
Macarena Olona (Alicante, 1979) decidió hacer el Camino de Santiago en la catedral de Santa María la Antigua de Panamá, estando postrada ante una talla del Apóstol. Recomienda con efervescencia una experiencia espiritual que, en su opinión, hay que vivir para poder explicarla y entenderla. Sobre su peregrinación política, sin embargo, se muestra menos entusiasmada: la abogada del Estado, exportavoz y ex secretaria general de Vox en el Congreso y excandidata por el partido de Abascal a la presidencia de la Junta de Andalucía subraya en LD que se siente privilegiada por haber dado "voz al pueblo español", pero también dice que el poder es una "trituradora de personas" y que "la política es traición". Conversamos en el Café Varela, el parnaso culinario de Melquíades Álvarez, con una mujer que no hace "supervivientes".
P: Señora Olona, ¿qué le aconsejaría a alguien que va a hacer el Camino de Santiago por vez primera?
R: Hazlo de la manera más humilde posible: hospedándote en los albergues donde tienes habitaciones con literas y baños compartidos…
P: ¿No hay riesgo de que le birlen a uno el móvil?
R: Mira, hay que vivir el camino para poder explicarlo y entenderlo. Hay tal sentimiento, ni siquiera religioso, sino espiritual, de conexión con uno mismo y con las personas que te rodean, aunque no las conozcas, que es lo que hace que la experiencia del Camino la puedas vivir tanto acompañado como solo. Primero, porque no te vas a encontrar solo, siempre tienes una mano que ayuda al peregrino en el Camino. Como te digo, compartí literas, compartí duchas… De los momentos más divertidos del Camino es cuando, a las seis de la mañana, iba a las duchas compartidas con la toallita. Había gente muy joven en esos albergues. "Olona, ¿eres tú?". Yo siempre respondía lo mismo: "No, a estas horas no soy yo. Necesito el primer café".

P: ¿Y qué regusto le queda de su peregrinación por el mundo de la política?
R: Creo que soy una privilegiada. Dar voz al pueblo español es un privilegio, y así entiendo yo el servicio público. Ahora he retomado mis responsabilidades como abogado del Estado en activo en la Audiencia Nacional, que es la plaza que tenía antes de entrar en política. Siempre tuve claro que mi paso por la política iba a ser transitorio. Nunca se lo escondí a Santiago ni al resto de personas que…
P: A Santiago Abascal, no al Apóstol.
R: Sí, sí. Por eso, para mí ha sido muy importante, durante mi etapa política, no perder el norte y reconocerme. Sabía que volvería al rigor de mi toga, que soy una política togada, y que debía mantener un nivel de rigor que, por desgracia, no es el que caracteriza a la política de hoy en día. Con esto no quiero decirte que lo haya conseguido siempre: difícil ser más crítico conmigo que yo misma.
P: Su última experiencia partidista fue con Caminando Juntos. ¿Le hubiera gustado caminar con más gente y más tiempo?
R: Caminando Juntos es fruto de la vocación de servicio público y del dolor que siento por España. En estas elecciones europeas, celebradas en el día de ayer (la entrevista se hizo el 10 de junio), han concurrido 39 candidaturas de partidos y/o coaliciones. Únicamente han obtenido escaño, de los 61 que se repartían, nueve partidos. Y la puerta europea, todos los politólogos coinciden, es la puerta de acceso más fácil para entrar en la política española. De hecho, todos los partidos que han irrumpido para romper el bipartidismo desde 2015 han utilizado las elecciones europeas para entrar en el ámbito político español. Si accedes al Parlamento Europeo, tienes unos beneficios económicos por escaño y un altavoz mediático que te permiten darte a conocer con mucho más sosiego de cara a las siguientes generales, que es lo que ya ha anticipado Alvise que quiere hacer, como ya hicieron Ciudadanos, Vox, Podemos…

P: Caminando Juntos.
R: Retornar a la política activa nunca estuvo en mi ánimo cuando di un paso al lado a finales de julio de 2022. Pero cuando el presidente Sánchez convocó las elecciones generales anticipadas, tuve que tomar una decisión. A mí, España me dolía como me duele hoy. Soy una persona con un capital político, es decir, que tiene en su mano, a diferencia de otras personas, la oportunidad de hacer algo por mejorar la vida de las personas. Para mí, el fracaso habría sido dejar que el miedo me paralizase. El miedo o mi zona de confort, puesto que, evidentemente, tengo una vida mucho más tranquila en el ámbito del servicio público desde la Abogacía del Estado… Te puedo decir una cosa: unas veces se gana y otras se aprende.
