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Pablo Planas

Operación mártir culé

Hay un concurso de ideas en el independentismo para ver quien es más desagradable y más imbécil y las señoras Orriols y Nogueras van en cabeza.

Europa Press

El independentismo ha tenido un abrupto comienzo de Liga. Dos hechos han provocado una tremenda indignación en el catalanismo. Los medios afectos a la causa recogen que en el Metropolitano se escucharon gritos de "¡Puta Barça y puta Cataluña!" mientras que un aficionado culé fue aporreado y detenido en Elche tras provocar e intentar agredir a un policía que separaba a los ultras azulgranas de la afición local. Dada la natural tendencia del separatismo a llorar a moco tendido, eso del "puta Cataluña" les parece un insulto de una gravedad extrema. A ellos, sí, a los inventores del "puta España" como jovial saludo a la audiencia en los medios públicos de la región presidida por Salvador Illa.

Además, están que echan chispas por los ojos con la peripecia del joven culé al que se le fue la pinza en la previa del Elche-Barça del domingo. Los partidos y entidades separatistas están realmente convencidos de que cualquiera de los suyos puede hacer lo que le salga del níspero en relación con la Policía Nacional o la Guardia Civil, cuyos agentes están ahí puestos por el ayuntamiento para que los distinguidos socios y simpatizantes de los Boixos Nois o de la Penya Almogàvers les llamen hijos de puta, les escupan en la cara y les amenacen de muerte.

Pero no es exactamente así. El mundo todavía no es lo que pretenden que sea Pedro Sánchez y sus socios separatistas y proetarras. Se parece cada vez más, eso sí, como demuestra Ceuta. Sea como fuere y en Elche, un reducido número de agentes del Cuerpo Nacional de Policía actuaron con una paciencia franciscana frente a medio centenar de hinchas que en su gran mayoría habrían reventado el alcoholímetro. El típico ambiente de un día de partido, culés provocando a los aficionados locales aprovechando que son conducidos al estadio bajo protección policial. Las imágenes hablan por sí solas.

Al independentismo le vale cualquier cosa. De Sílvia Orriols a Míriam Nogueras, pasando por Puigdemont, todos los dirigentes se han pronunciado al respecto. El fútbol es una magnífica herramienta de manipulación masiva y estos personajes no han desaprovechado la ocasión para excitar los más bajos instintos de la hinchada culé. Nogueras ha llamado "animales" a los policías. En Junts están aterrorizados con el empuje de Sílvia Orriols y no saben cómo llamar la atención. "Animales", dice Nogueras. Orriols también ha metido cucharada para afirmar en X que "un menor català amb estelada els fa més por (miedo) que un menor il.legal amb antecedents i sarna. Potser hem sobrevalorat espanya...". Hay un concurso de ideas en el independentismo para ver quien es más desagradable, más ofensivo, más prepotente y más imbécil y las señoras Orriols y Nogueras van en cabeza. Que no sufran los separatistas, hay relevo para Puigdemont. Cualquiera de esas dos mujeres puede sucederle. A su lado, el expresidente catalán es un tipo tranquilo y fiable, un moderado.

Total, que no se pueden exhibir banderas de España en el estadio del Barça, pero el independentismo puede sacar a pasear sus trapos donde le rote. Que no se puede decir "puta Cataluña", pero sí "puta España". Que pitar el himno nacional y silbar al Rey es libertad de expresión, pero llamar "prófugo" a Puigdemont es cosificarle. Que ante el himno regional Los Segadores hay que ponerse de pie y cantar la letra pero que ante la Marcha Real hay que abuchear como si no hubiera un mañana.

La última hora es que la Policía Nacional abrirá una investigación sobre lo sucedido a petición del independentismo en pleno, de Junqueras a Puigdemont y de Nogueras a Orriols. La operación mártir culé está en marcha. El independentismo ha olido la debilidad del Estado en Ceuta y se viene arriba.

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