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El delirio físico de Mónica García: sus votantes son "átomos" de una "molécula" con hambre

Mónica García utiliza una metáfora pseudocientífica para definir la cohesión de la izquierda en torno a una supuesta "molécula de victoria".

Mónica García utiliza una metáfora pseudocientífica para definir la cohesión de la izquierda en torno a una supuesta "molécula de victoria".
Europa Press

La ministra de Sanidad, Mónica García, ha vuelto a recurrir a la retórica mística para explicar la cohesión de su espacio político. En un intento de dotar de épica a la confluencia de las izquierdas, la dirigente de Más Madrid ha abandonado el lenguaje administrativo para adentrarse en una interpretación muy personal de la física de partículas. Según la ministra, los integrantes de su movimiento son "átomos progresistas de izquierdas" que, mediante un proceso de agregación, terminan configurando una "molécula" dotada, según ella, de sentimientos y necesidades biológicas como el "hambre de victoria".

La médico y madre contra la tabla periódica

Resulta llamativo que una profesional de la medicina, que hace bandera de su formación técnica cada vez que sube a la tribuna, recurra a una analogía que desafía las leyes más elementales de la materia. En la naturaleza, los átomos se unen para alcanzar la estabilidad electrónica. La descripción de García, que atribuye a una estructura molecular la capacidad de tener "hambre" o voluntad política, supone un salto al vacío desde el rigor científico hacia el realismo mágico.

Metáforas para tapar la gestión

Esta nueva incursión en la lírica atómica parece una maniobra de distracción frente a los problemas reales que asolan su departamento. Mientras García se dedica a teorizar sobre la "agregación" de su electorado, el colectivo médico sigue denunciando que el Ministerio firma acuerdos a espaldas de los facultativos y la coherencia de su política sanitaria sigue bajo mínimos. La "molécula" de la ministra parece tener mucha hambre de victoria.

Un mensaje para el "microclima"

El uso de estos términos —"átomos", "moléculas", "transformación"— busca dar una pátina de modernidad intelectual a un proyecto político que, en la práctica, se limita a la agitación semántica. Al dotar a la izquierda de una supuesta naturaleza física superior, la ministra intenta blindar a su espacio frente a la crítica racional. Sin embargo, para los profesionales de la salud y la ciencia, la comparación no pasa de ser un eslogan publicitario que, bajo el microscopio de la realidad, carece de cualquier tipo de consistencia.

Electrones sin núcleo social

Más allá de sus pretensiones retóricas, si la ministra realmente quiere llevar el debate al terreno de la química, haría mejor en reconocer que su formación no actúa como una molécula cohesionada, sino más bien como un grupo de electrones deslocalizados. Partículas que vagan en una nube de abstracción, incapaces de encontrar ese núcleo que no es ni más ni menos que la sociedad real. Esa España donde vive la gente de a pie, que observa con perplejidad cómo sus responsables políticos se pierden en disquisiciones atómicas mientras son incapaces de ofrecer una gestión que los ciudadanos puedan percibir, siquiera, como materia sólida.

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