P: Antes había mencionado a Alvise Pérez. Sin el escaparate de las televisiones, los periódicos y las radios, ha obtenido tres eurodiputados y más de 800.000 votos. ¿Qué lectura hace de ello?
R: Para contestarte a esta pregunta, es bueno que antes te ponga en contexto. Alvise y yo somos amigos personales. Me separan grandes diferencias de él a nivel político, pero nuestro punto de unión ha sido uno, muy fuerte: la lucha contra la corrupción. Alvise no engaña a nadie: dice que no viene a cambiar el sistema, sino a reventarlo; en mi caso, soy una mujer de ley y orden. Conocí a Alvise en noviembre del 2018. Estaba sufriendo una situación muy complicada. Después de investigar durante diecisiete meses la corrupción en una sociedad pública del Estado: Mercasa. Hubo un cambio de presidencia con el cambio de Gobierno de España. Tuve que pedir amparo por mi vida en la Audiencia Nacional: de eso estamos hablando. El nuevo presidente, recién llegado al cargo, dos días antes de mi declaración ante la Audiencia Nacional para aportar el fruto de mi investigación, me comunica mi cese fulminante. Algo que no tenía ninguna lógica, salvo evitar mi declaración ante la audiencia. De repente, se hizo viral una publicación de Alvise, a quien yo no conocía, donde explicaba esto. No creo mentir ni exagerar si digo que eso me salvó la vida: al viralizarse esa publicación, Alvise consiguió que yo quedara protegida. Porque me hizo pública y era más difícil tocarme. Conseguí declarar ante la Audiencia Nacional. Estuve declarando durante un mes ante su señoría de la Mata para aportar el fruto objetivo de mi profunda investigación, que incluyó no solamente la sede nacional de Mercasa, sino las distintas delegaciones internacionales, entre ellas, la de Panamá. La primera vez que vi a Alvise fue en el Congreso de los Diputados, estando yo en Vox, y le di las gracias. Desconozco cuál era el motivo de la reunión de la cúpula, de la cual yo no formaba parte, y ahí estaba Alvise. Lo que yo te puedo decir es que Alvise ha tenido una relación muy, muy estrecha con Santiago Abascal.
P: Pero se acabó rompiendo.
R: Se rompió cuando, lealmente, Alvise, hace dos años, si mal no recuerdo, se reunió con Santiago en su casa y le dijo que iba a montar su propio partido, especialmente para combatir contra la corrupción. Santiago lo tomó como una tremenda deslealtad. Si, hasta ese momento, Santiago había dicho que Alvise era el mejor analista que él conocía de datos y números, cortó la relación por completo porque se sintió traicionado.
P: ¿Qué denota el resultado de SALF en las europeas?
R: Para mí, es el gran ganador de las elecciones europeas: ha tenido tres escaños, es una gesta histórica. Si hiciéramos la traslación de los votos obtenidos, más de 800.000, al Congreso de los Diputados, obtendría cinco escaños. Es algo extraordinario. Te puedo decir, Jesús, que desde que Alvise anunció que concurriría, me han parado personas de muy distinto signo y condición para decirme lo mismo: "Voy a votar por Alvise". En algunos casos, me decían: "Yo antes votaba a Vox porque estabas tú". Es un público muy heterogéneo y muy diverso. La campaña atroz y barriobajera que ha sufrido Alvise en estas pasadas elecciones europeas me ha parecido de una vileza moral extraordinaria. Se han atrevido a atacarle a nivel personal, poniendo el foco sobre sus familiares, sobre su padre y su hermano, que es guardia civil.

P: En la entrevista que usted concedió a Jordi Évole el año pasado, declaró que miembros de Vox se reunían "con periodistas y personas relevantes para decir que yo tengo problemas de salud mental y que estoy loca". ¿Lo siguen diciendo? ¿Quiénes? ¿A quiénes?
R: Todo lo que tenía que decir sobre Vox ya lo he dicho. Con una profunda lealtad hacia un proyecto por el que lo he dado todo. Y te puedo decir, con gran pesar, que si todo lo que tenía que decir sobre Vox lo he dicho, el tiempo ha demostrado que no me he equivocado. Recuerdo, en febrero de 2022, apenas dos meses antes de salir del Congreso para aterrizar en Andalucía, en las encuestas, a derecha y a izquierda, rozábamos los cien escaños. ¡Cien escaños! He formado parte y he contribuido a levantar un proyecto transversal con 52 diputados.
