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La prensa de un vistazo

Sánchez "está tan fuera de sí" que hasta 'El País' le acusa de abusón y altanero

Con todo a su favor, Sánchez perdió el debate por sus desmedidos y abusivos ataques a Feijóo.

Con todo a su favor, Sánchez perdió el debate por sus desmedidos y abusivos ataques a Feijóo.
Europa Press

El Mundo

"Sánchez orilla la inflación con 47 minutos de ataques a Feijóo". Fue un espectáculo gore. Debían prohibir estas cosas en horario infantil. El PSOE sujetó a Feijóo con 5 minutos para defenderse mientras el matón Sánchez le pateaba el hígado durante 47 minutos. Milagrosamente, cuando Ander Gil soltó a Feijóo, éste se superó a sí mismo y le arreó a Sánchez un par de guantazos que le dejaron hundido. Eso por abusón.

Dice el editorial que "el esperado debate entre el presidente y el líder de la oposición, si sirvió para algo, fue para proyectar una patética inversión de papeles a ojos de los espectadores". Atónitos, nos dejó. Sabíamos el tipo de sanguijuela que habita en Moncloa, pero ayer se desmadró. "Sánchez se dedicó a tratar de desacreditar a Feijóo durante la mayor parte de su turno, que además era ilimitado". "Sánchez usó su tiempo sin límites para arremeter obsesivamente contra Feijóo, sin reparar en que semejante estrategia delataba su nerviosismo y agigantaba la alternativa a los ojos de cada vez más ciudadanos desencantados con la gestión del Gobierno". Se pasó de frenada y eso le perdió.

Lucía Méndez lo califica de "combate por todo lo alto. Sánchez y Feijóo presentaron ante los españoles sus credenciales de ataque y defensa, como candidatos a las elecciones que se celebrarán dentro de año y medio. El defensor del título ha salido al ataque con todo por delante". Al ataque a todos y a todo. Pero "Feijóo es un adversario correoso y duro de pelar". Si ayer consiguió hundirlo en 5 minutos mientras el abusón utilizó dos horas y pico en insultarle, denigrarle, descalificarle —bueno, a Feijóo, a los jueces, a los medios de comunicación, a la grandes empresas antes tan amigas– en iguales condiciones no queda de Sánchez ni las raspas.

"El cronómetro fue una de las noticias inesperadas del cara a cara. El presidente del Senado, Ander Gil, ni siquiera disimuló. Echó las dos manos a favor del líder de su partido. Concedió al aspirante unos rácanos minutos de cortesía, mientras el defensor del título hablaba, hablaba y hablaba". Fue una auténtica vergüenza, obsceno.

"Al presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, no se le quita la cara de estupor al comprobar que el Gobierno de Sánchez le ha situado en lo más alto de la columna del poder con la intención de derribarlo". Fue a Sánchez a quien se le vio la mala fe.

Dice Santiago González que "fue un error darle más tiempo al chulángano de La Moncloa. Solo está convencido de su elocuencia, cuando debió pensar en que disponer de más tiempo era tener más soga para su propia horca. Feijóo, en cambio, cuajó su primer cuarto de hora un poquito largo y la réplica de ocho minutos, tasados con un rigor extraordinario por el presidente de la Cámara, que le conminó en seis ocasiones a terminar sus dos intervenciones". Sí, se le noto a Ander que su jefe le había hecho serias advertencias.

"Durante su réplica, dedicó toda la hora de su intervención a hacer una oposición de trazo grueso, entre la ordinariez y la mentira, situando a su contrincante al menos en una veintena de ocasiones en la disyuntiva: 'Insolvencia o mala fe'. Estuvo muy atinado y fino Feijóo, que se despidió con una dejada impecable, invitándole a que desistiera de sus esfuerzos para hacer oposición desde Moncloa: 'Para hacer oposición solo tiene que esperar a las próximas elecciones'". Estuvo genial, Feijóo. Dejó al chulo playa para el arrastre.

"Cualquiera que viese el espectáculo parlamentario se llamaría a escándalo al ver que Sánchez acusaba a su oponente de lo que él no paró de hacer en sus dos horas largas de verborrea, o sea, de insultar. Pero no se resignó a privarse de ponerle un broche de oro a su charla al acusar al presidente del PP de mentir sin despeinarse". Sí, Santiago, nos reímos un rato.

