
Por escapar un poco del monotema y para poner en un contexto el anuncio de que Felipe VI viajará a Ceuta por primera vez desde su coronación el próximo 13 de octubre, un día después de la Fiesta de la Hispanidad, esta visita se puede valorar desde tres ejes.
El primero nos llevaría a analizar el actual estado de relaciones entre Zarzuela y Moncloa, que es obvio que no atraviesa lo que se dice un buen momento. En tiempos de Juan Carlos I, era curioso ver cómo el Rey parecía casi llevarse mejor con la izquierda que con la derecha. Esto se debía menos a su célebre carácter "campechano" que a una elemental cuestión de cálculo: la izquierda sería técnicamente más proclive que la derecha a cuestionar la monarquía y promover un cambio de régimen. Entonces, sería más inteligente atarlos en corto a ellos que a los otros.
Pero mucho ha llovido desde la Transición, y poco tiene que ver el actual PSOE con el que salió de Suresnes. Una visita de Felipe VI a Ceuta en este momento, que debería ser de rutina dadas las circunstancias, reviste ribetes de desafío, de vacío de poder —acaso de respeto— entre el jefe de Gobierno y el del Estado. Este no puede nunca desautorizar directamente al primero, ni siquiera a otros políticos. Aunque el discurso de Felipe VI el 3 de octubre del 2017 demuestra que siempre se pueden encontrar maneras institucionalmente impecables de hacer llegar el calor del Estado a aquellos ciudadanos que parecían dejados de la mano de todo lo demás. Felipe VI puede hacer por los ceutíes lo que hace nueve años hizo por todos los catalanes que no nos reconocíamos ni en la ferocidad guerracivilista del procés, ni en la tibieza de los que no les hacían frente, dejándonos a una mayoría de ciudadanos de Cataluña a la intemperie.
Desde el punto de vista geoestratégico, el tema también tiene miga. ¿Hasta qué punto que Felipe VI viaje a Ceuta es una provocación a Marruecos y a sus eventuales pretensiones sobre Ceuta y Melilla? Un dato del que pocos hablan, pero que merece ser analizado con atención: la Constitución marroquí encarga al soberano de ese país —al que no olvidemos que se supone descendiente de Mahoma— la defensa de las "fronteras auténticas" marroquíes. Toma ya. ¿Qué es una "frontera auténtica"? Eso recuerda al enrevesado lenguaje de esos independentistas catalanes para los que solo Cataluña es una nación y España no pasa de "Estado", que por no decir "hora española" por ejemplo cuando hablan de un lanzamiento de la NASA dicen "hora de aquí", etc. Si no puedes cambiar la realidad, cambia el lenguaje.
¿Es la Constitución marroquí abiertamente expansionista? Cuidado. Depende. Otra vez como en el caso de los independentistas catalanes, la ambigüedad manda. Hablar de "fronteras auténticas" sugiere que hay una aspiración territorial distinta de la jurídicamente consolidada. Implica no renunciar al Sáhara, ni a Ceuta y Melilla, por supuesto. ¿Hasta el punto de ir a la guerra, híbrida o de otro tipo, para intentar invadir todo sin más? Bueno, llegado ese punto, la Constitución de Marruecos tiene que equilibrarse con los tratados internacionales suscritos por el país y por la pura y dura correlación de fuerzas, que imponen cortarse un poco frente a los derechos de los países vecinos. Es decir: la aspiración de expansión sigue ahí, agazapada, pero se materializará o no según sean más propicias o adversas las condiciones.
Sin duda, Marruecos ha sido mucho más agresivo en el Sáhara de lo que lo era en Ceuta y Melilla, por lo menos hasta ahora. Pero no sería Marruecos si no durmiera siempre con un ojo abierto y una faca en el turbante. Si detecta la mínima debilidad, el mínimo titubeo, para dar rienda suelta a los sueños húmedos que se leen entre líneas de su Constitución, pues ya saben. Ho tornaran a fer.
Por eso es tan importante este viaje de los Reyes a Ceuta. Porque mientras no se demuestre o decida lo contrario, Ceuta y Melilla son ciudades españolas, donde viven muchos ciudadanos españoles con tanto derecho y tanta necesidad de protección del Estado como los catalanes no independentistas en 2017. Y sí, parece que en determinados momentos eso sólo lo puede garantizar un Rey.