
El procesamiento en Italia del exmarido de Juana Rivas por maltratar presuntamente a sus hijos causaba este miércoles una gran sopresa por cuanto en enero de 2023 había sido la propia Justicia italiana la que había decidido concederle la custodia de los menores. "Este servicio nunca ha detectado maltrato alguno por parte del Sr. Arcuri", habían certificado entonces los Servicios Sociales.
La jueza María Antonella Sechi explicaba las denuncias en el escalofriante chantaje al que Juana Rivas había sometido a sus hijos para que acusaran a su padre, describiéndola como una mujer con un "funcionamiento psíquico severamente patológico", que manifestaba "grandes habilidades manipuladoras hacia los menores".
Precisamente por eso, ahora llama poderosamente la atención que la Fiscalía italiana reabra el caso de los presuntos malos tratos de Arcuri. Sin embargo, las fuentes consultadas por Libertad Digital aportan varias claves para entender este nuevo giro de los acontecimientos.
Las acusaciones de Gabriel
Los hechos por los que ahora se procesará a Arcuri se remontarían a 2019 —curiosamente, el mismo año monitorizado por los Servicios Sociales sin que apreciasen absolutamente nada— y, nuevamente, estarían relacionados con las acusaciones vertidas por su hijo mayor, Gabriel, quien, desde que cumpliera los 17 años vive con su madre en España por voluntad propia.
A pesar de que ningún psicólogo ni ningún tribunal ha dado nunca credibilidad al relato con el que Juana Rivas justificó el secuestro de sus hijos, Gabriel habría "pedido ayuda a la Fiscalía General de Cagliari tras expresar con rotundidad que su padre no es capaz de controlar su impulsividad y su ira", advirtiendo, por tanto, que su hermano estaría "en gran peligro".
Según el escrito de acusación, los niños habrían sufrido "violencia física, vejaciones, injurias y amenazas". Además, se relatan episodios concretos, fechados entre febrero y mayo de 2019, en los que Arcuri habría empujado y golpeado tanto a Gabriel como a Daniel.
El giro de la Fiscalía
Hasta ahora, el Ministerio Público representado por Gaetano Porcu nunca se había posicionado a favor de Rivas. De hecho, el fiscal siempre negó haber encontrado daños reales en los menores en las decenas de ocasiones en las que su madre les llevó al hospital, cuando acudía a visitarles a Cerdeña, e incluso llegó a dar orden a los Carabinieri de que no le trasladaran más partes de lesiones sin que se aportaran pruebas de las mismas. Precisamente por eso, las fuentes consultadas por LD solo explican este vuelco en el cambio de representante de la Fiscalía, una vez que Sergio di Nicola ha tomado el relevo a Porcu al frente de la misma.
Se da la circunstancia, además, de que, a diferencia de lo que sucede en España, la instrucción no la dirige un juez, sino que es el Ministerio Público el que toma las riendas y decide a quién procesar. Ahora, sin embargo, serán los jueces los que tendrán la última palabra y, tal y como ha podido saber LD, será la misma sala que ya archivó hechos similares en 2020 la que analice tanto el escrito de la Fiscalía, como las pruebas que, a partir de ahora, podrá afrontar la defensa de Arcuri, quien, según sus abogados, se encuentra "muy tranquilo".
¿Alienación parental?
A lo largo de estos años, el hijo mayor de Francisco Arcuri, Gabriel, ha denunciado reiteradamente los supuestos malos tratos sufridos a manos de su padre. En 2018, el diario ABC incluso recibió una carta teóricamente escrita por él en la que llegaba a decir que tenía miedo de que su padre les matase. Sin embargo, ni psicólogos ni jueces han dado nunca credibilidad a tales acusaciones, porque jamás se han encontrado pruebas, porque su actitud nunca ha casado con sus palabras y porque ha quedado constatado que el secuestro perpetrado por Juana Rivas —por el que fue condenada en sentencia firme— "favoreció la estructuración de un proceso de alienación de la figura paterna".
Según los Servicios Sociales, además, esta situación generaba en el padre "una enorme dificultad en la gestión de las relaciones con los niños", porque cualquier palabra o actitud o comportamiento venía "instrumentalizado y manipulado" y corría el riesgo de que todo lo que dijera e hiciera fuera utilizado en su contra. De hecho, y más allá de lo que ahora determine la Justicia italiana, lo que es un hecho es que la relación entre Arcuri y Gabriel se encontraba ya muy deteriorada.
La confesión de Daniel
Capítulo aparte merecen los vídeos y mensajes que Rivas pretendió usar contra Francesco Arcuri para conseguir la custodia del pequeño Daniel. "Me obligó a hacer vídeos, me obligó a decir que quiero vivir allí (en Granada), pero yo no quiero vivir allí, yo quiero vivir aquí", decía insistentemente el menor, quien, además, relató a los profesionales que siguen su caso en Italia que su madre había aprovechado las vacaciones de verano para llevarle a varias psicólogas para tratar de predisponerle contra su padre.
Al no conseguirlo, una vez que el menor ya estaba en Carloforte, Rivas presentó unas capturas de pantalla de supuestos mensajes de su hijo pequeño, en los que éste le pedía ayuda "frente a una escalada de conductas cada vez más graves" por parte de su exmarido. La jueza rechazó, sin embargo, tales pruebas, tras pedirle a uno de los educadores que hablase con el menor para indagar si era cierto. El niño aseguró entonces "que él no había escrito tales mensajes, que en realidad habían sido escritos por la madre, usando aplicaciones y el sistema de capturas de pantalla para cambiar las fechas".
Con todo, la Justicia italiana corroboró finalmente que Juana Rivas no solo dificulta la "relación afectiva con el padre", sino que, además, "mina la serenidad" de sus hijos, sobre los que ejerce un "profundo daño psicológico". Por eso, con el fin de limitarlo al máximo posible, no solo le otorgó la custodia a Francesco Arcuri, sino que, además, limitó las visitas de la madre, de tal manera que determinó que Rivas podría verle "exclusivamente en Cerdeña" para evitar que le siguiera llevando a psicólogas de parte que pudieran hacerle interiorizar unos malos tratos y unos abusos que la Justicia italiana consideraba que jamás habrían existido.
Según ha podido saber Libertad Digital, en el último año las visitas de Rivas a su hijo pequeño han sido mucho menos de las que cabría esperar. Sin embargo, el hijo mayor vive con ella, por lo que la defensa de Arcuri sostendrá que su testimonio puede estar más viciado si cabe de lo que ya lo estaba cuando la Justicia italiana le dio a él la custodia. Sea como fuere, serán los jueces los que tendrán la última palabra, tras tomar declaración tanto a Arcuri, como a su hijo pequeño, algo que, durante la instrucción —debido a las diferencias entre el sistema español y el italiano— no habría sucedido.
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