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'La Vanguardia' intenta blanquear el apoyo de Godó al separatismo

Reportaje en el diario de Godó sobre la amnesia de Màrius Carol, las llamadas de Martínez de Castro y los esfuerzos del conde para evitar la DUI.

(Barcelona)
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'La Vanguardia' intenta blanquear el apoyo de Godó al separatismo
La doble página del reportaje. | LD

El diario La Vanguardia conmemora el primer aniversario de la proclamación de la república catalana con un extenso reportaje de Sergi Pàmies sobre tan trepidantes horas en la redacción del rotativo y los despachos directivos. El texto señala a los hombres y mujeres fuertes en la redacción y sus tribulaciones e impresiones de aquellos días turbulentos. Tras admitir el autor que "no es saludable que el periodismo sea el sujeto de un reportaje", pasa a describir la frenética actividad en la sede del diario barcelonés: "el edificio del Grupo Godó, reconvertido en una especie de híbrido de 13 Rue del Percebe y El coloso en llamas con actividad en cuatro plantas diferentes (propiedad, RAC1, web, La Vanguardia)".

Primero fija quién gobierna el diario: "La secuencia empieza la noche del 25, en el despacho del director Màrius Carol. Lo acompañan Jordi Juan, Miquel Molina, Lola Garcia, Isabel Garcia Pagan, Llàtzer Moix y Manel Pérez". Después describe el encargo editorial al que tenían que hacer frente tras años de un apoyo indisimulado del diario al proceso separatista. Para ello se remonta Pàmies a unas palabras del editor, Javier Godó, durante la presentación de la edición en catalán de La Vanguardia, fuertemente subvencionada por Generalidad, ayuntamientos y diputaciones: "Hace unos años, cuando el editor Javier Godó presentó la edición en catalán del periódico, insistió en la voluntad de situarse "en el carril central de la moderación". No podía prever que aquella autopista metafórica evolucionaría hacia adelantamientos temerarios, cortes de circulación y cambios imprevisibles de sentido".

Las instrucciones del patrón

Según el relato que publica este sábado La Vanguardia, Javier Godó transmitió "la necesidad de ser claros" y de ese empeño surgió un editorial titulado "Nos llevan hacia las rocas". Apunta Pàmies al respecto que "el periódico entiende que los equilibrios y las mayorías del momento no justifican una ruptura tan radical como una DUI". Y añade: "Tras muchas conversaciones, se apuesta por un editorial que reclama unas elecciones que, sin debilitar las instituciones y evitando el artículo 155, detengan una cuenta atrás que empezó los días 6 y 7 de septiembre".

El citado editorial alertaba del peso decisivo del "ala radical independentista", lo que a juicio del equipo redactor restaba al independentismo "fuerza, transversalidad, pluralidad y representatividad". Y concluía con una petición desesperada que cayó en saco roto: "A estas alturas, sólo Puigdemont, al que la presidencia de la Generalitat otorga la última palabra, puede evitarlo. Y le pedimos encarecidamente que lo evite".

Las pastillas del director

El reportaje también entra en interioridades de la redacción, como cuando refiere el estado de ánimo del director: "Si le hicieran un análisis, en la sangre de Màrius Carol encontrarían textos de Gaziel sobre el 6 de octubre de 1934, momentos de vértigo, soledad, responsabilidad, restos de lormetapezam y un furor telefónico digno de Miguel Gila preguntando: "¿Está el enemigo? Que se ponga". Según Pàmies, Carol no hacía más que viajar entre las plantas 7 y 17 del coloso en llamas. "Hoy no recuerda nada de la energía trepidante del día, quién sabe si porque prefiere olvidarlo".

La sede de La Vanguardia es un hervidero tipo centralitas colapsadas. Lectores independentistas exigen más fervor republicano, según la crónica: "Llegan cartas, mensajes y llamadas de lectores que reclaman un compromiso más independentista del periódico. En el fragor de la batalla, Isabel Garcia Pagan trenza todos los hilos de una noticia: las elecciones serán el 20 de diciembre. La noticia salta a la web y cuando Garcia Pagan decide trasladarse al Palau de la Generalitat para asistir a la convocatoria en la que debe anunciarse lo que ya se sabe, sus compañeros la aplauden. Han sido días de mucha tensión y, conscientes de que en una redacción no todo el mundo piensa igual, se evitan frivolidades innecesarias".

