
La debacle del PSOE en Aragón no es solo una mala noche electoral más en el calendario autonómico. Es, sobre todo, un síntoma. Un aviso serio para la estrategia de Pedro Sánchez, que había convertido estos comicios en un banco de pruebas para su apuesta de trasladar el peso del Gobierno a la arena territorial mediante candidaturas ministeriales. La candidatura de Pilar Alegría, pensada como un revulsivo y una garantía de solvencia, se ha topado con el rechazo de los votantes aragoneses. En Ferraz no hay autocrítica y se ciñen a decir que Alegría "no ha tenido tiempo para consolidar su candidatura".
Alegría no solo no ha logrado movilizar al electorado progresista, sino que ha profundizado el desgaste del partido en una comunidad donde el PSOE ya venía mostrando signos de deterioro. El catastrófico resultado en Aragón confirma la tendencia y reafirma que el PSOE sufre una quiebra acumulada tras ocho años en el Gobierno Central. Las candidaturas ministeriales no logran generar arraigo y refuerzan la sensación de ciclo político adverso para los socialistas.
Aragón se suma así a la lista de territorios en los que el socialismo continúa retrocediendo, mientras el PP consolida su posición y Vox duplica su resultado. Sin embargo, fuentes socialistas insisten en no interpretar estos datos en clave nacional, como ya hicieron tras los comicios en Extremadura, y sostienen que "la gente vota muy diferente en lo autonómico que en lo nacional". Añaden, además, que este resultado, y la posibilidad de que un escenario similar se repita en Castilla y León y Andalucía, "no perjudica a Pedro Sánchez".
Desde el PSOE defienden que estos ciclos electorales, en los que el Partido Popular depende en mayor medida de Vox para gobernar, juegan a su favor de cara a las elecciones generales previstas para 2027 y no dejan de verse fuertes para entonces.

