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Un alcalde bueno

Todos los que le conocieron lamentan la muerte de José Ballesta, incluidos sus rivales políticos más encarnizados.

Todos los que le conocieron lamentan la muerte de José Ballesta, incluidos sus rivales políticos más encarnizados.
El salón de plenos del Ayuntamiento de Murcia ha abierto sus puertas para despedir a José Ballesta. | EFE

Hace bastantes años iba con mi hija pequeña y me crucé con José Ballesta en la puerta de El Corte Inglés, que es donde se encuentra todo el mundo en las ciudades donde están presentes esos grandes almacenes. Me saludó con afecto, me preguntó por la familia y me dijo que tenía una hija muy guapa. Hacía mucho que no hablábamos (él era entonces consejero del Gobierno de Ramón Luis Valcárcel), y no tenía ningún motivo para acordarse de mí ni para mostrarme ese afecto que, como entendí después, era su manera natural de estar en la vida.

Más tarde daría otro ejemplo extraordinario de contención y amabilidad, cuando un acuerdo entre Ciudadanos y el PSOE le arrebató la alcaldía a través de una moción de censura. La incompetencia y estolidez de los representantes del partido de Albert Rivera se dejó notar con toda intensidad desde el inicio de su mandato, con hazañas destacadas como la ausencia de la iluminación y el árbol de Navidad en Murcia en su primer año, porque no tramitaron a tiempo el contrato preceptivo. Ballesta asistía a los plenos y mostró siempre un respeto exquisito, para muchos de manera incomprensible. Pudo haber organizado la mundial y cobrarse cumplida venganza, pero guardó silencio en todo momento y les dejó trabajar… o lo que fuera que hiciera aquella coalición de perdedores. Nadie en su lugar hubiera actuado con tanta templanza.

Todos los que le conocieron lamentan su muerte, incluidos sus rivales políticos más encarnizados, que han destacado con emoción el trato personal que siempre les dispensó. Hasta Óscar Puente rindió homenaje al alcalde con unas palabras sentidas, lo que acota perfectamente la dimensión humana de Ballesta y la educación exquisita de la que siempre hizo gala en el trato con todos.

La gestión de José Ballesta al frente del consistorio murciano estuvo marcada por su deseo de proyectar a Murcia hacia el futuro, diseñando las grandes líneas maestras de una gran ciudad cuyas bases trató de dejar establecidas. La política de las cosas le interesaba menos y la dejaba en manos de su equipo. El resultado es el abandono sistemático de la inmensa área metropolitana de Murcia, con pedanías con más habitantes que algunas capitales de provincia que, todavía hoy, tienen que lidiar con un transporte lamentable y unos servicios públicos tercermundistas. No es lo que él exigía a sus colaboradores ni lo que los murcianos reclamaban. El próximo alcalde, que parece que no va a salir del actual ayuntamiento, tiene un amplio margen para mejorar.

José Ballesta murió el pasado domingo estando en el ejercicio de su cargo como alcalde de la séptima ciudad de España, desempeño que mantuvo hasta el último día que le permitió la enfermedad. Nadie sabe cómo será la Murcia de dentro de 20 años, pero si sigue el guion ambicioso que ha dejado escrito, a los murcianos no nos irá mal.

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