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¿Cómo, cuándo y por qué quiebran los Estados?

¿Por qué quiebran los Estados?, ¿pueden quebrar hoy en día?, ¿ha quebrado España anteriormente? La crisis financiera ha llevado a más de un país al borde de la bancarrota, ¿cómo se ha llegado a esta situación? 

FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA
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Una quiebra soberana se produce cuando el Gobierno de un país anuncia que no atenderá las deudas que ha contraído tanto en el exterior como en el interior del país. Esto significa que todo el que hubiese invertido en títulos de deuda (bonos, letras, obligaciones…) pierde la totalidad de la inversión, y todo aquel que espere alguna remuneración estatal no la cobrará.

¿Por qué se declara una quiebra soberana?

Las bancarrotas estatales, que, a lo largo de la Historia han sido más comunes de lo que la gente piensa, son decisiones que toman los Gobiernos cuando el crédito se les ha secado. Ante esa situación de quiebra técnica, es decir, el momento inmediatamente anterior a la declaración formal de bancarrota, los gobernantes tienen ante sí tres opciones fundamentales: pueden recortar sus gastos, aumentar los ingresos por la vía fiscal o declarar la quiebra y así no pagar lo que deben.

Lo primero, gastar menos, es lo que está ensayando Irlanda, que ha recortado drásticamente los dispendios estatales. De lo segundo, subir los impuestos, Islandia o España son los mejores ejemplos. El Gobierno islandés, acuciado por la deuda y con la Espada de Damocles de la bancarrota sobre su cabeza, ha fijado un IVA del 25,5%, el más alto de Europa. En cuanto a España, el Gobierno de Zapatero ha subido los impuestos en torno al 1% del PIB para 2010 (pretende recaudar unos 11.000 millones de euros más que en 2008).

No es necesario recordar que el recorte de gasto público es infinitamente más eficiente que el aumento de impuestos o recurrir a la deuda para cuadrar un balance. De cajón. Llevándolo al terreno de la economía doméstica, una familia saldrá antes de la ruina gastando menos que solicitando nuevos créditos a intereses cada vez superiores. Los políticos, sin embargo, no suelen verlo así.

De cualquier modo, ambas medidas son extremadamente impopulares. Nadie quiere pagar más impuestos y, además, las cargas fiscales extraordinarias, si bien aumentan la recaudación en el corto plazo, la reducen en el largo porque desincentivan la actividad económica al tiempo que incentivan el fraude y la economía sumergida. Es como una pistola de una sola bala.

La disminución de gasto público nunca es bien recibida por sociedades como las europeas, acostumbradas al maná estatal. En Irlanda este año se han bajado los salarios a los funcionarios, se han recortado los subsidios a las viudas o las madres solteras y hasta el primer ministro, Brian Cowen, se ha bajado el sueldo un 20%.

Antes de llegar a esas medidas extremas que socavan las expectativas electorales de los políticos que las llevan a cabo, los gobiernos se endeudan lo máximo que pueden. El límite se lo ponen los compradores de deuda, que actúan como en cualquier otro mercado; valorando riesgos y beneficios.

La demanda de deuda valora la rentabilidad que ofrece, pero también el riesgo de no recuperar la inversión si el emisor de deuda se declara insolvente. El riesgo se mide directamente mediante las calificaciones de agencia e, indirectamente, mediante los seguros de impago que suscribe el comprador, llamados CDS o Credit Default Swaps.

Grecia, a día de hoy, es el mejor ejemplo de Estado que ha elegido el endeudamiento. Lleva dos años financiándose en los mercados internacionales de deuda y, como no deja de pedir y su economía está cada vez más deteriorada, los compradores potenciales no se fían y contratan seguros de impago más altos (la prima de riesgo es mayor) lo que, a su vez, hace bajar la calificación de crédito que le otorgan las agencias.

El resultado es que, como en las familias, cada nueva ronda financiadora le sale más cara al Gobierno de Atenas. Si siguen por este camino y no encuentran un avalista -el FMI o la Unión Europea-, Grecia tendrá en breve que presentar la quiebra y sus bonos se quedarán sin remunerar.

¿Ha quebrado España anteriormente?

