Menú

Teatral en la forma, vacío en el fondo

La sorpresa causada por la participación de Zapatero en el debate de los Presupuestos es la noticia más destacada y comentada en la prensa de este miércoles. Otros claros denominadores comunes de las portadas son el rechazo de plano de la Comisión Europea al plan secesionista de Ibarretxe y la décima víctima mortal del “asesino del tarot” en sólo 20 días.

La Razón dedica su principal espacio de portada al “presidente” de Irán, Mohamed Jatamí, al que acusa de “imponer la ley islámica en su próxima visita a España”, un asunto al que también ABC le dedica un editorial. El principal titular de La Vanguardia destaca que “el Gobierno respeta la oferta de Mas”, una cuestión a la que El Mundo también dedica un editorial.

Otras noticias del día son la revisión que efectuará el Gobierno de las pensiones de los prejubilados perjudicados por las reformas, los 99 millones de euros que Bruselas reclama a España por el fraude del lino, la encuesta de la Comisión Europea que asegura que los jóvenes españoles son de los que más se drogan o los 135 días que la ONU dará a Irak para desarmarse.

Todos los diarios que dedican un editorial al Debate de los Presupuestos —ABC, El Mundo y El País— coinciden en destacar el “golpe de efecto” que, para sorpresa de todos, incluidos los diputados de su propio partidos, supuso la inesperada intervención de Zapatero. También hay unanimidad a la hora de considerar que la participación de Zapatero contribuyó a que el debate fuera más “político” y propio de un Debate sobre el Estado de la Nación que el “técnico” que técnico que suele caracterizar al de los Presupuestos.. No obstante, el balance del enfrentamiento dialéctico entre el ministro Montoro y el secretario general del PSOE varía según los diarios. El País da claramente la “victoria” a Zapatero; El Mundo lo deja más bien en tablas; mientras que La Razón considera que “el fiel de la balanza se inclina por conceder el triunfo” al representante del Gobierno.

Para este último diario, “de poco le sirvieron a Zapatero las lecciones de economía ante la rotundidad y seriedad de los argumentos de Montoro. Frente a un discurso, ciertamente brillante —admite La Razón—, pero típico de una oposición que puede permitirse el lujo de exigencias que no tiene que poner en práctica ni financiar, el ministro defendió un plan coherente para mantener la protección social y el crecimiento de la economía, con otra bajada de impuestos y el déficit cero como objetivo. Una apuesta que la oposición considera imposible, pero que el PP asegura que puede cumplir”. Ante estas “dos posiciones enfrentadas” La Razón opta por conceder el triunfo “a quien durante los últimos cinco años ha demostrado que sabe cumplir sus proyectos presupuestarios”.

El editorial de El Mundo considera que “Zapatero tiene razón; pero Montoro, tambien”. Este diario considera que, “aunque el balance de la política económica es claramente positivo, Zapatero acertó a meter el puñal en las heridas por las que respira el Gobierno”. Este diario pone como ejemplos de esto último el caso de la vivienda, el aumento de la delincuencia, las tecnologías de la información y la inversión pública en educación.

Aunque es cierto que El Mundo señala el acertado reproche que Montoro dirigió a Zapatero al asegurar que “las iniciativas socialistas tendrían un coste de 45.000 millones de euros”, su editorial se queda corto en la crítica a Zapatero, pues este diario parece considerar igual que él que los problemas señalados por el socialista deben ser solucionados con un incremento del gasto público.