P: Señora Olona, transversal, transversal… más de media España ve o describe a Vox como un partido de "extrema derecha".
R: Tengo que diferenciar forzosamente. A mí me han llamado "facha" siendo abogado del Estado jefe en el País Vasco por defender a España. A mí me han llamado "nazi". Algo que, por supuesto, no me ha ofendido porque ni siquiera me daba por aludida. Era una indicación de partido el no entrar a debatir esas etiquetas. La lógica yo la compartía: si perdíamos el tiempo defendiéndonos a nosotros mismos, perdíamos ese tiempo para defender a los españoles. Si algo se está evidenciando es que el establishment va por un lado, e incluyo a los medios de comunicación, y la realidad de la calle va por otro. Mira: en las pasadas elecciones generales, 13 millones de franceses votaron a Le Pen; 7 millones de italianos votaron a Giorgia Meloni. ¡No se sostiene que haya 13 millones y 7 millones de ciudadanos con el brazo en alto por las calles de Francia e Italia, respectivamente! Como no se sostiene que 1,8 millones de españoles, que son los votantes de Vox, vayan con el brazo en alto. No se sostiene. Sin lugar a dudas, los nuevos aires que se respiran en Europa, que han supuesto un auge, en algunos casos, como primera fuerza, de las nuevas derechas, o derechas patrióticas, en toda Europa, salvo en España, se deben a que esa distancia entre el establishment y la calle es cada vez mayor. Y hay determinados movimientos que han surgido, que lo han entendido perfectamente, y que tienen en común, además, el poner la cuestión migratoria en el centro de su debate político.
P: Rebobinemos: desde la entrevista de Évole, ¿le siguen, hablando en plata, dando por saco algunos miembros de Vox?
R: No ha sido un proceso sencillo. (Piensa) Tenía claro que, para mi desgracia, simplemente, lo había visto primero. Cuando al año salió Iván (Espinosa de los Monteros), fue una confirmación mucho más pública: ya era imposible sostener el relato tergiversado que habían intentado difundir sobre mí para justificar lo que tenía poca justificación para nuestros votantes, que era mi salida. A la salida de Iván, le han seguido las salidas de otras figuras muy relevantes y muy queridas entre nuestro electorado: Sánchez del Real, Rubén Manso, el doctor Steegmann, a quien adoro…

P: Steegmann alegó que el partido se acercó al "distribucionismo, el estatalismo y el neofalangismo".
R: (Silencio) ¿A quién se escuchó, por primera vez en España, hablar de la deriva de Vox? A mí, en esa entrevista que mencionabas con Jordi Évole. Para mí no fue sencillo sentarme delante de él, pero la concedí como mecanismo de autodefensa. Y, pudiendo elegir a cualquier medio de comunicación español, lo digo con humildad, pero como un hecho objetivo, decidí darle la entrevista a Évole porque lo que necesitaba era una gran audiencia, y sabiendo que acudiendo a una entrevista con Évole, a porta gayola, ese objetivo lo iba a conseguir con más facilidad que acudiendo a otros programas, digamos, más amables. Cuando yo advertí que se había puesto toda una maquinaria contra mí por parte de mi expartido para intentar derribarme por tierra, mar y aire, tuve que defenderme. Si recuerdas, durante los primeros meses, mis únicas declaraciones fueron: "Mi lealtad hacia los españoles incluye mi silencio sobre cuestiones internas de Vox". Diseñé una estrategia que pasaba por esa entrevista como primera acción. Y, como segunda acción, publicar un libro, que salió en octubre del año pasado.
P: Si yo le digo El Yunque, usted me dice…
R: Oscuridad.
P: Dígame algo más…
R: No. Hay determinadas cuestiones sobre las que, intencionadamente, he mantenido silencio. Y lo voy a seguir manteniendo mientras no me obliguen a… a tener que hablar. No solamente sobre este tema.
P: Pasemos, señora Olona, al cuestionario base. ¿Qué es, para usted, un hombre poderoso/una mujer poderosa?
R: ¿En el ámbito de la política? Porque poderosa es mi madre, por ejemplo.
P: Hablemos del poder canónico.