Aquello de la centralita colapsada

Además de lectores por La Vanguardia Republicana, también llaman altos cargos al diario: "El entorno del presidente Puigdemont pide que el periódico ayude a remar en la dirección que defiende el editorial. El esfuerzo se centra en lograr que Puigdemont y Rajoy se telefoneen y, sin intermediarios, asuman sus recíprocas responsabilidades". Eso tampoco pasó, pero no deja de constatar Pàmies que "el ministro Luis de Guindos ha hablado con Manel Pérez para expresarle su alivio ante lo que él afirma que va a ocurrir y, con campechanía pronosticadora, decirle: "Ya te lo decía yo". Pérez recuerda la "monumental preocupación" de sectores económicos, arrastrados por una espiral de cambios de sede social. Muchos de sus contactos le transmiten el "dramatismo descarnado" que supone el cambio pero al mismo tiempo Pérez detecta cierta incredulidad ante la posibilidad, aún no confirmada, de una opción rupturista".

Y más llamadas: "A medida que pasan las horas, el panorama cambia. Las llamadas entre el Palau (y el dichoso Estado Mayor) y el periódico son cada vez más inciertas. El tono sube. El vocabulario se vuelve más vulgar. (...) Jordi Juan recibe un mensaje sintomático: "Si el president convoca elecciones, ERC sale del gobierno". Miquel Molina recuerda que en todas las secciones del periódico se forman grupos espontáneos de conversación delante de las televisiones y que de vez en cuando se acercaban a los ventanales para comprobar como respiraba la plaza Francesc Macià, escenario de idas y venidas de grupos favorables y contrarios a la independencia arbitrados por mossos, policía nacional y guardia urbana".

Ambientazo en la redacción y "frenética" actividad telefónica. Llamadas de todos los lados: "Carmen Martínez Castro, desde la Moncloa, Pere Martí, desde la Generalitat, el Colegio de Abogados, colaboradores inquietos –Jordi Amat, Carlos Zanón–, todos quieren saber qué está pasando más allá de lo que cuentan las webs y las radios. Lola Garcia está en el plató de La Sexta, participando en el programa Al rojo vivo, que se hace desde el Poble Nou. Cuando, a través de la web, trasciende la noticia de las elecciones, Xavier Sardà aprovecha la pausa publicitaria para abrazar efusivamente a todos los tertulianos. En la redacción digital, Jordi Juan intenta conectar con el entorno de Puigdemont pero están todos reunidos y, conscientes de la fragilidad de la seguridad telefónica, han dejado los móviles fuera. Decepcionado, Juan sospecha que el combate entre moderación y radicalidad vuelve a situar el país en una zona de inestabilidad y describe así la secuencia de emociones vividas el 26: "Satisfacción, estupefacción, cabreo. De la ilusión a la decepción". Lo acribillan las llamadas de corresponsales, que no entienden qué está pasando y se suma a las interconexiones entre todas las zonas del edificio del Grupo Godó, reconvertido en una especie de híbrido de 13 Rue del Percebe y El coloso en llamas con actividad en cuatro plantas diferentes (propiedad, RAC1, web, La Vanguardia)".

Juliana y Rahola

El reportaje cita a Enric Juliana, del que se afirma: "Juliana centraliza la inquietud de muchos políticos y periodistas establecidos en Madrid y sigue pensando que aquella Declaración de Independencia fue un terrible error. "Hoy los españoles se dividen entre los que quieren revancha y los que aceptarían algún tipo de compromiso para salir del paso sin dramas", afirma con su habitual precisión analítica".

Tampoco falta la mención a Pilar Rahola, peso pesado en el rotativo. Con ella acaba Pàmies su crónica sobre aquellos intensos días en el diario del conde de Godó: "El 28, después de unas horas en las que el único elemento histórico acaba siendo la incertidumbre (por encima de los discurso de Rajoy y Puigdemont), Pilar Rahola, que es, además de columnista del periódico y referencia periodística e intelectual del independentismo, escribe este el siguiente tuit: "Perdonad, no he entendido el sentido del discurso del president Carles Puigdemont. ¿Donde estamos?". Que lo borre al cabo de un rato confirma que muchas cosas siguen estando por hacer y que no todo es posible". Quien no aparece en el texto es Carlos Godó, el hijo de editor destinado a asumir las riendas del grupo.

Las portadas de La Vanguardia de aquellos días tienen poco que ver con las de los Onze de Setembre a doble página. El 26 de octubre llegaba incluso a reconocer en primera página la existencia de un independentismo "radical", al que responsabilizaba de la situación con este titular de apertura: "El entorno radical empuja a Puigdemont hacia la DUI". Sólo unas semanas antes, el 12 de septiembre de 2017, honraba en portada la celebración de la Diada con el titular "El sí toma la calle". Era la línea habitual, "el carril central de la moderación" del que hablaba Javier Godó, las portadas de cada Diada, un clásico que arrancó en 2012 con el titular "Cataluña dice basta".

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