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Con los zapatos de González

La conmemoración de la llegada al Gobierno del PSOE y la noticia de que los todos los rehenes muertos en Moscú —salvo dos— fallecieron por el gas usado por las fuerzas rusas son las dos noticias más destacadas en la prensa de este lunes. Todas las portadas señalan también la victoria de Lula en las presidenciales brasileñas y la visita hoy a España del dirigente iraní Mohamed Jatamí.

Todos los diarios, excepto ABC, dedican un editorial a la celebración en la plaza de toros de Vista Alegre de Madrid en la que Zapatero ha hecho coincidir su nueva proclamación como candidato a la Presidencia del Gobierno con la conmemoración de la victoria electoral de Felipe González de la que hoy se cumplen 20 años. Los editoriales de El Mundo y El País representan los dos extremos opuestos a la hora de valorar la conmemoración socialista, mientras que los relativamente más breves editoriales de La Razón y La Vanguardia mantienen una postura menos comprometida, más aséptica y equidistante.

El titular del comentario de El Mundo acusa a Zapatero de “falsificar la Historia y reabrir las dudas sobre el PSOE”. El Mundo asegura que “el balance que ayer trazó Rodríguez Zapatero no se compadece ni con la realidad de los hechos ni tampoco con la brusca ruptura generacional sufrida por el PSOE de la que Zapatero y su optimista equipo se ha beneficiado”.

El Mundo cita los supuestos aciertos que Zapatero atribuye a los Gobiernos felipistas como la desaparición del centralismo, la aparición de los derechos sociales, el fin de los ruidos de sables, la sanidad, la educación y las pensiones para todos o la entrada en la Cominidad Europea, para terminar preguntándose su editorial "qué explicación tiene entonces Zapatero para que los protagonistas de estas hazañas hayan tenido que jubilarse tras tocar fondo electoral y dejar paso a una generación desconocida encabezada por él?

El Mundo acertadamente critica que Zapatero se ha apuntado a la bunquerización de la antigua dirección socialista para no asumir la verdad histórica ni pedir disculpas a la sociedad por las atrocidades que se cometieron durante el mandato de sus mayores”. Destaca cómo a diferencia de lo que hicieron, por ejemplo, los socialistas franceses revisando de forma crítica la etapa de la corrupción de Miterrand, Zapatero ha renunciado a la autocrítica. El editorial cita las únicas razones que da Zapatero para explicar la derrota electoral como eran las “las malas artes de la derecha” y los “errores” de “algunos aprovechados” que deben desaparecer de las filas del PSOE.

El Mundo acertadamente señala que los “errores” más bien consistieron en “flagrantes violaciones de las leyes y de la ética” que el diario resume en cuatro grandes pilares: Primero, la finaciación ilegal del partido que incluyen el caso Filesa y las comisiones del AVE. Segundo, la corrupción de quienes se enriquecieron gracias al cargo que ocupaban, como los casos de Vera, Roldán Colorado o Urralburu. Tercero, la invasión de la intimidad, en el que el diario pone como ejemplos los casos de las escuchas ilegales del CESID o el montaje contra el propio director de El Mundo. El cuarto "pilar" lo constituiría los casos de guerra sucia que dieron lugar a crímenes horrendos como los asesinatos de Lasa y Zabala o el secuestro de Marey. En este sentido, el editorial de El Mundo considera que “resulta no sólo vergonzoso, sino una auténtica afrenta a los valores defendidos por la izquierda que un convicto por secuestro como el ex ministro de Interior, José Barrionuevo, levante el puño —símbolo de solidaridad con los oprimidos— mientras el público les ovaciona”.

Lo que resulta curioso es que el editorial de El Mundo, que acertadamente critica la mitificación de los Gobiernos socialistas, mitifique, por su parte, los “valores de la izquierda” en su conjunto y no recuerde precisamente que a gente con “el puño en alto” se deben las mayores opresiones y crímenes políticos que haya conocido la Humanidad en toda su Historia.

