La propuesta del Gobierno para modificar la Ley de Partidos para que los jueces puedan ilegalizar a Batasuna, la exigencia de los padres del colegio público reclamando que la niña marroquí vaya al centro concertado que inicialmente se le había asignado y la propuesta de Zapatero de crear un Ministerio de la Juventud son los asuntos más destacados en las portadas de prensa de este lunes.
Para El Mundo no cabe desligar el espíritu que anima al Gobierno a formular esta propuesta para que los partidos pro terroristas puedan ser ilegalizados del clamor que existe en la sociedad sobre la necesidad de que los pro etarras pasen a la defensiva y los demócratas a la ofensiva, ya que ahora la realidad es la contraria. “La pretensión del Gobierno está cargada de razón. Ahora bien, la reflexión concreta que ahora se tiene que abrir --en el seno del Pacto antiterrorista-- es si cabe o no dentro de la Constitución la ilegalización de Batasuna. Es cierto -continúa el editorial- que el respaldo continuado que sus dirigentes prestan a los terroristas, llegando a la exaltación, resultaría intolerable en cualquier país europeo. Ahí está el ejemplo del partido neonazi al que el Gobierno alemán se niega a legalizar. Y también que la Ley de Partidos necesita una reforma, en éste y otros puntos, porque es anterior a la Constitución”.
El Mundo, sin embargo, no es consecuente con el deseo de erradirar esa debilidad moral, legal y política que la democracia española ha mostrado ante el terrorismo al señalar que “tampoco cabe cerrar los ojos a la realidad del País Vasco, en el que un porcentaje de ciudadanos se siente identificado con una formación independentista radical. Dejarlos fuera de la ley podría ser contraproducente y llevaría a la radicalización de todo el nacionalismo vasco. Así que será necesario que dentro del Pacto Antiterrorista, PSOE y PP hilen muy fino en el análisis político, social y jurídico de estas medidas que, en todo caso, tienen que ser consensuadas por ambas formaciones.”
A pesar de lo que diga El Mundo, lo cierto es que esa permisividad legal y la financiación pública de los pro terroristas es precisamente el marco que ha visto como un porcentaje de la población se identifique con ETA. La realidad vasca, tanto la persecución ideológica y física de los constitucionalistas como el apoyo de un sector minoritario a esas prácticas genocidas, la ha traído esa tolerancia hacia los intolerantes. Por otra parte, lo apoyos electorales que tenga Batasuna no es razón alguna para no proscribirla. Mayores apoyos cosechó el partido nacionalsocialista alemán y eso no tendría que haber sido obstáculo, ni moral ni legal, para que una Constitución que consagra la libertad y los derechos individuales lo proscribiera. En cuanto a que las medidas pudieran llevar a la radicalización de todo el nacionalismo vasco, es de chiste, vamos.¿Acaso los nacionalistas no han dejado claro que comparten los objetivos de ETA? ¿Acaso, incluso, no quieren como los terroristas, que por el fin de la violencia se pague un precio político? ¿Radicalizarse aún más? No podrían hacerlo más de lo que ya lo están ni más de lo que la nueva legislación precisamente permitiese.
Por otra parte, aunque no sea este el objetivo de las nuevas medidas, no es de extrañar que con Batasuna proscrita, el resto del nacionalismo, en lugar de tratar de competir con ella en barbarie, se inclinara por un discurso más moderado para atraer votos sabiendo que ningún extremo radical le robaría apoyos por ello. Por tanto, no sólo por razones de principio, sino también de utilidad se debe prohibir los partidos que legitimen el crimen.
Como espléndidamente señala ABC, “la iniciativa del Gobierno es la constatación –y, al mismo tiempo, el efecto- de que en el País Vasco algunas formaciones han suprimido las fronteras entre la actividad política y la colaboración con una banda armada y esta ilicitud absoluta debe tener sus consecuencias en un Estado de Derecho. La democracia española tenía que superar alguna vez el tabú – o quizá el complejo- de la ilegalidad de los grupos que se insertan en la estrategia global del terrorismo asumiendo funciones no violentas, pero que prestan a la acción terrorista sus bases financieras, logísticas y políticas. La práctica de la democracia tiene que mover su eje, abandonando la contemplación resignada del apoyo a ETA por grupos refugiadas y entrando, de una vez por todas, en el ejercicio activo y beligerante de los valores democráticos”.
Esa falta de “actividad y beligerancia” en defensa de los valores democráticos y contra el fundamentalismo es la que se puede observar en el editorial de El Mundo a favor del discriminador, sexista y reaccionario uso del chador en las escuelas de nuestro país. El Mundo no sólo admite ese símbolo de rechazo a la igualdad sexual que consagra nuestra Constitución sino que pretende imponérselo a un centro católico concertado que tiene libertad de ideario siempre que en él no se atente a los principios constitucionales. Los centros católicos que separan a los niños y a las niñas en las aulas -símbolo de “discriminación” mucho más discutible que el representado por el chador y que a diferencia de este afecta a los dos sexos por igual- no se les permite por ello tener financiación pública. El Mundo, por el contrario, pide que sólo se subvencione a los centros permisivos con la discrimación sexual que inflige el hiyab. ¡Y eso en nombre de la Constitución!
El Mundo no sólo acepta la legalidad de esa apología de la sumisión sexual femenina sino que pretende imponérselo a un centro católico que hasta ahora tenía libertad para establecer las normas de vestuario de sus alumnos. El Mundo no trata el chador como un reflejo de discriminación sexual sino como una muestra de libertad individual a la hora de vestirse. Ni aunque esto último fuera la cuestión de fondo, se debería imponer a ningún centro la admisión de un alumno que fuera vestido como le diera la gana. Mucho menos si la vestimenta hiciese apología de una ideología o religión que atente contra los principios y el espíritu que fundamentan nuestro Estado de Derecho.¿Habría que permitir que las niñas en lugar de llevar la hiyab fueran con burka?. Porque, puestos a desvirtuar el sentido que los musulmanes dan al hiyab, ¿por qué no hacemos lo mismo con la burka y la toleramos en nombre de la libertad de culto y de vestimenta?. ¿Por qué no escudamos la apología del terrorismo en nombre de la libertad de expresión?.
Hay quien no ve racismo, sexismo o discriminación en ninguna costumbre, salvo que sea occidental. Creyendo ser tolerantes damos oxígeno a ritos que tienen su origen y fin en la intolerancia. Creemos que mostramos apertura al exterior permitiendo hábitos que, lejos de integrar a los que vienen de fuera, tienen por objeto mantenerlos aislados del exterior y negar los principios que rigen una sociedad abierta. El multiculturalismo niega el derecho a la diversidad del individuo otorgándoselo al colectivo, genera sociedades cerradas en el seno de la sociedad abierta, niega la identidad de Fátima para marcar la sumisión del sexo al que pertenece.
La mayoría de los occidentales querríamos ver en el hiyab una reflejo de la libertad individual cuando los fundamentalistas, por el contrario, la niegan y ven en el hiyab el distintivo de la sumisión de la mujer al hombre. Nada invalida este hecho el que la niña esté de acuerdo en llevarlo. La apología de una discriminación no es más tolerable si la hace alguna de sus víctimas. Por otra parte, ¿qué grado de voluntariedad se puede ver en las decisiones de una niña que ha de convivir con el fundamentalismo de sus padres?.¿Habría que tolerar la clitoridectomía si las niñas estuvieran conformes en padecerla? ¿Desvirtuaríamos también por ello esa barbarie sexista con el defendible derecho de cada uno a decidir con su propio cuerpo?. Tiempo al tiempo.
No tolerar la intolerancia
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