R: Un hombre poderoso que he conocido recientemente es el presidente Bukele. He tenido el honor en la toma de posesión del presidente Bukele en El Salvador y luego estuve en Panamá donde, Dios mediante, el próximo 1 de julio asistiré a la toma de posesión del nuevo presidente Mulino. Por cierto, mis gastos me los pago yo y no percibo ningún tipo de retribución. La cuestión es que el presidente Bukele es un hombre poderoso e inspirador para mí. El modelo Bukele de seguridad, que es un modelo que no se puede aplicar en España, porque nuestras realidades nacionales son muy distintas, sí que tiene algo que para mí es inspirador y que quiero para mi país, y es colocar la seguridad en el centro de las políticas públicas. Porque considero que cuando amas, proteges. Yo amo a mi niña de cuatro años, y mi instinto, por encima de todo, es protector. Cuando he dado voz al pueblo español, lo he hecho desde el profundo amor. Y como amo al pueblo, quiero protegerlo. ¿Qué significa esto? Si quieres proteger a tu pueblo, tienes que proteger a tus perros pastores.
P: El poder oficial, no el de su madre, ¿corrompe o, más bien, se limita a extraer la esencia de cada individuo?
R: Creo que la política no es muy distinta de cualquier otro tipo de organización humana. A la política hay que ir con una vocación de servicio público. Hay que ir a servir y no a servirse. Para eso, hay algo que es esencial: para mandar sobre tus principios, tienes que tener resuelta tu vida fuera de la política, tus garbanzos asegurados fuera de la política. Pero si, como ocurre con el 90% de nuestros políticos, y creo que me quedo corta, se han dedicado a mamar de la teta pública, me da igual si autonómica, estatal o local, y antes, a ir con el carné entre los dientes y a pegar carteles, es decir, que no tienen donde caerse muertos si dejan la política, tenemos lo que tenemos en la actualidad: militancias puras y duras de políticos que no pueden permitirse el poner sus principios por delante del dictado del partido de turno. El último ejemplo es el de la amnistía: los mismos políticos socialistas que, hace cuatro meses, seguían la consigna de que la amnistía era inconstitucional, hace dos días votaban a favor de la misma.

P: ¿El poder coloca?
R: Eso dicen… Que una vez que pruebas la política, es como un veneno que no puede salir de tus venas. Creo que es mucho más fácil que coloque y deslumbre a quien no se ha subido en su vida en un coche oficial que a quien ha tenido oportunidad de ocupar puestos de responsabilidad. No políticos, sino técnicos.
P: ¿Y cómo es su resaca?
R: ¡Uff, es una trituradora de personas! A mí hay gente que no me reconoce por cómo me ha cambiado la cara. Yo no me di cuenta del proceso de polarización, del que fui agente activo, que sufrí estando en el Congreso… hasta el punto de hacer suave a Santiago Abascal. Yo no recibí ninguna consigna, eh, para que esto tuviera lugar, pero hay algo que es innato a mí: yo no hago supervivientes. No los hago en tribunales, no los hago en mesas de contertulios, y no los hice en el Congreso de los Diputados. Pero es un proceso que, estando dentro, sólo me di cuenta del ambiente irrespirable del Congreso cuando llegué al Parlamento andaluz, un diputado socialista me sonrió y me saludó, y yo me di la vuelta porque creí que era imposible que me estuviera saludando a mí. Cuando me di cuenta de que me estaba saludando a mí, fue como: "¿Pero qué es esto?".
P: ¿El poder es desagradecido?
R: La política es traición. Te voy a confesar otra cosa, espero que no se moleste Alvise: cuando Santiago Abascal me dijo que se valoraba mi candidatura internamente para concurrir como candidata, valga la redundancia, a las elecciones andaluzas, Alvise me dijo, con nombres y apellidos, a qué respondía esa operación. No le creí. No es que no le creyera, Jesús, es que no quise creerle: asumir y aceptar lo que me estaba diciendo significaba asumir que me estaban traicionando personas a las que yo llamaba "familia". Yo estaba preparada… No es que estuviera preparada, es que yo luchaba como una leona para parar los golpes que venían de enfrente. Lo único que me podía hacer besar la lona era un golpe a traición, como así fue, finalmente. Tras recibir ese golpe, yo me desestabilicé. Supongo que es algo muy parecido a cuando tienes una decepción sentimental. Nadie quiere aceptar que le ponen los cuernos.
P: Y, para acabar: si el poder te mata, ¿es posible resucitar?
R: Un dirigente muy importante del PP que me quiere mucho, no voy a decir el nombre, en su momento, en el año 2021, me dijo que seguía mi trayectoria, que me admiraba mucho, que siguiese luchando y que recordase que en política sólo hay una cosa importante: no bajarte de la noria. Yo decidí bajarme de la noria por principios y por lealtad. ¿Te puedes volver a subir a la noria una vez que la abandonas? La vida es la hostia.
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