La crisis en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, la exigencia de los musulmanes para que el Estado pague la enseñanza del Islam en las escuelas, la respuesta de Sharon al último ataque terrorista sufrido por Israel y la decisión del PCE de situarse al frente del movimiento antiglobalización son algunas de las noticias más destacadas por la prensa del día.
La tensión que sufre el Pacto por las Libertades causado por el acercamiento del PSOE al PNV es destacado en las portadas de El Mundo y de El País. El titular del primero refleja la pregunta de Arenas a Zapatero para saber si este apoya la oferta de pactar con el PNV lanzada por Eguiguren. El País, por su parte, asegura que Aznar y Zapatero ultiman una reunión para salvar el Pacto, dado que el PP considera que el acuerdo peligra.
Ninguno de los diarios dedica editorial al asunto. Es evidente, de todas formas, que el PP empieza a darse cuenta que silenciar sus discrepancias con el PSOE entorno a los nacionalistas, lejos de beneficiar al Pacto, está acelerando que los socialistas lo desvirtúen al menor coste electoral posible. El Pacto no sólo no ha impedido los cuernos del PSOE –que cada vez son más notorios- sino que sólo ha servido –por lo menos hasta hace poco- para que el PP los sufra en silencio. Ese pacto ofrece una respetabilidad formal al PSOE que no merecen sus actos. El PP, como ha hecho este fin de semana Aznar y Arenas, debe denunciar públicamente la situación y advertir al PSOE que por la línea de acercamiento a los nacionalistas, el Gobierno no va a renunciar a hacer electoralismo. Ciertamente la estrategia del PSOE es suicida. Siempre y cuando, claro, el PP le suelte la mano. El PP tiene que decir si considera que los socialistas están con él o con los independentistas. Si en el pasado fue un error poner “sordina” a las discrepancias con los nacionalistas en nombre de la unidad de los demócratas, que no pase lo mismo ahora con los socialistas. Más importante que la unidad es la claridad. Y ya está bien de abrir las puertas a los caballos de Troya y que el consenso políticamente correcto desvirtúe, con un mínimo y estéril denominador común, las extendidas demandas de firmeza de los ciudadanos contra el terrorismo y contra el nacionalismo que ideológicamente lo sustenta. Si el PSOE no cumple con el pacto, que el PP se lo haga pagar en las urnas.
La enseñanza del Islam
El Mundo si comenta editorialmente su principal titular de portada que informa de la reclamación de la Unión de Comunidades Islámicas de que los niños musulmanes puedan recibir clases de su religión en horas lectivas y que los profesores sean remunerados por el Estado. El Mundo acertadamente considera que “las autoridades educativas deben poner los límites para que los colegios no cobijen auténticas escuelas coránicas en las que se empiece por fomentar la desigualdad entre sexos y se acabe haciendo apología del integrismo”. Tratándose del Islam, ciertamente poca cautela es poca.
Además de las discriminaciones de orden sexual y del tratamiento que reserva a los infieles, el Islam no reconoce la separación de los ámbitos civil y religioso, por lo que el Corán textualmente contradice los principios que fundamentan nuestra democracia y Estado de Derecho. El Estado no debe hacer disquisiciones teológicas para descifrar cual es la verdadera naturaleza del Islam, del cristianismo, del Judaismo o de cualquier otra religión. Tan sólo debe prohibir y perseguir cualquier manifestación religiosa que propague e inculque la violación de los principios constitucionales. Ni más, ni nada menos. Algunos dicen que hay versiones islámicas compatibles con nuestro Estado de Derecho pues no hacen una lectura literal de los postulados coránicos. Estarán escondidos por temor a los ortodoxos, porque la verdad es que no se les ve mucho. Incluso si se aceptamos estas versiones “civilizadas”, la enseñanza del Islam -como la de cualquier otra religión- sólo debería ser sufragada por los creyentes de cada una de ellas que así quisieran hacerlo. Lo que no pueden pretender los mususlmanes es que una mayoría de católicos, ateos o de otras religiones les sufraguen a ellos la propagación de su Fe. Es evidente -aunque la estatalización de la oferta educativa impida mostrarlo con total claridad- que hay una mayoría suficiente de católicos en este país como para pensar que la enseñanza de su religión no se beneficia del dinero de otros contribuyentes. No hay, sin embargo, tantos musulmanes como para pensar lo mismo del Islam.
En cualquier caso, más que estos problemas de “economías de escala”, la verdadera piedra de toque es la de los límites a la tolerancia. El Mundo recuerda el caso del responsable de la Mezquita de Málaga que difundió un manifiesto protalibán o el del caso del Imán de Fuengirola que instruía a sus fieles en como pegar a sus mujeres sin dejar huella. La imposición de la Hiyad -aunque El Mundo y el Fiscal General del Estado sigan sin enterarse- no es más que un símbolo de la sumisión y posesión de la mujer que propagan esos energúmenos. Ni en las Mezquitas ni en las escuelas podemos conceder libertad a los liberticidas ni tolerancia a los intolerantes. Mucho menos, subvencionarlos. O el Islam se adapta a la civilización occidental o que siga declarándole la guerra. Pero, por Alá, sin pedir financiación al enemigo.
El PCE y la antiglobalización
ABC, La Razón y El Mundo dedican un editorial al XVI del PCE en el que cuestionan el acercamiento de ese partido al movimiento antiglobalización. Los dos primeros critican el discurso anticuado en el que se han quedado anclado los comunistas españoles y sus intentos por liderar un movimiento como el antiglobalización tan desnortado en sus críticas antisistema como anárquico y heterogéneo en su composición. El Mundo tambien reclama a Frutos que tenga cuidado a la hora de “deslindarse de los grupos violentos” que nutren este movimiento. Al margen de la violencia -que según Marx es el cincel que modela la sociedad comunista- a El Mundo le parece bien en el fondo que el PCE se sume a los antiglobalización. Estos “han sustituido en los últimos años a la izquierda clásica movilizada en la calle contra los excesos del capitalismo y el liberalismo”. ¿Se puede saber a qué “excesos” se refiere El Mundo?. Los únicos excesos, de miseria y horror, en el Tercer Mundo se deben precisamente a las políticas colectivistas opuestas al liberalismo y que tanto agradan a Frutos y a los antiglobalización. Las más letales de ellas han sido precisamente las infringidas por los regímenes comunistas. Por el contrario, los países que más se han acercado a la libertad política y económica han sido los que más cotas de bienestar y prosperidad han logrado del planeta.
Reclamar a un grupo como Izquierda Unida que se modernice tal vez sea una contradicción en los términos. Pero lo mínimo sería -como ha ocurrido en otros países- enterrar definitivamente al Partido Comunista. Entrados en el siglo XXI no es de recibo seguir abanderando la causa del mayor exterminio humano por razones políticas que haya conocido la humanidad.
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