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Zapatero sigue de Prisa a Jospin

La propuesta de Bush de apoyar la creación de un Estado palestino sin Arafat al frente y el virulento choque entre Aznar y Zapatero en el Congreso son las dos cuestiones más destacadas en la mayoría de los diarios de este martes. Las portadas también reflejan la peor jornada del año de la bolsa, la amenaza del PP de romper con Pujol por el apoyo de CiU a la huelga general, la decisión del Supremo de EE UU de anular más de 160 condenas a muerte dictadas por los jueces, la credibilidad otorgada por Garzón a la versión de Francisco González tras su careo con Emilio Ybarra y la decisión de la dirección del SCH de suprimir los blindajes y de crear un nuevo Reglamento del Consejo de Administración. La foto del día en la mayoría de las portadas es la audiencia del Rey a la selección nacional de Fútbol.

A pesar de ser una de las cuestiones más destacadas del día, sólo El Mundo y El País dedican un editorial al cruce de descalificaciones entre Aznar y Zapatero en el pleno convocado para debatir el resultado de la Cumbre europea de Sevilla que puso fin al semestre de Presidencia española. Para El Mundo estamos “ante un escenario político nuevo provocado por un cambio de estrategia del líder socialista, que ha abandonado la oposición constructiva para tomar la senda de un radicalismo que nadie, a lo mejor ni siquiera él, sabe a donde le puede conducir”. Este diario recuerda que en vísperas del 20-J ya advirtió a Zapatero que el respaldo a la huelga podía pasarle factura porque una gran parte de la sociedad consideraba injustificada la medida y por la fecha en la que se había convocado. “Es dudoso —continúa acertadamente El Mundo— que apostando por la unidad de acción con los sindicatos, Zapatero vaya a lograr los votos de centro que necesita para que el PSOE vuelva a ser percibido como alternativa”. Esperemos que el editorialista de El Mundo tome buena nota de esos riesgos que ahora ve en la unidad de acción con los sindicatos para no tener luego que reclamársela al PP con esquizofrénicos “consensos”.

El Mundo también reprocha al secretario general del PSOE el que descalificara no sólo al Gobierno sino también a los medios de comunicación españoles que han reflejado lo que realmente sucedió el 20-J en contraposición a la percepción del PSOE. Ciertamente, como ya advertimos ese día, sólo El País percibió un éxito de los sindicatos en su convocatoria de huelga. Ahora bien, si Zapatero se deja influenciar por el diario de Prisa, ese es su problema —y no sabe él aun hasta que punto—, no de los demás medios de comunicación. Zapatero, en lugar de modernizar el discurso político de los socialistas, ha optado por radicalizarse y secundar la algarada callejera e ideológica de los sindicatos. Lo contrario, vamos, de lo que hicieron los laboristas británicos para ganar en las urnas. Que luego no se queje si le pasa lo mismo que a los socialistas franceses...

El editorial de El País, por su parte, se centra más en el balance de la cumbre que en el rifirafe dialéctico entre Aznar y Zapatero. No obstante, también insiste en hablar de la “política de desinformación” y “la realidad inventada” del Gobierno entorno a la huelga. Pues nada, que insistan por ahí y que Zapatero se lo crea. Al fin y al cabo, el seguimiento de una huelga es difícil de medir con precisión. Ya habrá tiempo de contar los votos en las urnas, que eso si será la prueba del algodón de quien ha estado haciendo el avestruz ante la realidad.

El balance que hace El País de la presidencia española es el que ustedes se pueden imaginar. Ciertamente, esta tampoco es ni podía ser para tirar cohetes, pero una cosa es reconocer que el Gobierno creó excesivas expectativas de la misma y otra secundar el sombrío análisis de los editorialistas de El País que ya tienen que parafrasear a Gaspar Llamazares a la hora de hacer el balance de gestión y al hablar de las “obsesiones” de Aznar sobre la inmigración. Como ven, un análisis muy centradito y ponderado...

La brecha PP-CiU o la falta de reciprocidad

ABC es el único diario que dedica un editorial al anuncio efectuado ayer por del PP de que va abrir “un periodo de reflexión” sobre el apoyo que presta a CiU en el parlamento catalán. El editorial reconoce que los convergentes han terminado por colmar la paciencia del PP al haber acumulado en el Congreso una serie de desencuentros y desaires a los populares (el último en el asunto de la huelga general) de corte tan instrumental como innecesario”. Para ABC se trata de un “grueso error” de los convergentes, pero “puestos en la mesa los riesgos que pueden sobrevenir, lo ideal sería saturar esa brecha y reconducir los mecanismos mutuos de apoyo, tanto en Madrid como en Barcelona, para que en el escrupuloso respeto a la visión de uno y otro partido, se persevere en una fórmula que trae más beneficios que quebraderos de cabeza a la gobernabilidad de España y de la Comunidad catalana”.

El decir que “lo ideal sería preservar los mecanismos mutuos de apoyo, desde el respeto a la visión de uno y otro partido” es una obviedad. La cuestión es qué hace el PP ante la evidencia de que CiU no es leal a ese acuerdo.

Por muy acomplejado que esté el PP ante el nacionalismo catalán, el hecho es que el partido de Aznar no necesita los votos de CiU en el Congreso, pues tiene mayoría absoluta. Pujol, en cambio, no la tiene en el Parlamento catalán y su legislatura sale adelante gracias al apoyo de los populares. El PP, además, ha silenciado su discurso y ha renunciado a ser una alternativa no nacionalista para Cataluña. Ahora los convergentes, dicen que los acuerdos no pueden suponer el silenciamiento de su proyecto propio para justificar el haber dejado al PP en la estacada en el 20-J. Pero ese silenciamiento es precisamente lo que reclamaron al PP cuando exigieron la postergación de Vidal Quadras, exigencia que Aznar atendió servilmente haciendo públicos sus pinitos de catalán en privado. El PP en el 2000, no nos engañemos, no logró su mayoría absoluta gracias a ese error, sino pese a él. Un error que no tuvo con qué contrarrestar en las elecciones catalanas del 99, lo que le llevó a perder un tercio de su electorado.

Ya es lamentable que por unos apoyos que no necesita en Madrid, el PP no de la batalla ni a CiU ni, ojo, al PSC en Cataluña. Pero incluso dando la prioridad a los acuerdos en el Congreso habrá que advertir al que los incumple de los riesgos y los costes de su incumplimiento. No se trata de minusvalorar la conveniencia del apoyo de CiU por el hecho de que el PP tenga mayoría absoluta, por el contrario, se trata de hacer ver a los convergentes el coste de no procurarlo. Si, por el contrario, los nacionalistas pinchan y notan blando, seguirán profundizando...


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