La perspectiva de una quiebra soberana aunque hoy nos parezca algo increíble ha sucedido infinidad de veces a lo largo de la Historia. España tiene la plusmarca mundial de bancarrotas. En sus más de cinco siglos de Historia el Estado español ha quebrado 13 veces. Tres en el siglo XVI (1557, 1575, 1596), otras tres en el XVII (1607, 1627, 1647) y siete en el XIX (1809, 1820 1831, 1834, 1851, 1867, 1872, 1882).

El aficionado a la Historia observará que las fechas coinciden con guerras, esto es, momentos en que el Estado gastó mucho más de lo que tenía para financiarlas. El diferencial entre lo que el Rey recaudaba y lo que le costaba la guerra en cuestión se cubría mediante deuda contraída con banqueros internacionales.

Algo no muy diferente a lo que pasa ahora. En el Siglo de Oro los préstamos se solicitaban contra las remesas de metales preciosos que llegaban de América. Más tarde, perdidas las colonias, contra el propio Estado, su patrimonio y la recaudación de impuestos.

Hoy las cosas no han cambiado demasiado a pesar de que, dado el privilegio de emisión de moneda fiduciaria (sin más respaldo que el propio Gobierno al declararlo como dinero) con el que cuentan los Estados, la bancarrota en términos de insolvencia monetaria no podría darse. El Gobierno no tendría más que aumentar la liquidez imprimiendo billetes para saldar la deuda con ellos, tal y como sucedió en Alemania en los años 20.

La deuda interior quedaría de este modo cancelada mediante inflación y aniquilamiento del valor de la moneda. Las deudas exteriores, sin embargo, no se contraen en dinero propio fácilmente maleable sino en divisas internacionales que, al menos históricamente, se han mantenido estables. Y ésas, o se pagan o no se pagan. No existe camino intermedio.

¿Puede hoy quebrar un Estado?

Cacerolazo en Argentina tras la quiebra de 2002No sólo puede sino que siguen quebrando con cierta frecuencia, especialmente en Sudamérica. La de Argentina fue la última gran bancarrota soberana. A principios de 2002 el Gobierno de Aldolfo Rodríguez Saá declaró el default, es decir, la insolvencia respecto a sus acreedores internacionales. Fue la mayor suspensión de pagos de un Estado en toda la Historia.

Antes de presentar la quiebra, a Argentina le quedó la posibilidad de solicitar el auxilio del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero escogió la suspensión de pagos. Esto sucedió así porque el FMI concede créditos de emergencia sí, pero a cambio de condiciones que no todos los Gobiernos están dispuestos a tolerar. El de Rodríguez Saá no quiso aplicar la receta que le ofrecían y cortó por lo sano quebrando el Estado argentino. 

¿Puede quebrar un Estado de la Unión Europea?

Si se dan las condiciones apropiadas naturalmente que puede, aunque, dados los vínculos económicos que existen entre los Estados miembros es algo más difícil por el apoyo mutuo que los diferentes tratados comunitarios les exigen. Y no por fraternidad o paneuropeísmo, sino por evitar un contagio fatal. Si quiebra Grecia, España o Italia, los primeros perjudicados serían los bancos de otras partes de Europa, principales tenedores de esa deuda, lo que podría provocar desde una corrida bancaria generalizada hasta un efecto dominó que fuese, uno a uno, llevándose por delante a todos los Estados con las cuentas en números rojos. Como nunca ha sucedido no podemos saber a ciencia cierta que es lo que ocurriría. 

Diferencial de deudas alemana y griega

La Unión Europea tiene asignado un presupuesto de un máximo de 50.000 millones de euros para ayudar financieramente a cualquiera de los Estados miembros. Letonia o Hungría, por ejemplo, han recibido esa ayuda, en la que también participa el FMI. Y ni un euro más. En Europa, a diferencia de los Estados Unidos, el BCE no puede monetizar la deuda de los Estados comprando sus títulos.

En los últimos meses, sobre todo tras el default técnico de Dubai y los problemas financieros de Grecia, los inversores están castigando la deuda de los países más débiles de la zona euro ante el crciente riesgo de insolvencia sobena. De ahí que no se descarte que la UE (o el FMI) acabe acudiendo al rescate a cambio de drásticas medidas de reforma económica. Pero eso, está por ver.

En Libre Mercado

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