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Que las urnas no se vuelquen en la calle

La victoria de la derecha de Chirac en las elecciones legislativas francesas es la noticia más destacada y comentada en todas las portadas de prensa. La foto del día, sin embargo, es para Albert Costa y su victoria frente a Juan Carlos Ferrero en la final de Roland Garros. Otras noticias destacadas son la propuesta del ministro de Trabajo de regular por ley los servicios mínimos tras el 20-J, la manifestación celebrada en Sevilla contra la reforma del subsidio de desempleo o los seis jóvenes hospitalizados por consumir éxtasis líquido. El Mundo también da relieve a una noticia que lleva en exclusiva como es las señales de vida que ha dado el “difunto” Francisco Paesa quien ha utilizado un pasaporte falso para comprar un chalé de lujo.

Todos los diarios, excepto El País, dedican un editorial a la rotunda victoria de la derecha en Francia. El Mundo inicia su comentario destacando los rumores de la posibilidad de que el Frente Nacional de Le Pen pudiera ejercer un papel decisivo en la segunda vuelta, dado el gran porcentaje de abstención en la votación del domingo. Finalmente, los resultados han arrojado una aplastante victoria de Chirac y el hundimiento de los partidos de la izquierda, mientras la formación del dirigente populista galo se quedaba a tres puntos por debajo de sus resultados de 1997. El Mundo destaca algunas de las circunstancias que pueden estar detrás de la falta de movilización del voto socialista: “la campaña electoral de un PS sin líder parecía encaminada a desalentarles. Y los sondeos indicanan que un 17% de la ciudadanía de izquierda repudiaba un nuevo experimento con la cohabitación”.

Respecto a la victoria de la derecha, El Mundo sostiene que “habría sido preferible que un dirigente sin el pesado lastre de sospechas —y de certezas—de prácticas corruptas que acarrea Chirac fuese el llamado a presidir esta nueva etapa”. No obstante, el editorial espera que el veterano líder gaullista “responda a esta oportunidad única con un impulso liberalizador y europeísta decidido, dejando de lado las extrañas desviaciones estatistas que tanto daño han hecho a la modernización de Francia y, de paso, a la construcción de Europa”. El Mundo, en este sentido, considera que “el mantenimiento del primer ministro reformista, Jean-Pierre Raffarin sería un primer paso prometedor”.

Para ABC, al socialismo francés le toca la hora de la reflexión y la de saber “dónde se sitúa respecto de una serie de problemas prioritarios y a cuya génesis no es extraña”. ABC se centra, no obstante, en la cuestión de la inmigración y asegura que “en Europa —como en España— los socialistas se han dado cuenta de que sus llamamientos a una mayor generosidad a la hora de facilitar la integración de inmigrantes ilegales sólo estaba conduciendo a mayores problemas de orden público que se traducían en el auge de formaciones populistas que no crecían sólo a costa de la derecha, sino también de la izquierda”. Creemos, a diferencia de ABC, que es algo prematuro afirmar que los socialistas españoles, a diferencia de los franceses, ya se han dado cuenta de los problemas que puede acarrear la permisividad ante la inmigración ilegal. En cualquier caso, es absurdo plantear, como este diario hace, la cuestión de la inmigración en términos de “generosidad” o “tacañería” frente a los que vienen de fuera. Una política de inmigración puede formalmente ser cicatera y, sin embargo, constituir un irresponsable colador de la inmigración ilegal. Una política responsable, ordenada y ajustada a la legalidad pude establecer amplísimos cupos a la inmigración siempre que esté presidida por la exigencia de la integración y vinculada a la demanda de trabajo.

Por otra parte, la inmigración no constituye, ni mucho menos, la única asignatura pendiente de la izquierda francesa. Esta sigue siendo un lastre para acabar con el estatismo y abrir un etapa de liberalización económica que tanto requiere el país vecino. Aunque, también es cierto, el estatismo parece una enfermedad nacional pues la derecha gaullista no la padece en mucha menor medida. La izquierda, por otra parte, se habrá dado un batacazo, pero, aquí y allí, se moviliza y protesta en la calle como si arrasara en las urnas. Es de esperar que el fin de la cohabitación y el respaldo logrado en las urnas no haga otra vez ceder a la derecha gaullista a un mal entendido pragmatismo que desde hace décadas tiene sujeta al Estado a la sociedad francesa. Como dice La Vanguardia, “Chirac tiene la oportunidad de cambiar tal estado de cosas, pero deberá tener el coraje de no ceder a los intereses corporativos tan enraizados en el país vecino”.

Huelga y reforma legal

En un breve, pero excelente editorial, La Razón hace una reflexión sobre el paro del 20-J y sobre el derecho de Huelga en General. En primer lugar, denuncia la hipócrita posición de los socialistas frente al paro convocado por los sindicatos. Dice que en el “ensayo general” de ayer en Sevilla estaban todos sus partidarios, “los confesos y los inconfesos, los que la apoyan con la boca pequeña pero la jalean bajo cuerda”. Este diario acertadamente destaca que Zapatero “no hace más énfasis que en subrayar los errores del Gobierno pero no apunta una sola línea sobre cómo afrontaría él la reforma del sistema de prestaciones por desempleo”. “¿Cree, contra la opinión extendida en los organismos internacionales, —se pregunta este diario—que no hay que cambiar nada en España? ¿Qué el PER es un sistema justo y razonable?¿Qué ha de consentirse el fraude, sea grande o pequeño, en la percepción del paro?”. La Razónno sólo avala los cambios propuestos por el Gobierno en este campo sino que exige que se acometa una de las que acertadamente llama “asignatura pendiente de la democracia” como es hacer “una ley de Huelga a la que no ha querido incarle el diente ni UCD, ni el PSOE ni el PP. Ayer lo apuntó Aparicio. Veremos si es verdad”.

El Mundo también considera “absolutamente imprescindible” una ley de huelga tras el 20-J como ha propuesto el ministro de Trabajo. Como es costumbre, sin embargo, el editorial pone en duda su determinación y coherencia al supeditarla al consenso. La corrección política de este diario —tan admirable en otras cosas— oscila a menudo entre la candidez y la cursilería. En primer lugar, dice que “Zapatero ha acertado con un viraje hacia la moderación que, aunque llega tarde, prepara la posición del PSOE para el día después de la huelga”. Que en el asunto de la huelga, el PSOE tire la piedra y esconda la mano lo califica El Mundo como “acertado viraje hacia la moderación”. Además dice que Zapatero ha preparado “la posición del PSOE para después de la huelga”. Como no sea para instigar otra, la única posición del PSOE es la de oponerse al Gobierno pues, como La Razón señalaba, sus propuestas de reforma del subsidio —no digamos ya de cara a una ley de Huelga— no las conoce nadie. El Mundo, sin embargo, dice que los socialistas tienen que favorecer “el diálogo entre sindicatos y Gobierno”. “Con huelga o sin huelga, —concluye el editorial—el objetivo es el acuerdo”. ¿El acuerdo en qué?, ¿en no hacer nada, como hasta ahora?. Si ante la reforma del subsidio, los sindicatos han reaccionado como lo han hecho, ¿qué espera El Mundo aun de ellos en un asunto mucho más radical como es una ley de Huelga?.

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