Es evidente el encarecimiento de la vivienda, pero el problema fundamentalmente reside en la restricción política de la oferta de suelo urbanizable. También resulta evidente el agravamiento de la delincuencia, pero Zapatero incide en la falta de gasto público en la policía y no donde verdaderamente radica el problema que es en nuestro Sistema Judicial. Aquí —hemos de decirlo una vez más— lo que alienta fundamentalmente al delincuente no es una supuesta baja probabilidad de ser detenido sino la escasa disuasión de la sanción o la pena. Tambien el desarrollo de nuevas tecnologías de información no es algo que deba acometerse dedicándole más dinero del contribuyente, sino liberalizando y dejando a la sociedad civil más recursos en sus manos. Finalmente, en el terreno de la Educación, lo que falla es la falta de competencia y de exigencia de calidad y no una supuesta falta de recursos públicos que son, además, los más cuantiosos por estudiante de la Historia de nuestro país.

No creemos, sin embargo, como El Mundo que ayer Montoro “demostrase que es un sólido orador” pero sí le damos la razón a este diario y al ministro al señalar que Zapatero “no fue capaz de explicar como compatibilizaría las medidas que comportan un aumento del gasto social con el equilibrio presupuestario del que se declaró partidario”.

El País, por su parte, insiste no obstante en esa contradicción que ya hace tiempo denunciamos de sus editoriales y que consiste en quitar credibilidad al equilibrio presupuestario buscado por el PP y, al tiempo, abogar por el déficit público. Esa contradicción fue puesta de manifiesto ayer por Montoro, quien preguntó directamente a Zapatero si era o no partidario del déficit cero. Tal y como indicaba El Mundo, el candidato socialista dijo ser partidario de el mismo, pero parece que El País no se enteró o no ha querido enterarse.

En lugar de restar credibilidad a Zapatero señalando como sus propuestas son incompatibles con ese objetivo, El País insiste en arremeter contra “la mezquina política del déficit cero” y desempolvar el keynesianismo más rancio al proponer que España “avance en la convergencia a costa de déficit públicos moderados financiados al bajo coste actual del dinero”.

Al margen que las propuestas socialistas no acarrearía “moderados” sino monumentales déficits, El País entra en una nueva contradicción. Porque si abiertamente se aboga por el déficit público, ¿qué sentido tiene entonces criticar —como hace más adelante su editorial— al Gobierno por la inflación?. Con la aparición en escena del Banco Central Europeo, a los Gobiernos nacionales les queda poco margen de maniobra para contrarrestar la inflacción, pero, entre sus pocas herramientas para hacerlo, está precisamente la de equilibrar los presupuestos, un objetivo que El País considera “mezquino”. Ni siquiera Keynes suscribiría tan evidentemente esa contradicción. En sus desvariadas propuestas, este al menos tenía la coherencia de asumir la inflación con tal de dar vía libre a sus artificiales estímulos de la demanda basados en el déficit público. El Pais, esta visto, supera con creces los disparates y contrasentidos al célebre pero funesto economista británico.

Suscribimos que a Montoro le pueden faltar “tablas” de orador y que, como El País dice, su estilo fue “entrecortado”. Pero, desde luego, los ademanes casi teatrales con las que Zabatero adornó su inesperada intervención en el Parlamento no borran el vacío de sus propuestas ni su ignorancia básica en materia económica. No sólo no acertó al señalar la solución a los problemas que ciertamente pueden agobiar al Gobierno, sino que sigue sin despejar dudas radicales sobre su alternativa. ¿Continúa considerando Zapatero que bajar impuestos también es de izquierdas? ¿Mantiene el PSOE la oferta de Sevilla de un tipo único para el IRPF? ¿Es verdad que es partidario del déficit cero, o volverá con El País a considerar que es una política mezquina?. Si no es así, ¿cómo cuadraría el PSOE las cuentas? ¿Cuál es su propuesta para combatir la inflación?. Zapatero —pese a su inesperada intervención— sigue “tranquilamente” sin dar respuesta.

Aznar se somete a la intolerancia de Jatamí

Como ayer hiciera El Mundo, ABC y La Razón dedican hoy un merecido editorial a la intolerable intolerancia del dictador iraní quien ha exigido que la liberticida y discriminatoria ley coránica se imponga en nuestro protocolo con ocasión de su prevista visita a España. El País sigue guardando silencio y no creemos que finalmente diga nada, pues, para este diario sólo el catolicismo es merecedor de crítica.

