forcén como posible futuro presidente del Real Zaragoza.
Forcén, el único aragonés en el organigrama, no es un desconocido en el ecosistema del club. Ha estado presente en diferentes etapas de su historia reciente —desde la llegada a la entidad de Agapito Iglesias en 2008, luego se mantuvo con el aterrizaje de la Fundación 2032 (primero con César Alierta y posteriormente con Cristian Lapetra) en el año 2014 y ahora con los actuales dirigentes— y ha participado en operaciones accionariales anteriores.
Sin embargo, siempre ha mantenido un perfil discreto, lejos del foco mediático y de los cargos ejecutivos. Por eso sorprende que su nombre haya aparecido ahora con tanta intensidad.
Hay quien interpreta esta posibilidad como una fórmula para aragonesizar y zaragocizar la presidencia del club y acercarla de nuevo a la ciudad. Otros, sin embargo, creen que la campaña mediática (con el lema ‘Forcén presidente’) alrededor de su figura no es más que una cortina de humo para desviar la atención del verdadero problema: la crisis deportiva.
Oughourlian, el poder en la sombra
En el entramado accionarial del club aparece también la figura de Joseph Oughourlian, uno de los principales accionistas del Real Zaragoza y pieza clave en el equilibrio de poder dentro de la entidad. Su presencia, junto a la de Pablo Jiménez de Parga —que, al igual que Oughourlian, también es amigo del consejero delegado del Atlético de Madrid, Miguel Ángel Gil Marín—, forma parte de la arquitectura accionarial que se diseñó tras la salida de la anterior propiedad encabezada por César Alierta.
El objetivo entonces era claro: profesionalizar la gestión y crear una estructura sólida capaz de devolver al club a Primera División. Sin embargo, la realidad ha sido bien diferente.
El legado de López Lobete
Uno de los nombres más cuestionados en los últimos tiempos es el del director general Fernando López Lobete, cuya etapa al frente de la gestión ejecutiva del club está dejando una profunda polémica. El madrileño llegó en 2023 con el aval de la propiedad y con la recomendación de Mariano Aguilar, figura clave en la estructura de poder del club, aunque su gestión es duramente criticada.
Durante su mandato, el Zaragoza vive una profunda inestabilidad institucional: cambios constantes en la estructura deportiva, dificultades económicas, problemas con el límite salarial y una imagen pública deteriorada.
Según diversas fuentes del entorno del club, la gestión de López Lobete, que ya estuvo al frente de dos clubes filiales del Atlético de Madrid (el Atlético San Luis en México y el Atlético Ottawa en Canadá) habría contribuido a debilitar áreas estratégicas como la cantera, el filial o la planificación deportiva. El resultado ha sido una sensación de improvisación permanente.
Mariano Aguilar, el hombre fuerte del área deportiva
En medio de ese caos institucional hay una figura que sigue manteniendo una enorme influencia: Mariano Aguilar. Desde su posición como consejero, el exfutbolista madrileño continúa teniendo un peso determinante en la parcela deportiva del club. Bajo su supervisión han pasado múltiples directores deportivos, entrenadores y jugadores en apenas cuatro años.
La rotación ha sido constante. Tres directores generales, tres directores deportivos y varios entrenadores (Miguel Ángel Ramírez, Gabi Fernández, Rubén Sellés…) han caído durante este periodo. Un carrusel que refleja la falta de estabilidad que ha marcado al Zaragoza desde el cambio accionarial.
Y en un club con la historia y la masa social del Zaragoza, la inestabilidad suele pagarse cara.
Buscando el rumbo perdido
El resultado de todo este proceso es un Real Zaragoza que vive en permanente estado de emergencia. Sobre el césped, el equipo intenta alejarse de la zona peligrosa de la tabla. En los despachos, la propiedad parece debatirse entre mantener el rumbo actual o iniciar una nueva reorganización.
La posible llegada de Forcén a la presidencia, la continuidad o no de Jorge Mas, el papel real de Oughourlian y la influencia de Aguilar forman un puzle institucional difícil de descifrar. Mientras tanto, la afición observa con no poca preocupación todo lo que ocurre alrededor de su casi centenario club.
Porque el proyecto que prometía devolver al Zaragoza a Primera División se ha transformado, al menos por ahora, en algo mucho más angustioso: la lucha por evitar el mayor desastre deportivo de su historia reciente como sería el descenso a Primera RFEF y dejar de militar en el fútbol profesional. Con 12 jornadas por delante, el equipo es antepenúltimo con 30 puntos, a cuatro de la permanencia que marca el Leganés. Aunque se acabe salvando, esta temporada 2025/26 quedará marcada sin duda como una de las peores en la historia del Real Zaragoza tras 94 años de existencia.









