
La cifra del sanchismo, con su proyección de modernidad política e impronta feminista, es el ministro de Transportes y hombre fuerte del Gobierno y el PSOE retozando con dos samaritanas en un piso turístico, mientras el asesor graba los gemidos de la habitación y se los envía a su pareja para que vea lo duro que es su trabajo. Es difícil escandalizar a un portero de puticlub, si bien es cierto de que, en este caso, la sorpresa no proviene de los dudosos alardes amatorios de un personaje entrado en años y con principio de obesidad, sino del hecho de que un ministro se ponga en esa situación con la naturalidad con la que Ábalos gestionaba su cartera de piculinas.
Las declaraciones de Aldama, Ábalos y Koldo García en el Tribunal Supremo han arrojado poca luz sobre el primer escándalo del sanchismo que llega a los tribunales. Era lo esperado tratándose de tres personajes que, a los que peinamos canas, nos recuerdan a Luis Roldán (q.e.p.d,) o a Juan Guerra, dos grandes productos del golferío socialista, por la zafiedad con que han adornado sus corruptelas. El caso de Ábalos, por su tendencia al victimismo, adquiere un matiz particular por la manera en que se refirió a su presunta corrupción ante los magistrados que lo están juzgando.
¿Cuánto ha robado la "organización criminal" creada por este trío de ases? Se desconoce el dato, pero, a tenor de las cifras de negocio que manejan los investigadores, las coimas, por pequeñas que fueran porcentualmente, han debido dejar réditos importantes. José Luis Ábalos, sin embargo, no opina igual y considera que lo suyo es una cuestión ridícula, que no debería ocupar el tiempo de los jueces del Supremo por su escasa entidad.
94.000 euros tienen la culpa de todo, vino a decir Ábalos a preguntas del fiscal, lo que haría un total de 500 euros mensuales de corrupción. Una cosa ridícula. Una chorradita. Pero los delitos se juzgan por su propia naturaleza y no por los beneficios que producen al delincuente, una cuestión que solo se valora como agravante. El número dos del sanchismo podría haberse ahorrado el comentario, pero está obsesionado con dar pena a todo el mundo y eso puede volverse en su contra.
No hay nada más terrible que la sonrisa de un fiscal y del presidente del tribunal cuando el acusado trata de lucirse en la sala, como ha hecho el trío calavera desde el primer día en que empezó a deponer. Ábalos remató el juicio sugiriendo que su amor ha sido traicionado y que, si es corrupto, es solo un poquito. Lo van a crujir vivo. Entonces es cuando podrá empezar a decir de verdad.
