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Un maquinista jubilado explica por qué no hubo más víctimas en el accidente ferroviario

Manuel Domínguez analiza las causas y revela un factor clave que redujo el número de víctimas.

Agentes de la Guardia Civil inspeccionan la vía del tren donde descarrilaron dos trenes de alta velocidad en Adamuz. | Europa Press

España continúa de luto tras la grave tragedia ferroviaria registrada en Córdoba, un accidente que ha dejado por el momento 41 personas fallecidas y decenas de heridos. Mientras los equipos de emergencia siguen trabajando sobre el terreno y las autoridades avanzan en la identificación de las víctimas, el país entero busca respuestas que ayuden a comprender cómo se produjo el siniestro.

El accidente se produjo cuando un tren de la compañía Iryo descarriló en los desvíos de entrada a la vía 1 y, en cuestión de segundos, invadió la vía contigua por la que circulaba un tren Alvia. La colisión entre ambos convoyes fue prácticamente inevitable y provocó el descarrilamiento del segundo tren, multiplicando el impacto del siniestro.

Veinte segundos decisivos

Las primeras investigaciones apuntan a que apenas transcurrieron 20 segundos desde que el tren de Iryo se salió de la vía hasta que se produjo el choque con el Alvia. Un margen de tiempo mínimo que hizo imposible cualquier maniobra para evitar la colisión.

El tren de Iryo había salido de Málaga a las 18:40 horas y el siniestro se registró alrededor de las 19:45, aproximadamente una hora después del inicio del trayecto. A bordo viajaban 317 personas y el descarrilamiento afectó a los tres últimos vagones del convoy.

Un país en busca de respuestas

Desde que se conoció la magnitud de la tragedia, especialistas ferroviarios, técnicos y expertos en seguridad han comenzado a analizar posibles causas. Informes preliminares, hipótesis y futuras investigaciones se sitúan en el centro del debate público, a la espera de que la comisión de investigación del accidente pueda esclarecer lo ocurrido.

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En este contexto, el especial informativo de Antena 3 contó con el testimonio de Manuel Domínguez, maquinista jubilado y profundo conocedor del tramo donde se produjo el accidente. Su intervención aportó una visión técnica basada en la experiencia y, además, reveló un dato poco conocido que pudo ser determinante para que el número de víctimas no fuera aún mayor.

Domínguez dejó claro desde el inicio que no tenía ninguna sospecha concreta sobre el origen del accidente y subrayó la necesidad de esperar a las conclusiones oficiales: "Es lo que se está diciendo en todos los medios: hay dos probabilidades de que sea la causa del accidente, una de ellas un defecto en la vía y otra un defecto en los elementos de rodadura del tren. No se sabe; será la comisión de investigación del accidente la que tendrá que investigarlo. Es raro, es extraño; tanto la vía como el tren eran nuevos".

Otro tramo bajo vigilancia

Sobre los avisos de maquinistas por las vibraciones en determinados tramos de la red ferroviaria, Domínguez fue tajante al referirse al punto exacto del accidente: "En ese tramo, por los contactos que yo mantengo —ya que me jubilé hace un año—, no he escuchado a nadie decir que hubiera vibraciones anormales".

No obstante, sí reconoció que existen otros tramos donde los profesionales han detectado vibraciones más intensas. "Sí que he escuchado que en el tramo comprendido entre Mejorada del Campo y Calatayud los compañeros se quejan de que se producen vibraciones. Esto no quiere decir que la vía esté mal o que pueda provocar un accidente, pero sí que las vibraciones son superiores, quizá porque tenga un desgaste mayor debido al tránsito de más trenes. Sé que los compañeros, por iniciativa propia, están rebajando la velocidad en ese tramo. Sobre todo, quienes más lo comentan son los compañeros que trabajan en la cafetería, ya que indican que los utensilios se mueven mucho".

El papel de las señales

El maquinista jubilado también explicó cómo actúan los sistemas de seguridad ferroviaria ante una posible rotura de la vía: "Si la rotura de la vía se produce antes de la llegada del tren, cuando un carril se rompe los circuitos eléctricos se interrumpen y las señales en ese punto se ponen en rojo, con lo cual todos los trenes que se acercaran al punto se habrían detenido y, en caso de tener que pasar por allí, lo habrían hecho en condiciones muy restrictivas".

"Es un circuito eléctrico que, en el momento en que el carril se rompe, hace que las señales pasen de permitir el paso a indicar parada. Eso se ve tanto en la señal como en el propio sistema informático que llevamos en la cabina, que avisa del punto de parada", explicó el experto.

Otro factor clave es la distancia necesaria para detener un tren a alta velocidad: "Para que el Alvia pudiera haber parado necesita unos dos kilómetros, ya que un tren que circula a 200 kilómetros por hora requiere esa distancia para detenerse completamente".

La fortuna dentro de la tragedia

Finalmente, Domínguez destacó un elemento que pudo salvar muchas vidas: "Dentro de la tragedia ha habido algo de fortuna: el tren que venía de Madrid llevaba la clase preferente en cabeza, en los coches primero y segundo, y la clase turista en los coches tercero y cuarto. Normalmente, los trenes salen de Madrid con los coches de turista en cabeza y el de preferente en cola. Esto significa que en los coches de turista viajan muchos más pasajeros que en los de preferente. Por tanto, si el tren hubiera venido de forma "normal", en lugar de viajar cincuenta y tantas personas en los coches 1 y 2 podrían haber ido entre 120 y 130 personas, con lo cual el número de víctimas habría sido mayor".

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