La polémica entre Aznar y Zapatero vivida ayer en el Congreso a propósito del caso BBV, el regreso de Colin Powell sin alcanzar un alto el fuego en Oriente Próximo, el ingreso en prisión de seis colaboradores de Gil, la reforma laboral planteada por el Gobierno o la reducción de jornada sin merma salarial que tendrán los funcionarios catalanes cuando tengan un hijo son los asuntos más atendidos en las portadas de prensa de este jueves.
El Mundo destaca en su editorial el “todavía no” con el que ayer el presidente del Gobierno se negó a abrir una comisión de investigación en el caso BBV. “Teniendo en cuenta que desde instancias políticas y mediáticas vinculadas con los implicados en las irregularidades se está intentando desviar el foco de atención a aspectos laterales de la cuestión –que no es otra que la ilícita, y probablemente delictiva, conducta de los directivos de un banco- conviene aclarar si estamos ante un tema susceptible de ser investigado por el Parlamento”. Para este diario son tres las derivaciones políticas que podrían justificar la comisión de investigación. La primera se refiere al funcionamiento de los organismos reguladores, Banco de España y CNMV, cuando tuvieron noticia de las cuentas secretas: “De momento –señala el editorial- no existen indicios de negligencia alguna por parte de estas instituciones”. La segunda sería la posible imputación del secretario de Estado de Hacienda: El diario recuerda que el juez ya está investigando a Rodríguez-Ponga y considera que, “aun en el caso de que el alto cargo se viera obligado a dimitir, si resultara imputado, ello significaría la asunción de su propia responsabilidad política”. La última derivación contemplada por El Mundo sería la que provocaría la aparición de datos de financiación ilegal de partidos con el dinero negro de Jersey. “A esta posibilidad se refiere probablemente Aznar con el “todavía” y con la advertencia que hizo a Zapatero: Cuidado con la caída”. Porque hay vínculos de sociedades del BBV con la financiación irregular del PSOE. Concretamente los pagos a la Filesa Suiza y las comisiones de la Expo”.
A la luz de los criterios que establece este diario para abrir la comisión de investigación, esta no se haría de esperar si es cierto, como informa hoy La Razón, que Rodríguez Ponga será citado como imputado. Según las “fuentes consultadas” por este último diario, “no tendría sentido citarle como testigo, ya que si fuere así no se le podrían formular preguntas incriminatorias, como, por ejemplo, si diseñó el Manual que presuntamente sirvió para eludir pagos a Hacienda a través de un entramado de sociedades ubicadas en paraísos fiscales, actividad en principio delictiva”.
Es sorprendente, sin embargo, que la única forma que tenga Rodríguez Ponga de dar su versión ante el juez en unas pesquisas previas a todo juicio sea compareciendo como imputado. ¿No debería ser, más bien, el contraste de sus declaraciones con las del testigo protegido que le implicó la que le supusiera o no una imputación formal?. Más si cabe si, como afirma un portavoz del BBVA consultado por La Razón, el testigo Nelson Rodríguez, un ex convicto, “probablemente actúa por una vendetta personal”. En cualquier caso, no acabamos de ver que la única forma de recabar el imprescindible testimonio del secretario de Estado de Hacienda sea su citación como imputado. La Razón asegura que al juez sólo le queda esta opción para que Rodríguez-Ponga “pueda asistir al interrogatorio acompañado de su abogado y garantizar mejor sus derechos”. Lo que le garantiza, más bien y si rige lo que dice El Mundo, es la pérdida del cargo.
Finalmente, El País, de todo lo relacionado con el caso BBV, sigue centrándose en el Manual de marras con el que han relacionado a Rodríguez Ponga y que, según este diario, ofrecía hasta 12 productos para dinero “opaco”. Este diario sin embargo, continúa sin dedicar editorial alguno al asunto.
