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Mar Blanco renuncia al escaño que no consiguió en el Parlamento vasco

La dirección del PP vasco no ha conseguido que ninguno de los electos deje su escaño a la hermana de Miguel Ángel Blanco.

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La dirección del PP vasco no ha conseguido que ninguno de los electos deje su escaño a la hermana de Miguel Ángel Blanco.
Antonio Basagoiti habla con Mari Mar Blanco en el Parlamento vasco. | Archivo

Marimar Blanco no será diputada en el Parlamento vasco. La hermana del concejal del PP de Ermua asesinado por la organización terrorista ETA en verano de 1997 trasmitió este lunes al presidente de los populares vascos, Antonio Basagoiti, que renuncia a ocupar un escaño para el que no fue elegida en las pasadas elecciones vascas.

La ex diputada y recién nombrada presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo (FVT) agradeció al líder del PP vasco "todos los esfuerzos" que ha hecho para que pudiera seguir en la Cámara vasca y anunció que se volcará con su labor al frente de la institución donde trabajará por "la memoria, dignidad y justicia de las víctimas" y luchará "contra la impunidad" de los terroristas y para que "el relato final esté basado en la verdad".

Dos días después de las elecciones, el secretario general del PP vasco, Iñaki Oyarzabal, confirmó en rueda de prensa que su partido buscaría correr la lista alavesa con la renuncia a su escaño de algún electo para que Blanco pudiese entrar en el Parlamento vasco. Dijo entonces que los cinco alaveses estaban dispuestos a renunciar. Nada más lejos de la realidad.

De hecho, ninguno de los cinco electos (Iñaki Oyarzabal, Javier Maroto, Laura Garrido, Carmelo Barrio y María del Carmen López de Ocáriz) quiso dejar su cargo para que lo ocupase Blanco. Aunque la verdad es que la dirección del PP vasco no buscaba la renuncia de cualquier de los cinco, sino de cualquiera que no fuera Oyarzabal o Maroto, como demuestra que fuese el propio Oyarzabal quien llamó a esos tres electos para plantearles la situación, algo que hizo después de la mencionada rueda de prensa.

El segundo de la lista, tras Oyarzabal, era Javier Maroto, alcalde de Vitoria. La lógica apuntaría a él como la persona que debería haber dejado su escaño pues ya tendría suficiente trabajo con dirigir los destinos de la capital vasca. No en vano, cargos públicos y militantes de peso del PP alavés consultados la pasada semana por Libertad Digital apuntaron a él como el que debería haber dimitido.

Su permanencia se debe entender en clave sucesoria. Hombre de confianza del actual portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Alfonso Alonso, quien le nombró su sucesor como candidato a la alcaldía de Vitoria, se colocaría desde el Parlamento vasco en una posición de privilegio para sustituir a Basagoiti al frente del PP vasco, con el beneplácito y apoyo de Oyarzabal.

De los tres, la renuncia que prefería el dúo Oyarzabal-Alonso era la de Barrio. Secretario general del PP vasco entre 1996 y 2008 (con Carlos Iturgaiz y María San Gil) es el único peso pesado del partido con autoridad para plantar cara a la actual dirección y exigir un cambio de línea del partido, para regresar a la política de los valores y principios que otrora caracterizase al PP vasco.

Garrido Knörr –muy afín a quien mande en cada momento en el partido y la única que domina el euskera– y la veterana López de Ocáriz –a la que sus compañeros de escaño describen como una gran trabajadora– tampoco quisieron dejar su escaño a Blanco.

Diversas fuentes del PP alavés consultadas por este periódico coincidieron desde pocas horas después de las elecciones que ninguno de los electos del territorio debía renunciar a su escaño en beneficio de Blanco. Argumentaron que el problema que se había creado había sido provocado por la propia dirección, que no supo o pudo colocar a Blanco en un mejor puesto. Además, recordaron que Blanco no es alavesa, sino de Vizcaya.

Las mismas fuentes apuntaron en los últimos días que dada la imposibilidad de que la hermana de Miguel Ángel Blanco pudiese ocupar un escaño en la Cámara de Vitoria lo más fácil podría ser buscarle un cargo remunerado –la presidencia de la Fundación de Víctimas no lo es– en el Gobierno de la Nación.

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