La Razón recuerda que “los chiítas de Jomeini alcanzaron el poder gracias a una extrema interpretación del libro sagrado que, vista desde nuestra posición, resulta incomprensible y atentatoria contra los más elementales derechos y exige incluso un protocolo que sería inaceptable en otro estado”. Dejémonos, sin embargo, de eufemismos: Los chiítas llegaron al poder en Irán gracias a la violencia; en cuanto a su interpretación del Corán, —por mucho que lo alabe Ansón— es simplemente una lectura literal y textual de lo que ese libro dice. Con respecto a la negativa de Jatamí a que los españoles beban vino en su presencia o su negativa a estrechar la mano a las mujeres que ostentan cargos públicos en nuestro país —la Reina y la ministra de Exteriores, sin ir más lejos— más que a nuestro protocolo, supone una afrenta a nuestra Constitución que proclama la igualdad de los sexos.

Aunque La Razón se desliza en un “relativismo cultural” al tratar lo que son o debían ser valores universales —“desde nuestra posición resulta incomprensible”, dice— , este diario al menos considera que lo de Irán supera toda cortesía: “no tanto porque se deban respetar en Madrid sus preceptos religiosos, sino porque no existe reciprocidad y cualquier español no sólo no tiene respeto a sus creencias en Irán, sino que debe plegarse a la dura ley coránica.

La Razón, con todo, se queda corto. Una violación de derechos lo es independientemente de que hayan fronteras de por medio. Que la ley coránica viole los derechos de los iraníes en Irán es tan criticable como que lo haga aquí en España. Lo que cambia en este último caso es la responsabilidad de nuestro Gobierno que consiente y se somete a esa intolerancia. “Mucho tiene que favorecerse los intereses de España con esta visita para aceptar lo que, en términos populares, es un clarísimo ejemplo de la ley del envudo”, concluye La Razón. Termina, pues, así este editorial desbaratando en gran medida lo que se supone que iba ser una crítica a unas imposiciones de un invitado indeseable al sopesar razones económicas que hagan “aceptable” esta capitulación de los valores constitucionales.

ABC mucho más duro y crítico denuncia que “la intolerancia de Jatamí aparece, no por supuesto, cuando legítimamente se niega a beber vino, sino cuando impone que nadie lo beba en su presencia, o, más aun, cuando fundamente sus exigencias en una concepción discriminatoria de la mujer”. ABC dedica una merecidísima puya a las feministas “cuyas protestas no parece que estén siendo muy clamorosas. Se diría que para ellas sólo hay una cosa por encima de la igualdad entre los sexos: la maldad de Occidente”.

Acertadamente ABC denuncia que el régimen iraní impone en sus relaciones con España unas prácticas que son consecuencia y expresión de sus violaciones no sólo de la legislación española sino también de la legislación internacional sobre derechos humanos”. Más adelante su editorial señala que “lo mejor que podía hacer Jatami es limitar sus visitas y sus relaciones internacionales a las tiranías que compartes sus desvaríos fanáticos”. “Ninguna violación de los derechos humanos puede justificarse por razones de cortesía diplomática”, concluye acertadamente ABC.

No obstante, su editorial como en mucha mayor medida el de La Razón, no hace crítica alguna al máximo responsable de que esto vaya a suceder en nuestro país, que no es otro que José María Aznar. Las violaciones de derechos humanos del régimen de Jatamí ya eran conocidas; lo que es nuevo y ha causado este revuelo es que nuestro Gobierno se haya hecho cómplice de la intolerancia integrista. Aznar no debía haber invitado a ese indeseable. No sólo lo ha hecho sino que ha consentido que su fanatismo se impusiera a nuestro protocolo y a nuestra Constitución. ¿También esto es cosa del centro reformista?


Temas

En España

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Inversión
    • Securitas