Emilia Landaluce dice que "el formato desigual de tiempo era una carota (por los minutos ilimitados que pudo hablar Sánchez) a carita (los 20 minutos reglamentarios)". Ningún presidente que se precie dedica su tiempo ilimitado a insultar a un adversario que no se puede defender. Qué cobarde.

Federico Jiménez Losantos dice que "está tan fuera de sí, tan políticamente desnortado, que recordaba a Mitrofán, aquel oso ruso al que emborrachaban para que Campechano no corriera riesgos venatorios". "Feijóo estuvo muy cómodo ante el plantígrado, que sacó a colación la ETA porque el del PP no lo había hecho y condenó que llamase 'títeres' a los monigotes parlantes de su Sálvame Deluxe, cosa que Feijóo no había hecho pero que sin duda delató cómo los llama Bolaños. En fin, que Sánchez boxeó con su propia sombra presidencial y acabó en la lona. Y allí, seguía manoteando". ¿Pero quién asesora a es hombre?

Cree Federico que "no se puede hablar de triunfador del debate, porque no hubo debate". No, fue un monólogo de Sánchez insultando a Feijóo, a empresarios de los que no da nombres, a medios de comunicación que no concreta, en fin, a todo quisqui que no le rinda pleitesía. "Pero está claro quién fue el perdedor: el promotor de la pelea, que ganó Alberto Núñez Feijóo sin moverse del rincón". En menos de 5 minutos.

El País

"Sánchez lanza sobre Feijóo una enmienda a la totalidad". "Durante casi una hora, aprovechando que no tenía ningún límite de tiempo, mientras que el líder del PP disponía de 15 minutos de discurso y cinco de réplica, Sánchez fue desgranando una por una las posiciones de Feijóo para tratar de destruir su imagen de político moderado y gestor después de 13 años al frente de la Xunta de Galicia, y presentarlo como un insolvente que no está preparado para ser presidente del Gobierno". Y lo que consiguió fue quedar como un chulo de barra de bar un abusón de patio de colegio. Hizo bien Feijóo recordándole que él no había sido más que un concejal de la oposición. Le faltó mencionar la tesis plagiada.

"Sánchez contra Feijóo: una lluvia de golpes de 47 minutos". Xosé Hermida lo define bastante bien. " El socialista estaba deseando golpear a un contrincante que no ha cesado de comerle terreno en las encuestas, así que no dejó pasar la ocasión y allá se lanzó con todo este martes: con la derecha y con la izquierda, con guante y sin guante, al estómago y a la mandíbula. Sánchez no se cansaba de golpear, volvía una y otra vez, gustándose, enardecido por los suyos, encadenando ironías mientras leía algunos deslices argumentales de Feijóo en los meses que lleva al frente del partido". Lo que se vio fue a un presidente fuera de sí, superado por la ira, o tal vez por el miedo.

"El líder de la oposición quería examinar al Gobierno y el que acabó examinado, analizado, destripado y diseccionado fue él en un debate cuyo formato lo dejó casi inerme frente a un Sánchez desatado". Un espectáculo de lo más desagradable. El presidente quedó como un matón de discoteca, como una fiera corrupia. Y aun así, Feijóo le ganó. ¿O cree Hermida que este tipo de abusos gustan a los ciudadanos? ¿O cree Sánchez que la gente tiene tan mala fe como él?

Javier Casqueiro le toma el relevo a Sánchez en los ataques a Feijóo. Y luego habla el pobrecito de poderes ocultos y medios de comunicación. "Feijóo es más poliédrico de lo que parece. Descalifica con acritud y se queja de que le insulten". ¿Habla de Feijóo o de Sánchez? Porque vaya, ayer escuchamos 47 minutos de descalificaciones a un Feijóo atado de pies y manos. Y aun así le ganó. A Sánchez le falta la elegancia y el saber comportarse que le sobra a Feijóo.

"A Feijóo comparar 'los últimos días de gobierno’ de Sánchez con los sanguinarios déspotas de El otoño del patriarca del nobel Gabriel García Márquez no le parece un insulto". Francamente, Casqueiro, ni a Feijóo ni a nadie. Después de la catarata de insultos que hemos oído este verano contra el gallego lo de El otoño del patriarca es una bobada melindrosa.