El balance que hace El Mundo, que consideramos en términos generales muy acertado, no incluye, sin embargo, otros “errores” también muy decisivos para que el PSOE pasara a la oposición. Fundamentalmente nos referimos a su gestión económica. El paro alcanzó en los Gobiernos felipistas cotas del más del 23 por ciento y España no cumplía en el momento en el que Goznález dejó el Gobierno ni una sola de las condiciones que exigia el ingreso en el euro. No negamos la importancia del elevadísimo grado de corrupción que imperaba entones en España —tambien antes de las elecciones del 93— pero también hay que señalar la gravísima situación económica de inflación, paro, déficit y endeudamiento a la que los Gobiernos de González nos habían arrastrado.

Esta presentación de “Zapatero como continuador del felipismo” viene también a confirmar, aunque El Mundo no lo diga, otra falta de renovación en el PSOE como es la ideológica. Zapatero entró en escena asegurando que iba a liberar al PSOE de los viejos esquemas de la socialdemocracia europea, con un impulso de la sociedad civil muy en la línea de la Tercera Vía de Tony Blair. Sin embargo, ya desde hace tiempo, el candidato se ha sumido en esos esquemas estatistas y de gasto público que llevaron a España a una de sus mayores crisis económicas. El Mundo habla de la revisión critica de los socialistas franceses desde el punto de vista de la corrupción, pero olvida que estos, a diferencia de los laboristas británicos, no acometieron una necesaria revisión de su ideología, lo que ahora les ha llevado de nuevo a la oposición. Los españoles sacaron del poder a González, sin duda escandalizados por los gravísimos escándalos políticos pero también lo hicieron votando con el bolsillo. Si ahora el PSOE está subiendo en las encuestas no se debe a cambio ideológico alguno por su parte; más bien es culpa del PP que parece que se ha autolimitado en su afán de reforma y liberalización política y económica.

El País sólo agradece el servilismo del PSOE

El editorialista de El País se muestra encantado con la intervención de Zapatero y su voluntad de presentarse como continuador de González. No es para menos. Nadie más que Prisa ha hecho para que Zapatero se doblegue y se situé en esa “continuidad histórica” del socialismo que tanto ha hecho por la empresa. El País no se corta y, a pesar de los enormes favores recibidos del PP —ya dijimos que Polanco no pagaría traidores—, elogia sin recato la alternativa que ofrece Zapatero, pasada la “obsesión contra cualquier persona mayor de 50 años que de un modo un poco ingenuo desplegaron inicialmente los nuevos dirigentes socialistas.

Sabiendo que los cordeles de Zapatero están ya bien atados a las manos de Cebrián/González, El País elogia “las ideas de Zapatero sobre una sociedad más equitativa, más abierta y más solidaria frente a una derecha que con la mayoría absoluta se radicalizó hacia su programa de máximos y ahora busca recuperar la imagen de centro perdida”. Sobre el PP, vemos que El País hace el mismo diagnóstico que El Mundo. Sobre el PSOE, evidentemente, no. El País, como Zapatero, se limita a hablar de algunos “evidentes errores”, pero “al situarse en continuidad histórica socialista, el líder del PSOE ha reivindicado los aspectos positivos de los Gobiernos de Felipe González, que son ahora más visibles ante la altivez de Aznar y la patrimonialización de la democracia por parte del PP”.

El editorialista de El País, que ni siquiera pone ningún ejemplo de esos errores de la era felipista, aun tiene la desfachatez de hacer mención a la promesa de Zapatero “de quitar poder a quien en España tiene demasiado”. Como si el presidente de este diario no fuera, gracias a los socialistas —y con el visto bueno del PP— el máximo prototipo de esa concentración de poder económico, político y mediático...

En fin, que el editorial de El País se puede condensar en mucha alegría por el tributo de Zapatero a González y poco agradecimiento por el “giro al centro” de Aznar. Vamos, lo previsible.


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