El fracaso es no acabar con al terrorismo
Todos los diarios coinciden en considerar que Powel ha fracasado en su visita a Oriente Próximo por no lograr que Israel abandone su guerra contra el terrorismo palestino. Por lo visto la negativa de Arafat de poner fin a la criminal intifada no supone fracaso alguno. El sesgo pro palestino está presente en todos los editoriales, pero el de El País se lleva la palma: Reprocha al presidente de EE UU que haya puesto “la carga de la prueba en los palestinos” y que “prefiera dejar que Sharon termine su operación militar en unos días y retire sus tropas tras arruinar lo que quedaba de la Autoridad Palestina”. La carga de la prueba, a pesar de lo que diga este periódico, está evidentemente en el lado palestino. Es su violencia y sus atentados lo que provocó la ocupación israelí, no al revés. Desgraciadamente, Bush, no es que haya preferido que Sharon “terminara su operación militar en unos días", es que no ha tenido más remedio. Vista la determinación israelí y la contradicción que supondría para EE UU emprender sanciones contra Israel por combatir fuera de sus fronteras al terrorismo que le asedia, el presidente norteamericano no podía hacer otra cosa. Afganistán está demasiado reciente para que no saliesen a colación los agravios comparativos. Las contradicciones de Aznar y de la UE en este asunto tal vez valgan aquí pero no son de recibo en Estados Unidos.
No contento con ello, El País considera “que la detención del líder de la Intifada y secretario general de Al Fatah es una clara indicación de que Sharon no tiene intención de negociar”. Vamos, que la detención de ese terrorista, máximo responsable de los atentados de Al Fatah, es un obstáculo para la negociación. Lo que es -y así debe ser- un obstáculo para la negociación son los terroristas, no sus detenciones.
Finalmente, El País da una vuelta de rosca contra Israel al reprochar a Sharon que “tampoco permita que una comisión internacional aclare la sobrecogedora matanza de Yenín”.
Vamos por partes. Es perfectamente lógico que Sharon recele de la imparcialidad de una comisión internacional es este asunto cuando no hay un solo país en el mundo que se haya puesto de parte de los judios. Hasta Estados Unidos ha cedido a esa presión y ha pedido a Israel que se retire, aunque la violencia palestina no ceda. En cuanto a lo de la “sobrecogedora matanza”, eso es aceptar por adelantado la versión palestina de los acontecimientos. Si fuera cierto que lo que pretendían los israelíes era masacrar o arrasar esa zona, no se entiende bien porque, en lugar de bombardearla con aviones, enviaran a los soldados a combatir casa por casa en enfrentamientos hombre a hombre que causaron 23 muertos y más de 60 heridos en las filas israelíes.
Respecto a este asunto, El Mundo por lo menos da -por primera vez en los medios de comunicación españoles- una oportunidad a la versión israelí de los hechos, y publica una entrevista a un comandante y médico israelí que presenció la cruenta batalla librada en las callejuelas del campamento donde se habían refugiado más de 150 terroristas.
Dejando claro que no habían entrado con la intención de matar civiles, acepta que ha habido víctimas entre ellos, pero, desde luego, niega que se traten de centenares como afirman los medios. En una justificada crítica a la mayoría de los periodistas, el israelí asegura que las imágenes que presenta la televisión son engañosas pues la zona arrasada por los bulldozers es relativamente pequeña, a penas de 60 metros de lado. Fue en ella donde, asegura el comandante-médico, se concentraron los 150 terroristas que días antes de la operación israelí se habían conjurado en la mezquita para sacrificarse causando el mayor daño posible a Israel.
Entiendase bien, cualquier guerra -la que se libró contra los nazis o la vivida recientemente en Afganistán no son una excepción- causa víctimas civiles, lo cual siempre es lamentable. Ahora bien, hay una diferencia esencial entre ir a atacar deliberadamente a civiles, como hacen los atentados palestinos o como ocurrió en las torres gemelas, que causar involuntariamente victimas civiles como consecuencia no deseada de una represalia militar contraterrorista.
La única razón por la que el Gobierno israelí ha puesto en peligro la vida de sus propios soldados –y muchos la han perdido- en su operación en Yenín es la de tratar de minimizar las victimas inocentes palestinas en su búsqueda de los terroristas. Aunque mucho menos que en un bombardeo aéreo, el enfrentamiento sobre el terreno no logra, de todas formas, impedir la muerte de inocentes completamente. La confusión y la psicosis que se genera en ese tipo de enfrentamiento es evidente. Mucho más si hay palestinos que se presentan con los brazos en alto ante las tropas que podrían tomarlos por no combatientes y luego resulta que llevan un cinturón de explosivos. A ese engaño, suicida y cobarde, recurrió uno de los milicianos palestinos que en Yenin provocó, él solo, la muerte de trece soldados israelíes.
A Ponga se le pone difícil
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