"Nada de lo que ocurrió en su primer y duro cara a cara en el Senado frente al presidente sorprendió en realidad a Feijóo, aunque intentó parecer asombrado por la virulencia de las respuestas que recibió de Sánchez. Quería y buscaba ese duelo". "Sánchez cumplió ampliamente esas expectativas". Sánchez y sus medios están fuera de la realidad.

Al menos, el editorial de Pepa Bueno es honesto por una vez. "El reglamento del Senado privilegia al Gobierno y le da tiempo ilimitado al presidente para sus intervenciones —puede hacer además cuantas crea oportunas—. Y estipula 15 minutos para la oposición y una réplica de 5 minutos más, cicateramente vigilados por el presidente de la Cámara".

"El debate cambió de golpe en la réplica del presidente cuando quedó muy claro que, efectivamente, en la Moncloa hacen acuse de recibo del desgaste y habían decidido emplearse con dureza contra Feijóo en una larguísima intervención convertida en una suerte de debate sobre el estado de la oposición. Usando —y abusando— de la prerrogativa del tiempo ilimitado, Sánchez se afanó en desmontar los errores y posiciones de Feijóo desde que es el líder del PP, utilizando en ocasiones un tono que rozaba la altanería". Es de agradecer leer en el panfleto sanchista alguna merecida crítica al jefe.

ABC

"Sánchez señala a todos: prensa, jueces, empresas y oposición". Pablo Iglesias sin coleta. El dueño del BOE, el que manda por decreto haciéndose la víctima. Ver para creer. "De más de dos horas y media de debate, Sánchez capitalizó prácticamente dos horas, y Feijóo poco más de media. Pero era el formato que había propuesto el PP y a esos riesgos debía atenerse, consciente de que le sería imposible tener tiempo para responder a cada cuestión que plantease Sánchez", dice el editorial. A ver, ese formato sirve para hablar de cosas concretas, cuando se trata de un ataque desmedido ad hominen es una muestra de cobardía y ventajismo por parte del presidente. Una falta de elegancia patética.

Sánchez tuvo una "conducta agresiva contra todo aquello que no le da la razón: las empresas, los jueces, la oposición, los medios de comunicación". Eso sí, sin tener las narices de poner nombres. "Sánchez volvió a demostrar un desahogo, con risotadas incluidas desde su escaño, que nada se compadece con el clima general de irritación ciudadana". Está para que le mediquen.

Hugues dice que "parecía muy dudoso el provecho que Feijóo le podía sacar a su duelo con Sánchez en el Senado. A cambio de quince minutos de intervención hubo que aguantar dos horas de delirio sanchista". Pero resulta que "Feijóo estuvo firme, correcto, sereno, esas cosas que se dicen, pero sin esconder el hilo de autoridad. Rajoyista pero sin esa excesiva retranca, sin el jugueteo irónico, con una contención clara del ego y, desde luego, muchísimo más empaque que Casado". Hombre, no compares.

"Esas palabras y esas formas suyas tuvieron un efecto inmediato y visible en Sánchez, cuyo rostro empezó a modificarse. El rostro se le demudó, empezaron a asomar visajes de chulanganería, musitaciones inteligibles ('Qué falso'); Sánchez comenzó a mirar a Feijóo de un modo preocupante. ¿Cómo reaccionaríamos si alguien en un bar nos mirara así?". O te vas o procuras hacerte con un arma defensiva. Y más cuando el chulángano cuenta con el dueño del bar, Ander Gil, para inmovilizarte.

Tras el discurso de Feijóo, "Sánchez empleó otra hora de nuestro tiempo en un discurso personal contra Feijóo, un discurso obsesivo, viciado, con ritornellos obstinados dirigidos a destruir la imagen de buen gestor de Feijóo". De buen gestor y contra su persona, a lo de la mala fe le podía haber respondido Feijóo que cree el ladrón que todos son de su condición.

"Feijóo había conseguido sacar al Calígula de chichinabo que Sánchez lleva dentro y aun tuvo una virtud mayor al saber encajar. Feijóo tiene esa cara como de empate a cero cubista que le permitió soportar como si nada, con un estoicismo casi temible, el disparate de la segunda hora de Sánchez contra él". Un desmelenado enloquecido, un gañán contra un señor con corbata con cara de oficinista.

"Lo mejor, de todos modos, fue la respuesta. La contrarréplica de Feijóo, que ya no fue breve y moderada, sino brevísima y moderadísima frente al desparrame gestual (¡tiránicos tics!) de Sánchez y el no menor desparrame intelectual". Y le dejó KO.

Cuando volvió a subir al estrado, no era el mismo Sánchez. Empezó balbuceando con la sensación de que se había pasado varios pueblos.

La Razón

"Feijóo confirma su liderazgo frente al ataque feroz de Sánchez". "Pedro Sánchez abusó ayer de los márgenes que le facilitaba el Reglamento del Senado para golpear con saña al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, en un debate que, en teoría, tenía como objetivo las medidas de ahorro energético y la crisis económica, pero que el presidente convirtió en un ataque feroz contra el político gallego". Exacto. Lo curioso es que la banda sanchista crea que semejante espectáculo de abuso de poder les conviene. "La obsesión de Moncloa es echar tierra sobre esa imagen que se ha construido Feijóo en su trayectoria política y que le vincula con la idea de un buen gestor, de perfil moderado y constructivo. En ello empleó toda su artillería Sánchez sin conseguir que Feijóo bajara al fango". Quita, quita, no hay que ponerse a la altura de este macarra. Por eso ganó Feijóo con todo en su contra.

Dice el editorial que el cara a cara dejó claro que el objetivo de Sánchez no era ni la energía, ni la economía, ni nada que importe a los españoles, iba de "lanzarse con toda la crudeza y los golpes bajos posibles contra el adversario". Lamentable. Sánchez dejó claro que había ido al Senado "exclusivamente a desgastar la figura de Núñez Feijóo". "Dedicar 50 minutos a vituperar al adversario fue la mejor prueba de que las dificultades y el bienestar de los ciudadanos no eran de su interés". Y se encontró enfrente un "ejercicio de contención y moderación en todos los momentos del debate que ponderó el liderazgo del presidente del PP y su ejercicio de parlamentarismo sensato y tranquilo". "En un debate, con todo a favor, incluida la irrupción del presidente de la Cámara, el inquilino de la Moncloa cosechó una derrota sin paliativos". Y dio una imagen de matón de medio pelo, abusón de patio de colegio y un desequilibrado.

"El debate dejó señales inquietantes para la democracia con su más alta magistratura extendiendo sombras de sospecha y conspiraciones contra la judicatura, los más altos tribunales, las grandes empresas, los medios de comunicación y la oposición como peón de 'poderes ocultos'. La imagen y el discurso de Sánchez resultaron alarmantes para la estabilidad y las garantías. Feijóo cumplió con lo que se espera de un político serio. Tendió la mano y el presidente lo despreció. Es urgente que los españoles tomen la palabra en las urnas". Pero ya. Que se entere Sánchez de que los poderes ocultos que quieren echarle son los españoles, y ni fuman puros ni están en cenáculos de Madrid, están por todos los sitios.

Como dice Rebeca Argudo "en esta réplica interminable, en la que, ni por respeto o elegancia, ha sido capaz de hacer un uso decoroso del tiempo, un Sánchez balbuceante ha empleado mucho, demasiado, de ese tiempo en atacar personalmente a su adversario, en un ad hominem continuo y bochornoso. Ha oscilado en ocasiones entre el cinismo y la chulería, totalmente fuera de lugar ambas actitudes, y ha ejercido más de oposición en elecciones comarcales que de presidente de la nación. Tan a la defensiva que no cabía duda alguna de quién era al que le habían dado la tunda, como ese boxeador desnortado que, al borde del desfallecimiento y con el ojo a la virulé, sigue palmoteando al aire y gritando que le dejen solo, que ya lo tiene. Todavía le quedaban cinco minutos de réplica a Feijóo, Sánchez le enviaba a estudiar y todo hacía prever que, a pocas ganas que Feijóo le pusiese, esos cinco minutos podían ser el uppercut definitivo. Y vaya si lo ha sido". Lo que se llama, con perdón, dos hostias bien dadas.

En España

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